Chapter 8
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64 Vida , ascendencia i crianza , ó^c. valedores , y con el atraso de sus conveniencias, y otros daños desgraciadamente molestos á la quietud y á la re- putación. A mí por mas desvalido , por mas mozo ó por mas inquietó, me tocaron (además de otros disgus- tos ) seis meses de prisión , padeciendo por el antojo de un Juez mal informado , los primeros dos meses tristísi- mámente en la cárcel , y los otros quatro con mucha alegría , sobrada comodidad , crecido regalo, y prove- %choso entretenimiento en el Convento deS. Estevan del Gloriosísimo Santo Domingo de Guzman. El motivo fué , haber hecho caso de una necia y mentirosa voz (sin poderse descubrir la voraz boca por donde habia salido ) que me acusaba autor de unas sátiras , que se extendiéron en varias coplas : y su argumento era herir á los que votaron en favor de la dicha alternativa. En los seis meses de prisión , se informó el Real Consejo con exquisita diligencia y madurez de todos los sucesos de este caso ; y después de examinada una gran muchedum- bre de testigos , y de un largo reconocimiento de letras y papeles , encontró con la tropelía anticipada del Juez, y con él la escondida verdad de mi inocencia. Salí por Real Decreto libre , y sin costas, añadiéndome por pie- dad , ó por satisfacción, la honra de que fuese Vice-Rec- ^ tor de la Universidad todo el tiempo que faltaba , hasta la nueva elección por San Lucas. Así lo practiqué , é hi- ce todos los oficios pertenecientes al Rectorato , con gusto de pocos, y especial congoja y resentimiento de muchos. No quiero descubrir mas los secretos de esta aventura , porque viven hoy infinitos interesados , á quienes puede producir algún enojo la dilatada relación de este suceso.
La caudalosa conjuración que corrió contra mí des- pués de este ruidoso caso , y las dificultades que puso á
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mis conveniencias la astucia revoltosa de los que ponde- raban con demasiada fuerza los ímpetus de mi mocedad, y los disculpables verdores de mi espíritu , me hiciéron segunda vez. insolente , libre y desvergonzado, en vez de darme conformidad, sufrimiento , temor y emienda venturosa. Enojado con aspereza de las imprudentes correcciones , del odio mal fingido , y de las perniciosas amenazas de aquellos repotentes varones , que se sue- ñan con facultades para atajar y destruir las venturas de los pretendientes , di en el mal propósito de burlar- me de su. respeto, de reirme de sus promesas, y de abandonar sus esperanzas. Di finalmente en la extrema- da locura de fiar de mí , y aburrir á éstas , y á toda es- pecie.de. personas. Volvíme loco rematado y festivo, perQinajda perjudicial porque nunca me acometió mas furias que la'hianía de zumbarme de la severidad que afectaban unos , de la presunción con que vivian otros, y de los poderes y estimaciones con que sostienen mu- chos, las.re verendas que ño merecen. Neguéme á la so- licitud de los Beneficios , Capellanías y asistencias , por no pasar por las importunidades y sonrojos de las pre- tensiones ; derrenegué de las Cátedras y íos Grados; y absolutamente de todo empleo , sujeción y destino , de- liberado á. vivir y comer de las resultas de mis misera- bles. tareas y trabajos. Los despropósitos y necedades que haria un mozo zumbón de achacoso seso , desemba- itazado, robusto, sin miedo ni vergüenza, y sin ansia aí'pedir ni á pretender , se las puede pintar el que va le- yendo Irporque yo, contemplo algunos peligros en las individuales relaciones además de que ya se me han es- capado de la memoria los raros lances de aquella alegre temporada. Ahora me acuerdo , que saliendo una tar- de del General de Teología abochonardo de argüir un Parte L ' I Re-
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Reverendo Padre y Doctor, á quien yo miraba con algún enfado , porque era el que ménos motivo tenia para ser mi desafecto , le dixe : Y bien y Reverendísimo y ’^es ya Lu-‘ men glori¿e tota ratio agendi y ó no} ¿Dexáron decidida las patadas y las voces esa viejísima question? Vaya norama- la (me respondió) que es un loco. Todos somos locos (acu- dí yo) Reverendísimo', los tinos por adentroy y los otros por afuera. JÍ. V. Reverendísima le ha tocado ser loco por la parte de adentrOyy d mí por la de afuera', y solo nos diferen- ciamos en que V. Reverendísima es maniático y triste y me- surado y y yo soy delirante de gresca y tararira. Volvió á reprehender con prisa, y con enojo mi descompostura j y miéntras su Reverendísima se desgañitaba con desentona- dos gritos, estaba yo anudando en los pulgares unas cas- tañuelas con bastante disimulo debaxo de mi roto man- téo ; y sin hablarle palabra , lo empezó á baylar, soltan- do en torno de él una alegrísima furia de pernadas. Fui- mos disparados bastante trecho , él menudeando la gri- tería con rabiosas circunspecciones , y yo deshaciéndo- me en mudanzas y castañetazos , hasta que se acorraló en otro General de las Escuelas menores , que por ca- sualidad encontró abierto. Allí lo dexé aburrido y es- candalizado, y yo marché con mi locura acuestas á pen- sar en otros delirios , en los que (por algunos meses) an- duve exercitado , y exercitando á todos la paciencia.
