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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 7

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ceros;y venerólos conjuros conque la Santa Madre I^gle- sia espanta y castiga á los diablos y los espíritus ; f todo me sirve para creer algo, disputar poco, y no temer nada.
En el gremio de los vivientes no encuentro tampo- co espantajo que me asuste. Los xácaros de capotillo y guadaxeño; y el Zuizo con los vigotones , el sable y las pistolas , son hombres con miedo j y el que justamen- te presumo en ellos , me quita á mí el que me pudieran persuadir sus apatuscos , sus armas y sus juramentos. Los murmuradores, los maldicientes y los satíricos, que son los gigantones que aterrorizan los ánimos mas constan- tes , son la chanza , la irrisión , y el entretenimiento de mi desengaño y de mi gusto. El mayor mal que estos pueden hacer es, hablar infamemente de la persona , y las costumbres; esta diligencia la he hecho yo repetidas veces contra mí y con ellos , y no he conocido la menor molestia en el espíritu : y^ después de tantas blasfemias, injurias y maldiciones , me ha quedado sana la estima- ción; tengo , bendito sea Dios, mis piernas y mis bra- zos enteros y verdaderos : no me han quitado nunca la gana del comer , ni la renta para comprarlo ; con que es disparate y necedad acoquinada vivir temiendo á se- mejantes fantasmones. En la cofradía de los ladrones que es dilatadísima, hay muchos á quien temer; peno anda regularmente errado el temor; de modo que es- tamos metidos entre las ladroneras , y tenemos miedo á los lugares en que no hay robos , ni á quien ro- bar. En los caminos , en los montes , y en los des- poblados habita todo nuestro espanto y nuestro mie- do, y allí no hay que hurtar, ni quien hurte. Yo he rodado mucha parte de Francia , todo Portugal, lu mas de España , y cada mes paso los Puertos de de Guadarrama y la Fonfria y hasta ahora no he tro-
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pezado un ladrón. Algunos hurtos veniales suceden en los montes ; pero los granados , los sacrilegos , y los mas copiosos se hacen en las poblaciones ricas , que en ellas están los bienes y los ladrones : á los pocos que ruedan los caminos , y á los muchos que traginan en las Ciudades, jamas los temí: porque Astrólogo ninguno ha perecido en sus manos , ni hay exemplar de que se les antoje acometer á gente tan pelona. Finalmente digo con ingenuidad , que no conozco al miedo ; y que esta serenidad no es bizarría del corazón , ni atrevimiento del ánimo , sino es desengaño, y poca credulidad en las relaciones y los sucesos , y mucha confianza en Dios, que no permite que los diablos , ni los hombres se bur- len tan á todo trapo de las criaturas. Los que producen en mi espirita un temor ^rabioso entre susto y asco , en- ojo y fastidio, son los. hipócritas, los avaros, los Alguaci- les , muchos Médicos , algunos Letrados y todos Jos Co- madrones ; siempre que los veo me santiguo , los dexo pasar , y al instante se me pasa el susto y el temor. Con estas individualidades , y las que dexo descubiertas en los sucesos pasados, y las que ocurrirán en adelante, me parece que hago visible el plan de mi genio. Ahora diré brevemente del ingenio , que también es pieza indis- pensable en esta vida.
