Chapter 23
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Ea Amigo , solo esta noche te queda de mortifica- ción ; sufre ahora, que mañana te prometo estar como un mármol , callado y atento á tus soluciones y dis- culpas ; y ya que hemos de hablar de la medicina , yo quisiera que tratáramos de chanza de este asunto ; porque á la verdad no merece que hablemos con circunspección de esta patarata, que no tiene mas fundamentos que la cre- dulidad inocente, el ansia á la salud de los enfermos, y las tretas , misterios ridículos y máximas astutas de sus profe- sores. Todo quanto contiene en el mundo, elementos, sim- ples y composiciones naturales y artificiales, y en fin, has- ta los disparates y los excesos son medicinas , y to- do esto que es medicina , no sirve para curar con al- gún viso de certidumbre la mas mínima de nuestras dolencias ; porque ni sabemos la causa del mal , ni el elegido remedio contra él , ni el modo , tiempo , ni quantidad discreta de su administración. La obscuridad y la ignorancia que tiene la medicina de los achaques del cuerpo humano , la confiesan todos los Príncipes, Padres y Directores de ella en todos sus prácticos avi- sos , no obstante aquellas individuales difiniciones y des- cripciones , que hacen en sus libros de las enfermeda- des de los cuerpos. ¿ Quién no se rie á carcaxadas al
con-
V.
Conversaciones Fisico-Médkas y Chimicas. 89 considerar ( que después de un gran monton de tex- tos , autoridades y discursos , para conocer la malicia y la causa de las dolencias , salen con la patochada de aquel precepto tolondrón y ciego aforismo de á jubantibtis , nocentibus sumittcr indicatio faciendum ? ) Es cierto que todo quanto hay escrito y observado de esta profesión es inútil y escusado , si hemos de parar en acometer á los enfermos con lo que se nos anto- jare. Nada mas advierte el encargado aforismo , pues en nuestro puro castellano le dice al que quiere ser Médico esta única lección : Al enfermo , que se ponga al tiro de tu practica , dale las zupias que quisieres ; y si le aprovechan , prosigue ; y si le dañan , dexalas , y muda tus embustes ; pasa tú como puedas , y el enfermo como Dios quisiere. No es esto decir que la medicina es totalmente inútil. No es blasfemar de sus pro- fesores , ni sostener , que son importunos y de nin- gún provecho ; porque antes afirmo que este es un gremio de hombres muy importantes á la civilidad, y unos buenos vecinos de los lugares : porque en el estudio de sus libros pueden tomar máximas y leccio- nes muy sabrosas y experimentadas para gobernar la salud pública , ya gobernando á los sanos para des- viarlos de los tropiezos y las causas que producen las enfermedades , ya previniéndoles un uso discreto en las quantidades , tiempos y elecciones de la comi- da , bebida , sueño , ayre , paseo , y otros exercicios in- ^ dispensables en la vida. Son también muy útiles para los actuales .dolientes , ya consolando y esparciendo su espíritu , desterrando sus aprehensiones y melancolías con la pintura del poco peligro de sus males , y con las promesas á una fácil y breve restitución á su robus- tez ; y finalmente , son precisos para avisar á los eniér- Fart, IL m mos,
£/ Ermitaño y Torres.