De esta burlona casta eran las travesuras con que m^ entretenía, y me vengaba del aborrecimiento y entereza de mis enemigos: y ya cansado de ser loco, y lo princi- pal, añigido de ver á mis padres en desdichada miseria, y acongojados con la poca esperanza de la corrección de mi indómito juicio, y mis malas costumbres, determiné de- xar para siempre á Salamanca , y buscar en Madrid me- jor opinión, mas quietud, y el remedio para la pobreza de
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mi casa. Omito referir la fundación y extravagancias del Colegio del Cuerno , porcjue no son para puestas al público tales locuras. Solo diré , que esta ridicula trave- sura dio que reir en Salamanca y fuera de ella: porque los Colegiales eran diez ó doce mozos escogidos , in- geniosos, traviesos y dedicados á toda huelga y habili- dad. Los Estatutos de esta agudísima Congregación es- tan impresos. El que los pueda descubrir , tendrá que admirar : porque sus ordenanzas , aunque poco pruden- tes , son útiles , entretenidas y graciosas. Hoy viven to- davía dos Colegiales , que después lo fuéron Mayores, y hoy son sabios , astutos y desinteresados Ministros del Rey. Otro está siendo exemplar de virtud en una de las Cartuxas de España. Otro pasó al Japón con la ropa de la Compañía de Jesús : seis han muerto dichosamen- te corregidos \ y yo solo he quedado por único índice de aquella locura , casi tan loco y delinqüente como en aquellos disculpables años. Omito también las narracio- nes de otros enredos y delirios : porque para su exten- sión se necesitan largos tomos , y crecida fecundidad ; y paso a referir , que dexéá mi patria, saliendo de ella sin mas equipages , que un vestido decente , y sin mas tren que un borrico que me alquiló por pocos quartos un arriero de Negrilla. Entré en Madrid , y como en pueblo que habia ya conocido otra vez , no tuve que preguntar por la posada de los que llevan poco dinero. Acomodéme los tres ó quatro dias primeros entre las xalmas del borrico en el Mesón de la Media Luna de la calle de Alcalá, que fué el paradero de mi conductor; y en este tiempo hice las diligencias de encontrar casa, y planté mi rancho en el escondite de uno de los casa- rones de la calle de la Paloma. Alquilé media cama, compré un candelero de barro , y una vela de sebo , que
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me duró mas de seis meses ; porque las mas noches me acostaba á obscuras, v la vez que la encendía, me alum- braba tan brevemente, que mas parecía luz de relám- pago , que iluminación de artificial candela. Añadí á es- tos ajuares un puchero de Alcorcon , y un cántaro , que llenaba de agua entie gallos y media noche en la íuen-, te mas vecina ; y un par de cuencas , que las arrebaña- ba con tal detención la vez que comía , que jamas fue necesario lavarlas ; y éste era todo mi vasar : porque las demas diligencias las hacia a pulso , y en el primer rin- cón donde me agarraba la necesidad. No obstante esta-- desdichada miseria , vivía con algún aseo y limpieza: porque en un pilón común , que tenia la casa para los demas vecinos , lavaba de quatro en quatro dias la ca- misa , y me plantaba en la calle tan remilgado y sacu- dido , que me equivocaba con los que tenían dos mil ducados de renta. Padecí ( bendito sea Dios) unas hor- ribles hambres , tanto, que alguna vez me desmayó la flaqueza ; y me tenia tan corrido y acobardado la ne- cesidad , que nunca me atreví á ponerme delante de quien pudiese remediar los ansiones de mi estómago. Huia á las horas del comer y del cenar de las casas en donde tenia ganado el conocimiento, y grangeada la es- timación ; porque concebia que era ignominia escanda- losa ponerme hambriento delante de sus mesas. Yo no sé si esto era soberbia , ú honradez : lo que puedo asegu- rar es , que de honrado ó de soberbio me vímruchas veces en los brazos de la muerte. ‘ ^
Una de las primeras habitaciones, y la 'de mí mayor confianza y veneración que traté en Madrid , fué la de Don Bartolomé .Barban de Castro , hoy Contador mayor de Millones. En.ésta haciah una tertulia virtuo- sa y alegre los criados del Excelentísimo Señor Duque 'í'T. de
