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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 3

Section 3

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dsl Doctor Don Diego de Torres, ij
tunas. Otros con tan malos y peores abuelos como los que me han tocado, viven triunfantes, poderosos y temidos; y muchos de. los que tienen sus raíces en Jos tronos, andan infames, pobres y despreciados. Lo que aprovecha es , tener buenas costumbres , que és- tas valen mas que los buenos parientes ; y el vulgo, aunque es indómito , hace justicia á lo que tiene de- lante. Los abuelos ricos suelen valer mas qué los nobles; pero ni de unos ni otros necesita el que se acostum- bra i honrados pensamientos y virtuosas hazañas. Un Christiano viejo , sano , robusto , lego y de buen hu- mor es el que debe desear para abuelo el hombre des- engañado de estas fantasmas de la soberbia : que sea procurador , agujetero ó boticario , todo es droga. Yo, finalmente , estoy muy contento con el mió , y he sido tan diclioso con mis picaros parientes , que á ia hora que esto escribo á ninguno han ahorcado , ni azotado , ni han advertido los rigores de la justicia de modo alguno , la obediencia al Rey , á la ley y á las buenas costumbres. Todos hemos sido hombres rui- nes , pero hombres de bien , y hemos ganado la vida con oficios decentes , limpios de hurtos, petardos y pi- cardías. Esta descendencia me ha dado Dios, y é^ta es la que me conviene y me importa. Y ya que he di- cho de dónde vengo , voy á decir lo que ha permi- tido Dios que sea.
TTacimiento , crianza y escuela de Don Diego de Torres: y sucesos hasta los primeros diez años de su vida , que es el primer trozo de su vulgarísima historia.
Yo nací entre las cortaduras del papel y los ro- llos del pergamino , en una casa breve del barrio de Parte L ' C los
1 8 VidiX , ascendencia , crianza , Ó^c* los Libreros de la Ciudad de Salamanca, y renací por la misericordia de Dios en el sagrado Bautismo , en la Parroquia de San Isidoro y San Pelayo, en don- de consta este carácter , que es toda mi vanidad , mi consuelo y mi esperanza. La retayla del abolorio que dexamos atras , está bautizada también en las Iglesias de esta Ciudad , unos en San Martin , otros en San Christobal y otros en la Iglesia Catedral : ménos los dos hermanos Roque y Francisco, que son los que tras- plantáron la casta. Los Villarroeles , que es la deri- vación de mi madre, también tiene de trescientos años á esta parte asentada su raza en esta Ciudad : y en los libros de bautizados , muertos y casados se encon- trarán sus nombres y exercicios. Criéme como todos los niños con teta y moco , lágrimas y caca , besos y papilla. No tuvo mi madre en mi preñado, ni en mi nacimiento antojos , ravelaciones , sueños , ni se- ñales de que yo habia de ser astrólogo ó sastre , san- to ó diablo. Pasó sus meses sin los asombros ó las pataratas que nos cuentan de otros nacidos ; y yo sa- lí del mismo modo naturalmente , sin mas 'testimonios, mas pronósticos, ni mas señales y significaciones, que las comunes- porquerías en que todos nacemos arre- bujados y" sumidos. Ensuciando pañales, laidas y ta- legos, llorando á chorros gimiendo á pausas, hecho el hazme 'reir de las viejas de la vecindad, - y el em- belesamiento de mis padres , fui pasando hasta que llegó 'el tiemp’o de 'la e'sciiela y lo^ sabañones. Mi ma- dre cuenta ^todavía algunas niñadas de aquel tiempo; si dixe- este deV^prOpósito ó^ la otra ' gracia ; si tiré piedras ; si embadurné el baquero ; el papa , caca y las demas Sencilleces que refieren todas Jas madres de sus hijos? pero siendo en ellas amor discirlpabJe , prue*
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d‘d Doctcr Don Díí^go de Torres. 19 ba de memoria y vejez referirías , ea mí sei:á necedad y molestia declararlas. Quedemos en que fui como to- dos los niños del mundo , puerco y lloron ; á ratos gracioso y á veces terrible : y están dichas todas las travesuras , donayres y gracias de mi niñez.