Mi ingenio no es malo ; porque tiene un mediano discernimiento , mucha malicia , sobrada copia , bastan- te claridad , mañosa penetración , y una aptitud general- mente proporcionada al conocimiento de lo liberal, y lo mecánico. Aunque han salido al público tantas obras que pudieran haber demostrado con mas fidelidad lo rudo ó lo discreto , lo gracioso ó lo infeliz de mi inge- nio , es rara la que puede dar verdaderas y cumplidas señales de su entereza , de su bondad , de su miseria ó
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de su abundancia ; porque todas están escritas sin gusto, con poco asiento , con algún enfado y con precipitación desaliñada. Yo bien sé que alcanzo mas, y discurra mejor que lo que dexa escrito ; y que si mi genio hubie- ra tenido mas codicia á los intereses , mas estimación á la fama , ó lo que se dice Aura popula r-; y si mi pobre- za no hubiera sido tan pórfida y revoltosa , serian mis papeles mas limpios , mas doctrinales , mas ingeniosos y mas apetecibles. Atropelladas saliéron siempre mis obras desde mi bufete á las Imprentas ; y jamas corregí pliego alguno de los que me volvían los Impresores , con que todos se pasean rodeados de sus yerros y mis descuidos. Yo los aborrezco , porque los conozco; y si hoy me fuese posible recogerlos , los entregarla gustosamente al fuego, por no dexar en el mundo tantos testigos de mi pereza y de mi ignorancia , y tantas señales de mi locu- ra , altanería , y extravagante condición. Solo me con- suela en esta aflicción , en que espero morir , la inocen- cia de mis disparates ; pues aunque son soberbios, y po- derosamente plenarios , parece que no son perjudiciales, quando la vigilancia del Santo Tribunal , y el desvelo de los Reales Ministros los ha permitido correr por to- das partes , sin haber padecido ellos la mas pequeña de- tención , ni yo la mas mínima advertencia. Doy gracias á Dios, que habiendo sido tan loco , que me arrojé á es- cribir en las materias mas sagradas y mas peligrosas ; y profesando una facultad que vive tan vecina de las su- persticiones , no me despeñaron mis atrevimientos en las desgraciadas honduras de la infidelidad , la ignoran- cia , ó el extravío de los preceptos de Dios , de las Or- denanzas del Rey , y de los establecimientos de la po- lítica y la naturaleza. Todo lo debo á su Magestad , y al respeto con que he mirado á sus substitutos en la tier- Parte L H ra.
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ra. Basta de ingenio , y volvamos á atar el hilo de las principales narraciones.
Dexé esta ridicula historia en el lance de la vuelta de Portugal á Salamanca ; y prosigo afirmando , que volví ménos crédulo , y ménos obediente á los fáciles, é infelices consejos de la juventud , y mas medroso de las calamidades que se expone á padecer el que se entrega á los derrumbaderos de su ignorante y antojadiza ima- ginación. Pasaba en casa de mis padres la vida , escon- dido y retirado muchas horas , sin padecer resentimien- to alguno en el ánimo , ni con la mudanza á la recien- te quietud , ni con la memoria de mis alegres travesu- ras. Insensiblemente me hallé aborreciendo las fatigas de la ociosidad , y muy mejorado en el uso y descom- postura de las huelgas y las diversiones ; porque asistía solamente á los festejos de las personas de distinción y de juicio ; y baylaba en los saraos y concursos que dis- ponía el motivo honesto , y la celebridad prudente, graciosa y comedida. Ajustaba en ellos mis acciones a una severidad agradable , de modo que se conociese que mi asistencia tenia mas de civilidad y de política, que de esparcimiento grosero y voluntario. Di en el es- traño delirio de leer en las facultades mas desconocidas, y olvidadas, y arrastrado de esta manía , buscaba en las librerías mas viejas de las Comunidades á los Autores rancios de la filosofia natural, la crisopeia , la mágica, la trasmutatoria , la separatoria, y finalmente paré en la Matemática, estudiando aquellos libros que viven entera- mente desconocidos , ó que están por su extravagancia despreciados. Sin director, y sin instrumento alguno (de los indispensables en las ciencias matemáticas) lidiando solo con las dificultades , aprendí algo de estas útiles y graciosas disciplinas. Las lecciones y tareas á que me su-