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de Veraguas, y otros prudentes y devotos sujetos , de los que fui tomando la doctrina de aborrecer el mal há- bito-de mis locuras y desen&dos. Aseguraba en esta ca- sa en el agasajo de la tarde la xícara de chocolate , y me servia de alimento de todo el dia : y con este socorro , y el que hallé después en. casa de Don Agustín González, Méttico de la'ileai 'Eamiliá.*, que fué el desayuno de la mañana'?^ pasé'al'gun.tiempo.sin especial molestia las ra- biosas escaseces en que me habla puesto mi maldita te- meridad. Aconsejóme este famoso Físico , viéndome va- go , y -sió ocupación.* alguna', que estudiase Medicina : y condescendiendo.á sucariñcso aviso , madrugaba á es- tudiar , y á comer ensu casa ; porque á la mia el pan y los libros se asomaban muy pocas veces. Estudié las de- finiciones Médicas ,• los signos , causas y pronósticos de las enfermedades,, según las pinta el sistema antiguo, por un Compendio del Doctor Christóbal de Herrera. Parlaba de las especulaciones queleia con mi Maestro; y desde su boca , después que recogía en la conferencia lo mas escogida de su explicación , partía al Hospital, y buscaba en las camas, el enfermo sobre quien habia re- cargado* aquel dia mi estudio y su cuidado. De este mo- do , y conduciendo de caritativo ó de curioso el barre- ñon de sangrar de cama en cama, y observando.los ges- tos de los dolientes , salí Medico en treinta días ; que tanto tardé en poner en mi memoria todo el Arte del Se- ñor Christóbal. Leí por Francisco Cipeyo el sistema re- ciente : y creo que lo penetré con mas felicidad que los Doctores que se llaman modernos. Porque para la inie- iigencia de esta pintura es indispensable un conocimien- to práctico de la Geometría , y de sus figuras ; y ésta la ignoran todos los Médicos de España. Llámanse mo- dernos entre los ignorantes ; y han podido persuadir,
que
JO Vida , ascendencia , crianza , ^'C.
que conocen el semblante de esta ingeniosidad , sin mas diligencia que trasladar el Recetario de los Autores nuevos. El que pensare que escribo sin justicia , hable ó escriba , que yo le demostraré esta innegable verdad. El saber yo la Medicina , y haberme hecho cargo de sus obligaciones , poco fruto , y mucha falibilidad , me asus- tó tanto , que hice promesa á Dios de no practicarla , si no es en los lances de la necesidad , y en los casos que juré quando recibí el Grado y el exámen. Solo profe- san la Medicina los que no la conocen , ni la saben , ó los que hacen ganancia y mercancía de sus Récipes. Es- to parece sátira , y es verdad tan acreditada , que tiene por testigos á todos , y los mismos que comen de esta dichosa y facilísima Ciencia. Con los socorros diarios de estas dos casas , y con la amistad de un Bordador, que me permitía bordar en su obrador gorros , chinelas , y otras baratijas , que se despachaban á los primeros pre- cios en una tienda portátil de la Puerta del Sol , vivia mal comido ; pero juntaba para calzar un par de zapa- tos , y ponerme unos decentes calzones , y alguna chu- pa sacada del portal del Mercader. Entre las amistades de este tiempo gané la piedad de Don Jacobo de Flon, el que se inclinó á mí , con el motivo de hablarme , y verme exercitar algunas habilidades en una concurren- cia , donde por casualidad nos juntamos. Ofrecióme su poder, y agradecido y deseoso de que mis padres tuvie- sen por mi mano algún alivio en sus repetidas desgracias, le rogué que se acordase de ellos , y que no se lastima- se de mis miserias , que yo era mozo , y podia resistir los ceños de la fortuna , y que la vejez de los que me criáron no tenia armas con que contrarestar sus impie- dades. Movido de la lástima , y de mis honradas súpli- cas , me dió la patente de Visitador del Tabaco de Sala-
man-
. d^l Doctor Don Diego de Torres. 71 manca , que dexo dicha en el resumen de la vida de mi padre ; y en ella todos mis consuelos , descuidos y venturas.