mos , y asistentes del estado y peligro de los insultos^ para que católicamente se prevengan para la última iornada. Son también muy importantes para escoger y ordenar los alimentos á una dieta provechosa , y mi- nistrarles algunos apósitos dulces y delicados medica^ mentes , que de estas doctrinas , preceptos y experien- cias están llenos sus libros y á la verdad son los mas. ciertos , inocentes y provechosos. Lo que yo aborrez- co con todos los hombres de juicio y estudio , es la hinchazón , confianza , codicia y mentirosa ciencia de la común práctica de los mas de los Médicos , los que debían ser venerados por milagrosos , si dexasen sus astucias , vanidades y engaños , conteniéndose en el ca- rácter de unos piadosos enfermeros , y asistentes cari>- tativos y puntuales. Las juntas , los discursos , las críti- cas y los sistemas , los procesos y los pronósticos que; hacen para capitular las enfermedades y curarlas , me atrevo á decir que son mas perniciosos que útiles ; y toda especie de porfia opinión y parcialidad entre ellos solo sirve para descubrir sus caprichos y sus pre- sunciones; pero no para conocer ni curar los achaques* Se=* ria mas seguro dexar esta parte de la curación á la sagacidad de la naturaleza, que al uso de sus purgas, sangrías y venr tosas ; porque ésta sabe hacer con mejor sazón los co- cimientos y espumaclones de los males que la agravan- El exemplar tienes en los rústicos comarcanos , y en todos los que habitan las montañas y cortijos en don- de no ha asomado la medicina ; pues estos son aco- metidos de la i^lentura ardiente , del dolor de costa- do , de las erisipelas , y todas las castas de las agudas y crónicas , y la naturaleza sola sin los consejos , los apoyos ni las industrias del arte los cura , y los resti- tuye á la sanidad con mas ventajas y mas medras^ que
los
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los que toman al cargo de sus aforismos los Médicos mas astutos y presuntuosos. La naturaleza los cura de valde y con mas carino , con mas limpieza y con mas prontitud ; y finalmente , los adelanta á una segura y breve convalecencia , la que nunca pueden lograr sin gran trabajo y tardanza los que son asistidos de los Doctores. Dirás que también mueren mu'clios de los que se entregan á los aforismos naturales ; y digo que lo mismo sucede á los que toman á cuestas toda la ciencia del Médico y todas las fatigas del Boticario ; y los mas de ellos puede ser que los haya libertado la naturaleza ^ que es la curandera sabia de todos los acha- ques , teniendo que pelear, y que vencer los rigores del mal y los disparates del Médico ; y como ella no sa- be hablar , cantan el triunfo entre los crédulos vul- gares , los que regularmente se ponen á la banda del enemigo. La naturaleza hace sus crisis perfectas sin la ayuda de las ayudas, purgas ni sangrías, y las ha- ce en tiempo y en sazón , y también hace sus crisis imperfectas á mas no poder , y lo mismo sucede quan- do la arrea el Doctor , como quando la desampara. Lo que es innegable es , que estos pobres rústicos, y to- dos los que no admiten Médicos en sus territorios , vi- ven mas tiempo y ’cón mejor robustez , que los que los tienen cerca para consultar sus indisposiciones. Yo - iba prosiguiendo con gusto , manifestándole al Ermitaño la gran pasión que tengo á los Docto- res , quando me quitó de la boca las palabras la atención á unos golpes y gritos desentonados , que oí éntre la confusión , patadas y rebuznos de unas caballerías. Yo creí que eran algunos arrieros en pe- na , á quien sus asnos destinaron como á mi mu- la i aquella Ermita. Nosotros nos levantamos í
mi un
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un tiempo y salimos ; y abriendo las puertas , encon- tramos con dos gallardos jóvenes y un eclesiástico, to- dos á caballo , y una caballería sin ginete ; y sin dar- nos las buenas noches ni otra amigable salutación , ex- clamó el mas dolorido en estas ó semejantes palabras: j uáy , he rm ario Juan , que mi muger queda con mortal accidente ! por Dios que se ‘venga con nosotros luego luegOy que luego luego se volverá. Acelerado entró el Ermitaño á su botica , sacó unos papeles , de los que tenia en aquella mesa , y al paso me dixo : esperate aqui : en la cocina hay tocino , pan y frutas : si no estoy aquí ma- ñana á medio dia , enviaré un mozo que te acompa- ñe y sirva 3 y perdona , que ya ves la notable precisión. Montó mi Ermitaño en el caballo que venia ocioso; marcharon los demas , y yo me quedé solo en el de- sierto. Quando el estómago me avisó la hora de cenar, puse mi mesa , calenté un puchero en que estaban las sobras del mediodía , que hablan de ser la cena para los dos , y tirándome al cuerpo las dos raciones , me fui á dormir sin mas pensamiento ni mas ideas , que las de entregarme de todo corazón al sueño.
