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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 2

Section 2

Dos son los especiales motivos que me están ins- tando á sacar mi vida á la vergüenza. El primero na- ce de un temor prudente , fundado en el hambre y el atrevimiento de los Escritores agonizantes y desfarra- pados , que se gastan por la permisión de Dios en es- te siglo. Escriben de quanto entra , pasa y sale en es- te mundo y el otro, sin reservar asunto, ni persona; y temo que, por la codicia de ganar quatro ochavos, salga algún tonto levantando nuevas maldiciones y em- bustes á mi sangre, á mi flema y á mi cólera. Quie- ro adelantarme á su agonía , y hacerme el mal que' pueda ; que por la propia mano son mas tolerables los azotes. Y 'finalmente, si mi vida ha de valer di-» ñero, mas vale que lo tome yo, que no otro; que mi vida hasta ahora es mia , y puedo hacer con ella los visages y transformaciones , que me hagan al’gusto y á la comodidad: y ningún vergante me la ha de ven- der miéntras yo viva ; y para después de muerto les queda el espantajo de esta historia, para que no lle-
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guen sus mentiras y sus ficciones á picar en mis gusa- nos. Y estoy muy contento de presumir , que bas- tará la diligencia de esta escritura que hago en vida, para espantar y aburrir de mi sepulcro los grajos , abe- jones y moscardas , que sin duda llegarian á zumbar- me la calavera , y roerme los huesos.
El segundo motivo que me provoca á poner pa- tentes los disparatorios de mi vida es para que de ellos coja noticias ciertas y asunto verdadero eb ora- dor que haya de predicar mis honras á los Doctores del reverente Claustro de mi Universidad. A mi opi- nión le tendrá cuenta , que se arreglen las alabanzas á mis confesiones; y á la del predicador le convendrá no poco predicar verdades. Como he pasado lo mas de mi vida sin pedir , ni pretender honores , rentas , nt otros intereses, también deseo que en la muerte nin- guno me ponga , ni me- añada mas de lo que yo de- xare declarado que es mió. Materiales sobrados con- tiene este papel para fabricar veinte oraciones fúne- bres : y no hará demasiada galantería el orador en par- tir con mi alma la propina, porque le doy hecho lo mas del trabajo. Acuérdese de la felicidad que se ha- lla el que recoge junto , distinguido y verdadero el asunto de los funerales : que es una desdicha ver an- dar á la rastra (en muriendo uno de nosotros) al po- bre predicador, mendigando virtudes y estudiando pon- deraciones, para sacar con algún lucimiento á su di- funto. Preguntan á unos , examinan á otros , y al ca- bo de uno ó mas años no rastrean otra cosa que ponderar del muerto, sino es la caridad; y ésta la de- duce, porque algún dia lo viéron dar un ochavo de limosna. Empéllanse en canonizarlo , y hacerle San- to, aunque haya sido un Pedro Ponce, y es preciso
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'que sea en fuerza de fingimientos, ponderaciones y metafísicas. A mí no me puede hacer bueno ninguno después de muerto, si yo no lo he sido en mi vida. Las bondades que me apliquen tampoco me pueden ha- cer provecho. Lo que yo haga , y lo que ‘ yo traba- je, es lo que me ha de servir , aunque no me lo caca- reen. Ruego desde ahora al que me predique , que no pregunte por mas ideas, ni mas asuntos, que los que encuentre en este papel. Soy hombre claro y verdade- ro , y diré de mí lo que sepa con la ingenuidad que acostumbro. Agárrese de la misericordia de Dios , y diga, que de su piedad presume mi salvación: y no se meta en el verengenal de hacerme virtuoso , por- que mas ha de escandalizar, qüe persuadir, con su plá- tica. Si mi Universidad puede suspender la costumbre de predicar nuestras honras, yo deseo que empiece por mí, y que me cambie á misas y responsos el sermón, el túmulo, las candelillas y los epitafios. Gaste con otros sugetos mas dignos y mas acreedores á las pom- pas sus exageraciones y -el bullage de los sentimien- tos enxutos ; que yo moriré muy agradecido sin la espe- ranza de mas honras, que las especiales que me tie- ne dadas en vida. Estos son los motivos que tengo pa- ra sacarla á luz de entre tantas tinieblas. 'Y antes de empezar conmigo , trasplantaré á la vista de todos el rancio alcornoque de mi alcurnia , para que se sepa de raiz quál es mi tronco, mis ramos y mis frutos.