^ Ya mi inconstancia me traia con la imaginación in- quieta y cavilosa , trazando artificios para buscar nue- vas tareas , entretenimientos y destino. Pensaba unas veces en retirarme de la Corte á ver mundo , otras en meterme Frayle, y algunas en volverme á mi casa. Re- volvióme los cascos, y puso á mi cabeza de peor condi-: don la compañía de un Clérigo Burgalés , tan buen Sa- cerdote, que empleaba los ratos ociosos en introducir tabaco , azúcar , y otros géneros prohibidos ; y oliendo éste , que mi docilidad estaria pronta para seguir sus ries- gos , aventuras y despropósitos , me aconsejó que lo acompañase á sus ociosidades y entretenimientos , ofre- ciendo, que me darla una mitad de las ganancias ; y pa- ra salir de Madrid armas, caballo y capotillo. Yo, sin pararme en considerar el extravío , el riesgo y el fin , le solté la palabra de seguirle , ayudarle y exponer mi vida á las inclemencias , rigores y tropelías,’ que forzo- samente se siguen á tan estragado despeño. La miseri- cordia de Dios, que la usa con los mas rebeldes á sus avisos í, estorvó tan infame determinación , apartando mi vida de los insolentes. riesgos en que la quiso poner mi loco despecho , y maldita docilidad. Por el medio mas raro y estupendo que es imaginable , me libró su Magestad de las Galeras , de un balazo , de la Cárcel per- pétua , del Presidio ó del Castillo de San Antón, adonde fué á parar mi devoto Burgalés. ¡Bendita sea su benigni- dad y su paciencia! Escribirélo con la brevedad posible, porque es el caso ménos impertinente de esta historia.
Ya estaba yo puesto de xácaro , vestido de baladrón, y rebentando de Ganchoso , esperando con necias ansias
el
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el día en que habla de partir, cjon nii.'Cléíigo G^rttrííiran.-t dista á la solicitud de unas GaJeras en la horca , en vez de unos talegos de tabaco , que ( según nae dixo.) ' hablamos de transportar desde. Burgos- á'Madrid , sin li- cencia del Rey, sus Zeladores, nr Ministros ; y, una^tarde muy cercana al dia de nuestra delinqüente resolución encontré en la Calle de Atocha á Don Julián Casquero, Capellán de la Excelentísima Señora Condesa- de los Ar- cos. Venia éste en busca mía sin color en el rostro, poseí- do del espanto, y lleno de una horrorosa cobardía. Esta- ba el hombre tan trémulo, ‘tan pagizo y tan arrebatado^ como si se le hubiese aparecido alguna cosa sobrenatural; Balbuciente, y con las voces lánguidas y .roías . en ade- man de enfermo que habla cpjífebifiio dctla caJ^t^raj^ me dio á entender , que .me. venía buscando .para :que aquella noche .acompañase á la 'Señora Condesa , que yacía horriblemente atribulada con la novedad de un tremendo y extraño ruido , que tres nóches antes había resonado en todos los cenü'os y!‘extremldadésde.las';pie•• zas dé la casa. Ponderóme el tristísimo pavor ique pader cian todas'las criadas y criados; y añadió , que su Ama tendría mucho consuelo y serenidad en verme ,.,.y en que la acompañase en aquella. insoportable confusión y tumultuosa angustia. Prometí iriá fresar sus 'plesi, suma- mente alegre ; porque el padecer yo el miedo'. y ,laf:úr- bacion , era dudoso , y de cierto aseguraba una buena cena aquella noche. Llegó la hora ; fui i la casa , en- tráronme hasta el Gabinete de su Excelencia , en donde la hallé afligida , pavorosa , y rodeada de sus asisten- tas , todas tan pálidas , inmobles , y muchas que parecían estatuas. Procuré apartar con la rudeza y desenfado de mis expresiones , el asombro que se les había metido en el espíritu : ofrecí rondar los escondites mas ocultos ; y