Serian las nueve de la mañana del dia siguiente , quan- do oí golpes á la puerta de la Ermita ; y creyendo que seria mi Ermitaño , hice chinelas ‘de mis zapatos , me enbayné en su ropon , y salí á recibirlo con mucho gusto : pero solo vi dos mozos , y uno de ellos , mos- trándome un villete , me dixo que se le habla dado pa- ra mí el hermano Juan. Leílo y decía así:
La enferma para quien fui llamado a noche por el tropel que nos asustó esta tocada de accidentes histéri’- eos 5 complicados con alferecia .\ el cuidado y la asisten^ cia d la cabecera , es preciso r en semejantes achaques : La aplicación de medicinas no la puje do far d nadie ¡.pues
en
Conversaciones Fisico-Médicas y Chimicas» 93 en esta aldea no hay Cirujano : La duración del mal -pue- de ser mucho. A. esta familia debo la mayor parte de las limosnas que me mantienen , con que por no tenerte solo en esa soledad , te aviso de la precisión de detenerme. El jManceho que te dard este villete lleva dos caballerías para sí y para tu persona , y quatro pesos en tarines pa-- ra que gastes en el camino hasta la Corte, Si quieres ve^ nir d esta aldea seras regalado , que el Señor Cura es muy aficionado d tus pronósticos. Luego que me avises de tu llegada d Madrid te remitiré la piedra flosofaC y tú me enviar ds los cartapacios que te parezcan oportunos^ para que yo sepa hacer Kalendarios y y imponerme un po- co en los edículos astronómicos. En el sobrescrito pondrás al Licenciado Domingo Antonio Prieto ^ Cura propio y Benef ciado de la Villa de Baraona. Si vienes por esta al- dea te daré un abrazo , y si no , Dios te dé buen viagQ y haga dichoso.
Tu siervo y amigo , que desea tu salvación.
El Ermitaño.
Yo eché mis cuentas , y dlxe á mí capote : Si voy, paso un mes de melancolía , y el Cura me ha de cru- cificar á preguntas : y si la enferma muere será pre- ciso que yo llore , que diga mil ceguedades por con- solar al viudo ; pues vamos á la Corte , adonde hay continua tararira y diversión ; y determinado , le dexé sobre la mesa la respuesta de su papel , que fué poco mas ó ménos asi :
Ante todas cosas te doy las gracias del buen hospe- dage , y te pido perdón ( amigo de mi alma ) de mis ba- chillerías. Yo determino marchar desde aquí derecho d la Corte. Llevo en la memoria quanto me mandas , para ser- virte prontamente ; y puedes creer que no me despido , pues
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d corta vida que Dios quie'ra darme , te volveré d ver. Dios te dé acierto en la cura de la enferma , y te vuel- va con felicidad d la santa mansión de tu retiro, Jil Se- ñor Cura beso las manos , y nuestro Señor te conceda quie- tud en el ánimo y larga vida.
Tu amigo del alma, Torres-,
Monté en el xaco (que era poco ménos desdichado que mi muía), acompañóme uno de los mancebos, y el otro se quedó por guardián de la Ermita. En tres dias llegué á Madrid ; y teniendo precisión de salir de la Corte á uno de los lugares del señor Marques de Almarza , á pocos dias de estar en él me hallé con una carta de mi Ermitaño , y en ella incluso di tra- tadito de la Piedra Filosofal , que es el que se sigue, y el que di al público eon su Dedicatoria y Prólogo*
LA
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LA SUMA MEDICINA,
Ó PIEDRA FILOSOFAL DEL ERMITAÑO.