A los cinco años me pusiéron mis padres la car- tilla en la mano ; y con ella me clavaron en el cora- zón el miedo al maestro , el horror á la escuela , el susto continuado á los azotes y las demas angustias, que la buena crianza tiene establecidas contra los ino- centes muchachos. Pagué con las nalgas el saber leer, y con muchos sopapos y palmetas el saber escribir: y en este argel estuve hasta los diez años , habien- do padecido cinco en el cautiverio de Pedro Rico, que así se llamaba el Cómitre que me retuvo en su ga- lera. Ni Jos halagos del maestro , ni las amenazas , ni ios castigos, iti la costumbre de ir y volver de la es- cuela pudiéron engendrar en mi espíritu la mas leve afición á las letras y las planas. No nacia este rebe- lión de aquel común alivio que sienten los mucha- chos con el ocio, la libertad y el esparcimiento; si- no de un natural horror á estos trastos , de un ape- tito propio á otras niñerías mas ocasionadas y mas dulces á los primeros años. El trompo , el rehilete y la ma- -traca eran los ídolos y los deleytes de mi puerilidad: quanto mas crecia el cuerpo y el uso de la razón, mas aborrecía este linage de trabajo. Aseguro que ha- biendo sido mi nacimiento , mi crianza y toda la ocu- pación' de mi vida entre los libros, jamas tomé algu- no en la mano, deseoso del entretenimiento y la en- señanza que me podían comunicar sus hojas. El mie- do al ocio , la necesidad y la obediencia á mis pa- dres me metiéron en el estudio ; y sin saber lo que
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me sucedía , me hallé en el gremio de los escolares, rodeado del vade y la sotana. Quando niño , la igno- rancia me apartó de la comunicación de las lecciones: quando mozo , los paseos y las altanerías r¡o me dexaron pensar en sus utilidades : y quando me sentí barbado, me desconsoló mucho la variedad de sentimientos, la turbulencia de opiniones y la consideración de los fines de sus Autores. A los libros ancianos aun les con- servaba algún respeto ; pero después que vi que los libros se forjaban en unas cabezas tan achacosas co- mo la mia , acabáron de poseer mi espíritu el desenga- ño y el aborrecimiento. Los libros gordos , los ma- gros , los chicos y los grandes son unas alhajas que entretienen y sirven en el comercio de los hombres. El que los cree , vive dichoso y entretenido : el que los trata mucho, está muy cerca de ser loco: el que no los usa , es del todo necio. Todos están hechos por hombres , y precisamente han de ser defectuosos y obscuros como el hombre. Unos los hacen por va- nidad , otros por codicia , •otros por la solicitud de los aplausos, y es rarísimo el que para el bien publi- co se escribe. Yo soy Autor de doce libros , y to- dos los he escrito con el ansia de ganar dinero para mantenerme. Esto nadie lo quiere confesar; pero aiis- bemos á todos los hipócritas , melancólicos , embuste- ros, que suelen decir en sus prólogos , que por el ser- vicio de Dios , el bien del próximo y redención de las almas dan á luz aquella obra ; y se hallará que ninguno nos la dá de valde , y que empieza el petar- do desde la dedicatoria , y c|ue se espiritan de corage contra los que no se la alaban é introducen. Muchos li- ■'bros hay buenos, muchos malos, é infinitos inútiles. Los buenos son los que dirigen las almas á la salvación,
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por medio de los preceptos de enfrenar nuestros vi- cios y pasiones. Los malos son los que se llevan el tiempo sin la enseñanza , ni los avisos de esta utili- dad : y los inútiles son los mas de todas las que se llaman facultades. Para instruirse en el idioma de la medicina y comer sus aforismos, basta un curso qual- quiera , y pasan de doce mil Jos que hay impresos, sin mas novedad que repetirse , trasladarse y maldecirse los unos á los otros , y lo mismo sucede entre los ofícia- les y maestros que parlan y practican las demas cien- cias. Yo confieso , que para mí perdieron el crédito y la estimación los libros , después que vi que se ven- dían y apreciaban los mios , siendo hechuras de un hombre loco , absolutamente ignorante , y relleno de desvarios y extrañas inquietudes. La lástima es y la verdad , que hay muchos Autores tan parecidos á mí, que solo se diferencian del semblante ^e mis locuras, en un poco de moderación afectad^: pero en quanto á necios, vanos y defectuosos, no nos quitamos pin- ta. Finalmente , la natural ojeriza , el desengaño ageno y el conocimiento propio me tienen dias ha desocu- pado y fugitivo de su conversación: de modo, que no habla cumplido los treinta y quatro años de mi edad, quando derrenegué de todos sus cuerpos: y una ma- ñana , que amaneció con mas furia en mi cerebro es- ta especie de delirio , repartí entre mis amigos y con- trarios mi corta librería ; y solo dexé sobre la mesa, y sobre un sillón que está á la cabecera de mi ca- ma , la tercera parte de Santo Tomas , Kempis , el Padre Croset, Don Francisco de Quevedo , y tal qual Devocionario de los que aprovechan para la felici- dad de toda la vida , y me pueden servir en la ven- tura de la última hora.