Ascendencia de Don Diego de Torres.
Saliéron de la Ciudad de Soria , ni sé si arroja- dos de la pobreza , ó de alguna travesura de mance- bos, Francisco y Roque de Torres , ambos herma- Parte I. B nos
lo Vida ^ ascendencia^ crianza^ Ó^c,
nos de corta edad, y de sana y apreciable estatura. Roque, que era el mas bronco, mas fornido y mas adelantado en dias , paró en Almeida de Sayago, en donde gastó sus fuerzas y su vida en los penosos afa- nes de la Agricultura, y en los cansados entretenimien- tos de la aldea. Mantúvose soltero y celibato ; y el azadón , el arado y una templada dieta , especialmen- te en el vino, á que se sujetó desde mozo, le alar- garon la vida hasta una larga, fuerte y apacible ve- jez. Con los repuestos de sus miserables salarios y al- guna ayuda de los dueños de las tierras que cultiva- ba , compró cien gallinas y un borrico : y con este poderoso asiento y crecido negocio empezó la nueva carrera de su ancianidad. Siendo ya hombre de cin- cuenta y ocho años, metido en una chia , y revuelto en su gaban , se j'^uso á arriero de huevos y trugiman de pollos, acarreando esta mercadería al corrillo de Sa- lamanca, y á la plaza de Zamora. Era en estos pues- tos la diversión y alegría de las gentes , y en espe- cial de las mozas y los compradores. Fué muy cono- cido y estimado de los vecinos de estas dos Ciuda- des , y todos se alegraban de ver entrar por sus puer- tas al Sayagues: porque era un viejo desasquerado , gra- cioso , sencillo , barato y de buena condición. Con la afabilidad de su trato y la tarea de este pobre co- mercio desquitaba las resistencias del azadón , y burló los ardides y tropelías de la ociosidad, la vejez y la miseria. Vivió noventa y dos años, y lo sacó de es- te mundo (según las señas que diéron los de Sayago ) un cólico convulsivo. Dexó á su alma por heredera de su bonico, sus gallinas, sus zuecos y gaban, que eran to- dos sus muebles y raices : y hasta hoy que se me ha antojado á mí hacer esta memoria, nadie en el mun- do
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do se ha acordado de tal hombre.
Francisco , que era mas mozo , mas hábil , y de humor mas violento , llegó á Salamanca , y después de haber rodado todas las Porterías de los Conventos, asentó en casa de un Boticario : recibióle para sacar agua
del pozo, lavar peroles, machacar raices, y arrullar á ratos un niño que tenia. Fuese instruyendo insen- siblemente en la patarata de los tótulos : entrometióse en la golosina de los xarabes y las conservas; y con este baño , y algunas unturas que se daba en los ra- tos ociosos con los Cánones del Mestue, salió en po- cos dias tan buen Gramático y famoso Farmacéutico como los mas de este exercicio. Fué examinado y apro- bado por el reverendo Tribunal de la Medicina, y le diéron aquellos señores su cedulón, para que, sin in- currir en pena alguna , hiciese y despachase los un- güentos, los cerotes, los julepes y las demas porque- rías que encierran estos oficiales en sus caxas , botes y redomas. Murió su amo pocos meses después de su cxámen; y antes de cumplir el año de muerto, se ca- só, como era regular, con la viuda, la que quedó mo- za , bien tratada y con tienda abierta : y entre otros hijos tuviéron á Jacinto de Torres , que por la pinta fué mi legítimo abuelo. Fué Francisco un buen hom- bre , muy asistente á su casa , retirado y limosne- ro : murió mozo , y creo piadosamente que goza de Dios.