Remítela Don Diego de Torres desde la aldea , donde le cogió esta tempestad ^ d la Excelentísima Señora Doña 'Luisa Centurión^ Marquesa de Almarza y Flores de Abila , Cyc,
SEÑORA::
Desde la hermosa' apacible confusión de estos bos- ques , en donde vivo sobredorando lo siervo con los su- bidos quilates de vasallo , remito á V. Exc. la Piedra Filosofal , para que sea también de toque , en que se acredite y pruebe el oro finísimo de mi veneración : con vanidad la entrego á la experiencia , y en todo tiem- po responderé por su buena ley , pues en el crisol dél agradecimiento , artífice el alma , despegó su espíritu de las impurezas que padece el mas bien dispuesto mineral de nuestra frágil organización. El cuidado de este pa- pel (que digo yo que me remite el Ermitaño) es per- suadir que puede el artificio y la observación trabajar una suma medicina , para enriquecernos y librarnos de to- da futura y presente enfermedad : la primera parte es despreciable en V. Exc. porque no contiene el mundo preciosidad que pueda hacerla mas poderosa: la segun- da' , que cuida de la salud es la que con mas gusto mió ( y como menos falsa ) remito á V. Exc. como quien desea tanto su vida; y por si en mis escritos se descu- bren algunos secretos , que con evidencia libren de fu- turas enfermedades , he querido que sea V. Exc, quien
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primero los disfrute \ y quando no se me logre esta bue- na intención, sirvase V. Exc. con el deseo de querer- la inmortal.
Otras veces en lo sucio de mis planas parlé á V. Exc. y al señor Marques mis felicidades ; y si dexara á la pluma que dictase las abundancias del ánimo , ca- da instante pregonara sin descanso mis dichas ; pero co- mo esta es sospecha lisongera , y en las Dedicatorias tienen perdido el crédito las expresiones , las sufro en el alma , y sustento en el labio , esperando solo en el decirlas la deseada ocasión de acreditarlas ; y en quan- to á este beneficio , y mi agradecimiento , volveré á re- petir , que estando á los pies de V. Exc. me burlaré á cara descubierta de la fortuna : sus alhagos y sus ges- tos los conozco embustes ; sus propuestas mentiras , y solo á empujones podrá arrojarme de tal sagrado ; y si por desgracia mia pudiese mas su corage que mi cuida- do , me ocultará para siempre el monte que hoy me sufre , y huiré de todo lo que quiera parecer empleo y conveniencia , y solo será un retraimiento ó abandono mi destino ; contento siempre en la mayor descomodi- dad , pues á todo lugar , y en todo tiempo arrastraré la dulcísima cadena de mi servidumbre , y ya la honr^ de haber comido su pan y hollado sus umbrales no me la podrá quitar la mas avarienta desventura. Guarde Dios á V. Exc. en la feliz compañia del señor Marques los años que puede y yo deseo. De este retiro de V. Exc. Balverde y Abril '30 de 1726.
Excma. Señora.
B. L. P. de V. Exc. con toda veneración, y respeto , su siervo
T>iego de Torres Villar roel,
AL
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AL LECTOR.
Prólogo, que es preciso que lo lea , y si no se quedara en ayunas de la obra , que éste no es como otros , que » ' mas han sido bachillerías que advertencias, ' ■
Desenojando á la vida de las porfiadas razones de la urbanidad (trabajosa ocupación del ocio cortesano), y aficionando al espíritu mas en las verdades de la na- turaleza , que en las voluntarias leyes del melindre, es- toy , Lector mió , en la suave sola situación de estos carrascos , sálvage racional de estas malezas : aquí me visita el tiempo mas despacio , y se detiene conmigo aL gunos ‘ratos solo en la aldea conozco que es caduco, porque me viene á ver con muletas , y allí me visitaba con alpargatas : en los pueblos corre , y en estos reti- ros descansa : por soplos me contó los años en la Cor- te, y se huyeron los meses sin razón ni cuenta, y por estas soledades viene arrastrando las horas ; de modo, que pasan con su cuenta y razón en qualquiera lu- gar es sueño la vida , y muerte el hombre ; pero aquí vivo , siquiera lo que sueño , y me voy acabando mas acomodado y ménos enfermo , porque el sol, el ayre, y el humien|:o calor de los tizones (Médicos exámina- dos por la Providencia) me curan -y desecan las hú- medas hinchazones de que se queja el mas cartujo de la Corte : respiro sin quejas , paseo libre , miro sin estor- bos, discurro poltrón, y me gastólas horas como yo me lo mando , sin vecinos , ni visitas , que son las dos tarascas que se engullen las vidas : estudio mucho en huir de las penas y cenas , que éstas , quando vienen á buscar á un desdichado , se traen de camino la mor- Parte II, n ta-