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a Vid.x i ascsndr,icia ^
Ea lo5 últiinos años de la escuela, quando estaba yo apreíidíendo las formaciones, y valor de los gua- rismos, empezaron á hervir á borbotones las travesu- ras del temperamento y de la sangre. Hice algunas pi- cardigüelas reparables en aquella corta edad. Fueron to- das nacidas de falta de amor á mis iguales , v de te-
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mor y respeto á mis mayores. Creo que ea estas osa- días no tuvieron toda la culpa la simplicidad, la des- templanza de los humores, ni la natural inquietud de la niñez : tuvo la principal acción en mis revoltosas travesuras la necedad de un bárbaro cíicial de un te- xedor vecino á la casa de mis padres: porque este bru- to (era Gallego) dio en decirme que yo era el mas gua- po y el mis valiente entre todos los niños de la bar- riada ; y me ponia en la ocasión do reñir con todos, y- aun me llevaba á pelear á otras Parroquias. Azu- zábame como % los perros contra los otros mucha- chos , ya iguales , ya mayores ó ya mas pecpeños; y lo que logró este salvage fué llenarme de chichones la cabeza, andar puerco y roto, y con una mala in- clinación pegada á mi genio; de modo, que ya sin su ayuda me salia á repartir y á recoger puñadas y mo- gicones sin causa , sin cólera y sin mas destino que exercitar las .malditas lecciones que me dio su brutal entretenimiento. Esta inculpable descompostura puso á mis padres en algún cuidado, y á mí en un trabajo ri- guroso ; porque así su obligación , como el cariño de los parientes y los vecinos que amaban antes mis sen- cilleces , procuraron sosegar mis malas mañas con las oportunas advertencias de muchos sopapos y azo- tes , que añadidos á los que yo me ganaba en las pendencias , componian una pesadumbre ya casi in- sufrible á mis tiernos y débiles lomos. Esta aspereza,
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y la mudanza del salvage del tejedor, que se fué á su país, y sobre toda la vergüenza que me producía el mote de piel del diablo , ,.CQn que ya me vexaban todos los parroquianos y vecinos, moderaron del todo mis travesuras, y volví sin especial sentimiento á jun- ^ tarme con mi ino.centc apacibilidad.
Salí de la escuela, leyendo,. sin saber lo que leia, formando caractéres claros y gordos, pero sin forma, ni hermosura ; instruido en las cinco reglillas de su- mar, restar, multiplicar, patir y medio partir; y fi- nalmente , bien aficionado en la Doctrina Christiana: porque repetía todo el Catecismo sin errar letra, que es quanto se le puede agradecer á un muchacho!, y quam to se le puede pedir á una i edad , en la que sola la memoria tiene mas discernimiento y mas ocasiones, que Jas demas potencias. Con estos principios, y ya emen- dado de mis traveisuiillas , pasé -á los generales de la Gramática Latina en el Colegio de Trilingüe C en don- de empecé á trompicar nominativos y verbos , con mas miedo que • aplicación. Los provechos, los daiios, los sentimientos y las fortunas qxie me siguieron en este tiempo, los diré -en elt.segundo trozo de mi vi- da, pues aquí acabaron mis i diez anos primeros , sin haber padecido eii esta estación mas , incomodidades, que las que son comunes á todos los muchachos. Sa- lí , gracias á Dios , de las viruelas , el sarampión , las postillas y otras plagas de la edad, sin lesión repre- hensible en mis miembros. Entré crecido , fuerte , ro- busto, gordo y felizmente sano en la nueva fatiga: la que seguí y finalicé, como verá el aue quiera leer ú oir.