Quedó mi abuelo Jacinto en poder de su madre, y crióse como hijo de viuda libre, regalado, imper- tinente y vicioso. La libertad de la crianza y la vio- lencia de su genio lo echáron de su casa ; y después de muchas correrías y estaciones paró en Flandes. Sir- vió al Rey de poco ; porque á los dos años del asien-
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to de su plaza , que fue de soldado raso , le emba- ró el movimiento de una pierna un carbunco que le salió en una corba. Cojo, inválido y sin sueldo se ha- llaba en Flandes ; y acosado de la necesidad , discur- rió en elegir un oficio para ganar la vida. Aprendió el de tapicero , y salió en él primoroso y delicado, como lo juran varias obras suyas , que se mantienen hoy en Salamanca y otras partes. Ya maestro , y hombre de treinta y quatro años, se volvió á su pa- tria , asentó su rancho , y puso sus telares , su tabla á la puerta con las armas reales , y su rotulon : L>el Hey nuestro Señor ^ Tapicero, Casó con María de Var- gas, que fué mi -abuela, y viviéron muchos años con envidiable serenidad y moderada conveniencia ; por- que su oficio, su economía y su paz les multiplicaba los bienes y el trabajo. De este matrimonio salió Pe- dro de Torres, mi buen padre, María de Torres, y Joseph de Torres. Este murió Carmelita Descalzo en Indias con opinión de escogido Religioso , y mi padre en Salamanca, habiendo vivido del modo que diré bre- vemente.
Mi padre, Pedro de Torres, estaba estudiando la Gramática Latina quando muriéron mis abuelos. En- traba en el estudio con desabrimiento , como todos los muchachos : y luego que se vio libre y sin obediencia, se deshizo de Antonio de Lebrixa , aburrió á su patria, y fué á parar á la Extremadura. Sirvió en Alcántara á un Caballero llamado Don Sancho de Arias y Pa- redes, de quien hay larga generación, buena memo- ria y loables noticias en aquel Reyno. Tres años es- tuvo en su casa , sin otro cuidado que acompañar al estudio á dos hijos de este Caballero. Aficionóse co- mo niño á hacer lo que otros ; y al mismo tiempo
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que sus amos , se instruyó en los sistemas filosóficos de Aristóteles. Marchó á Madrid , no sé si voluntario ó des- pedido : solo supe , que sus amos sintieron tiernamente su ausencia, porque le amaban como á hijo. Cansado de solicitar conveniencias, ya para servir, ya para hol- gar , como hacen todos los que se hallan sin medios en la Corte , se puso al oficio de Librero. Aprendió- le brevemente, y volvió á Salamanca, en donde asen- tó su tienda , que en aquel tiempo fué de las mas surtidas y famosas. Casóse con Manuela de Villarroel, y salimos de este matrimonio diez y ocho hermanos, y solo estamos hoy en el mundo mis dos hermanas, Manuela y Josepha de Torres, y yo, que todavía es- toy medio vivo. El caudal y el trabajo de mis padres sostenia con templanza y con limpieza la numerosa porción de hijos que Dios les habia dado , hasta que por los años de setecientos y tres, se empezó á des- moronar la tienda con las freqüentes faltas que mi pa- dre hacia de su amostrador y sus andenes. Fué la cau- sa haberle nombrado por Procurador del Común, y poner en su desvelo la Ciudad de Salamanca la asis- ’ tencia de los almacenes de pólvora , armas y otros pertrechos, y dexar solo á su cuidado los alojamien- tos de la Tropa, que por aquellas cercanías transita- ba á la guerra de Portugal. Acabóse de arruinar la Librería con la duración de los nuevos encargos , á que acudía mi honradísimo padre : y el Real Conse- jo de Castilla, informado de la lealtad, zelo, pronti- tud y de^erdicio de bienes, y trabajo con que habia servido^ ar Rey , mandó á la Ciudad que le diesen quatrocientos ducados anuales, y trescientos doblones, para que por una vez se reforzase de sus pérdidas. Con esta ayuda de costa vivíamos estrechos, pero sin tram- pas,
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pas , ni sensible miseria. Hechas las paces con Portu- gal, reformaron, con otros, el triste sueldo de mi pa- dre , y quedó pobre , viejo, y sin el recurso á sus li- bros y tareas.