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jetó mi destino y mi gusto , las tomé al rebés, porque leí la Astronomía, y Astrología que son las últimas faculta- des; sin mas razón que haber sido los primeros librillos que encontré, unos tratados de Astronomía, escritos por An- drés de Argollo, y otros de Astrología impresos por Da- vid Ofigano. A estos cartapacios y á las conferencias y conversaciones que tuve con el Padre D.Manuel de Her- rera , Clérigo de San Cayetano, y sujeto docto y aficio- nado á estas artes , debí las escasas luces que aun arden en mi rudo talento , y los relucientes antorchones que hoy me ilustran Maestro, Doctor y Catedrático en Sala- manca , quando ménos. A los seis meses de estudio salí haciendo Almanakes y Prognósticos ; y detrás de mí sa- liéron un millón de necios y maldicientes , blasfemando de mi aplicación y de mis obras. Unos decian , que las había hecho con la ayuda del diablo: otros que no va- han nada ; y los mas aseguraban que no podían ser he- churas de un ingenio tan perezoso y escaso como el mió. La coyuntura desgraciada en que saliéron á luz mis Prognósticos, la brevedad del tiempo en que yo me impuse en su artificio , la ignorancia y el olvido co- mún que se padecía de estas ciencias en el Reyno , y so- bre todo la indisposición y el aborrecimiento á los es- tudios que contemplaban en mí quantos interiormente me trataban , tenían por increíble mi adelantamiento, por sospechosa mi fatiga , y por abominable mi pacien- cia. Estaban veinte y quatro años ha , persuadidos los Españoles , que el hacer Prognósticos , fabricar mápas, eregir figuras y plantar épocas , eran unas dificultades in- vencibles ; y que solo en la Italia y ©tras Naciones Ex- trangeras se reservaban las llaves con que se abrían los secretos arcones de estos graciosos artificios. Estaban mucho ántes que yo viniera al mundo , gobernándose
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6 o Vida , ascendencia , crianza , por las mentiras del gran Sarrabal , adorando sus juicios, y puestos de rodillas esperaban los quatro pliegos de em- bustes que se texian en Milán ( con mas facilidad que los encaxes ) como si en ellos les viniera la salud de valde y las conveniencias regaladas. No vivía un hombre en el Reyno de los ocultos en las Comunidades , ni de los pa- tentes en la Escuelas públicas , que como aficionado , ó como Maestro se dedicase á e'sta casta de predicciones y sistemas. Todas las Cátedras de las Univesidades esta- ban vacantes, y se padecía en ellas una infame ignoran- cia. Una figura Geométrica se miraba en este tiempo como las bruxerías y las tentaciones de San Antón , y en cada círculo se les antojaba una caldera donde her- vían á borbollones ios pactos y los comercios con el de- monio. Esta rudeza, '‘mis vicios, y mis extraordinarias li- bertades hiciéron infelices mis trabajos, y aborrecidas con desventura mis primeras tareas.
Para sosegar las voces perniciosas , que contra mi aplicación soltaron los desocupados y los envidiosos , y para persuadir la propiedad y buena condición de mis fatigas , pedí á la Universidad la substitución de la Cá- tedra de Matemáticas , que estuvo sin Maestro trein- ta años , y sin enseñanza mas de ciento y cincuenta ; y concedida leí , y enseñé dos años á bastante número de discípulos. Presidí al fin de este tiempo un Acto de Con- clusiones Geométricas , Astronómicas y Astrológicas ; y filé una función y un exercicio tan raro , que no se en- contró la memoria de otro en los monumentos antiguos que se guardan en estas felicísimas Escuelas. Dediqué las -Conclusiones al Excelentísimo Señor Príncipe de Cha- lamar , Duque de Jovenazo, que á esta sazón vivia en Salamanca , gobernando de Capitán General las Fron- teras de Castilla. El concurso fué el mas numeroso , y
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lucido que se ha notado : y el exercicio tuvo los aplau- sos de solo , las admiraciones de nuevo, y las felicida- des de no esperado. Con esta diligencia , y otros frutos que iban saliendo de mi retiro , y de mi estudio, acallé á los ignorantes , que se escandalizaron de la brevedad y extrañeza de mi aprovechamiento ; pero empezó á revolverse contra mis producciones otra nueva casta de vocingleros de tan poderosos livianos , que hasta ahora no se han cansado de gritar y gruñir ; ni yo he podido taparles las bocas con mas de quatro mil resmas de pa- p/e! que les he tjrado á los hocicos. Rompiendo con mis desenfados por medio de sus murmuraciones , sátiras y majaderías , continuaban en escribir papelillos de dife- rentes argumentos, y en leer los tomos, que la casualidad y la solicitud me traia á las manos. Traveseaba con las Musas muchas veces, sin que me estorbasen sus retozos la lección de la Teología Moral, 'la que estudiaba ( mas por precepto que por inclinación ) en los Padres Sal- manticenses , y en el Compendio del Padre Lárraga, de los que todavía podré dar algunas señas y bastantes no- ticias. Acometióle á mi padre á este tiempo la dichosa vocación de que yo fuese Clérigo ; y porque no se le resfriasen los propósitos , solicitó una Capellanía en la Parroquia de San Martin de Salamanca , cuya renta es- taba situada en una casa de la calle de la Rúa ; y sobre esta Congrua , que eran seiscientos reales al año , re- cibí luego que yo cumplí los veinte y uno de mi edad, el Orden de Subdiácono. En él he descansado ; porque después de recibido , paré mas á mi consideración sobre las obligaciones en que me metia , los votos y pureza que había de guardar , y los cargos de que había de ser responsable delante de Dios; y atribulado y afligido me resolví á no recargarme ( hasta tener mas seguridad , • y
62 Vida i ascendencia ^ crianza^ ó^c, s^tisfacccíon de mis talentos ) con mas oficios que los »qnc abracé con poco examen de mis fuerzas, y ninguna reflexión sobre las duraciones de su observancia. Hasta ahora no he sentido en mi alma aquella mansedumbre, devoción , arrebatamiento y candidez , que yo imagino que es indispensable en un buen Sacerdote. Todavia no me hallo con valor , ni con serenidad para ascender al altisimo Ministerio , cuyas primeras escalas estoy pisan- do indignamente : ni tampoco me ha acometido el atre- vimiento y la insolencia de meterme á desventurado Oficial de Misas. He tenido hasta hoy un seso altanero, importuno , desidioso y culpablemente desahogado. La vigilancia y la prudencia que contemplo por precisa para conducirse en tan excelente dignidad , ni yo las tengo, ni me atreveré á solicitarla sin tenerlas. Nació también - la pereza del ascenso á las demas Ordenes, de un pleito que me puso un tristísimo codicioso sobre Ja naturaleza de la Congrua con que me habia ordenado; y por no li- diar con el susto , y con el enojo de andar en los Tri- bunales siendo el délos Procuradores, y Jos
Escribanos ,hice dexacion gustosa de la' renta. Encargó- se del Purgatorio el avariento litigante , y yo me quedé con elVoto de Castidad, y el Breviario, sin percibir un bodigo del Altar. Por estos temores , y el de no pa- rar en Sacerdote Mendicante , tuve por ménos peligro- so quedarme entretallado entre la Epístola y el Evange- lio , que atropellar hasta el Sagrado Sacerdocio, para vi- vir después mas escandalosamente , sin la moderación, el juicio , el recogimiento , decencia y severidad que deben tener los Eclesiásticos. Mis enemigos , y los mal- dicientes han cacareado otras causas: el que pudiere pro- barlas, hagalo miéntras yo viva , y discurra y hablé Jo que quisiere ; que por mí tiene licencia y perdón para
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inquirirlas y propalarlas j que gracias á Dios no soy es- pantadizo de injurias.
Antes de cumplir la edad prescripta por el Concillo de Trento para obtener los Beneficios Curados , hice dos Oposiciones á los del Obispado de Salamanca. Confieso que la intención fué poco segura ; porque no me opuse por devoción , ni por la permitida solicitud de las. con- veniencias temporales , sino por contentar á mi sober- bia , desvaneciendo las voces de mis enemigos , que pu- blicaban,.que yo no conocia mas facultad que la de ha- cer malas coplas y peores Kalandarios y por obedecer á mis padres , que ya me consideraban Beneficiado de una de las mejores Aldeas. del pais. No obstante mi tor- pe disposición , quiso la piedad de Dios , ó la caritati- va diligencia de los Padres Examinadores , disponer que yo correspondiese en la Teología Moral con satisfac- ción suya y honor mió ; y logre que ambas veces me honrasen con la primera Letra. Todavía se refieren co- mo dignas de alguna memoria , algunas respuestas mias; porque el llustrísimo Obispo , y los Padres Examinado- res, informados de mi buen humor y prontitud, me hi- ciéron algunas preguntas ( después del serio examen ) ó por probar mi genio , ó por divertirse un poco; y mis precipitaciones fuéron la celebridad de muchos ratos. Remítome á las noticias que duran en los curiosos de mis ridiculeces; porque yo no sé declararlas sin confu- sión y sin sonrojo. Aparecióse en este tiempo en la Uni- versidad de Salamanca la ruidosa pretensión de la alter- nativa de las Cátedras ; y como novedad extraordina- ria y espantosa en aquellas Escuelas , produxo nota- bles alteraciones y tumultuosos disturbios entre los Pro- fesores , Maestros } Escolares de todas Ciencias y Doc- trinas. Padeciéron muchos el rencor particular de sus