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Vida, ascend¿náa , crianza x ó^c.
Trozo segundo de la vida de Don Diego de Torres, i. Empieza desde los diez años hasta los veinte.
Don Juan González de Dios, hoy Doctor en Fi- losotia y Catedrático de Letras Humanas en la Univer- sidad de Salamanca , hombre primoroso y delicada- -niente sabio en la Gramática Latina , Griega y Cas- tellana , y entretenido con admiración y provecho en la dilatada amenidad de las buenas letras , fue mi primer maestro y conductor en los preceptos de Antonio de Le- brixa. Es Don Juan de Dios un hombre silencioso, mortificado , ceñudo de semblante , extático de movi- mientos , retirado de la multitud , sentencioso y par- co en las palabras , rígido y escrupulosamente repara- do en las acciones : y con estas modales y las que tu- vo en la enseñanza de sus discípulos, fué un venera- ble, temido y prodigioso maestro. Para que aprove- chase sin desperdicios el tiempo , me entregaron to- talmente mis padres á su cuidado , poniéndome en el pupilage virtuoso, esparcido y abundante de su casa. Poco aficionado y felizmente medroso cumplía con las tareas del estudio y los demas exercicios que te- nia impuestos la prudencia del maestro, para hacer di- chosos y aprovechados á los pupilos. Procuraba poner en la memoria las lecciones que me señalaba su ex- periencia , con bastante trabajo y porfía ; porque mi memoria era tarda , rebelde y sin disposición para re- tener las voces. El temor á su aspecto y á la libera- lidad del castigo vencía en mi temperamento esta pe- reza ó natural aversión , que sie-mpre estuvo perma- nente en- mi espíritu á esta casta de entretenimientos ó trabajos. La alegría, el orgullo y el bullicio de la - ' edad,
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edad , me los tenia ahogados en el cuerpo su continua presencia. Interiormente hallaba yo en mí muchas dis- posiciones para ser malo, revoltoso y atrevido; pero el miedo me tuvo disimuladas y sumidas las inclina- ciones. La rigidez y la opresión importa mucho en la primera crianza : el gesto del Preceptor á todas ho- ras sobre los muchachos les detiene las travesuras, les apaga los vicios , les sofoca las inconsideraciones , y mo- dera aun las inculpables altanerías de la edad. A la vista del maestro ningún muchacho es malo , ninguno perezoso , todos se animan á parecer aplicados y li- berales ; y la repetición y el vencimiento les va tro- cando las inclinaciones, y haciendo que'tomen ebgus- to á las virtudes. Regañando interiormente, lleno de hastío, y disimulando la inapetencia á los estudios y á la doctrina , tragué tres años las lecciones , los con- sejos y los avisos ; y á pesar de mis achaques salí bue- no de costumbres , y medianamente robusto en el co- nocimiento de ía Gramática Latina. De muchos niños se cuenta, que estudiáron esta Gramática en seis me- ses y en ménos tiempo. Yo doy gracias á Dios por la crianza de tan posibles penetraciones ; pero creo lo que me parece. Lo que aseguro es, que en mi com- pañía cursaban quatrocientos muchachos las Aulas de Trilingüe, y á todos nos tocó ser tan rudos, que el mas- ingenioso se detuvo el mismo tiempo que yo; y otros permanecieron por muchos dias. Es verdad que es- tos adelantamientos y milagros se los he oido referir á sus padres ; y como estos son partes tan apasiona- das de sus hijos , se puede dudar de sus ponderaciones. Adelanta poco un niño en saber la Gramática de cor- ta edad ; es gracia que sirve para el entretenimiento, pero es muy poca la disposición que adquiere para la Parte /. . D in-