Era yo á esta sazón un mozote de diez 'y ocho años , que solo servia de estorbo , de escándalo y de añadidura á la pobreza : y viendo que la extrema necesidad estaba ya á los umbrales de nuestras puer- tas, dexé la compañía de mis padres, con la delibe- ración de no permitir que la miseria y los desconsue- los se apoderasen de su cansada vida. La piedad de Dios premió mis buenos deseos con la vista de sus alivios. Fué el caso que marché á Madrid, ,y á po- cos dias logré amistad con Don Jacobo de Flon, Su- perintendente entónces de la Renta del Tabaco de la Corona : y la piedad de este Caballero me dió qua- trocientos ducados, con un título postizo de Visitador de los Estancos de Salamanca, para que mi padre co- miese sin las zozobras en que yo le dexé amenaza- do. Pude agregar á este anual socorro la Administra- ción de los Estados de Acevedo del Excelentísimo Se- ñor Conde de Miranda, mi Señor; y con su produc- to y los forzosos repuestos de mis tareas logró una feliz y descansada vejez. Fué. mi padre hombre muy gracioso , de agradable trato , y de conversación en- tretenida , y variamente docta. No salía de su tienda comprado ó vendido libro alguno antiguo ó moder- no, que río le leyese antes con cuidado é Inteligencia. En la historia fué famoso y puntualísimo ; y en las facultades escolásticas entendía mas que lo que regu- larmente se presume de un lego, con atención á otros cuidados. Gozó de unos humores apacibles, un ánimo suave, sosegado y continuamente festivo. Fué verda-
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dero en sus tratos, humilde en sus obras y palabras; y pacífico y conforme en todas las- adversidades. Mu- rió de sesenta y ocho años , con ayuda de los Médi- cos, de una calentura ustiva, que declinó en unas pa- rótidas, que ellos llaman sintomáticas : y en todo el tiempo de su enfermedad mantuvo la alegría y la gra- cia del genio; pues hasta la última hora no dexó las preciosas agudezas de su buen humor. Mi madre, Ma- nuela de Villarroel, vive hoy cargada con setenta y quatro años : pero la fortaleza de sus humores y la robustez del genio arrastran la pesadumbre de la edad sin penosa fatiga , ni desazón desesperada. La memo- ria se le ha hundido un poco ; pero las demas poten- cias las usa con prontitud y con deleyte. Mi madre fue hija de Francisco Villarroel , y éste sustentó una dilatada familia con una tienda de lienzos que tenia en Ja plaza de Salamanca , unas viñas y una casa bodega en el Jugar de Villa-Mayor, que son las únicas raices que conocí en toda mi generación.
Ya he destapado los primeros entresijos de mi des- cendencia : no dudo que en registrando mas rincones, se encontrará mas basura y mas limpieza ; pero ni lo mas sucio me dará bascas, ni lo mas relamido me lia- rá saborear con gula reprehensible. Mis disgustos y mis alegrías no están en el arbitrio de los que pasá- ron , ni en las elecciones de los que viven. I^i afren- ta ó mi respeto están colgados solamente de mis obras y de mis palabras: los que se muriéron nada me han dexado : d los que viven no les pido nada; y en mi fortuna ó en mi desgracia no tienen parte ni culpa los unos ni los otros. Lo que aseguro es , que pon- go lo mas liLimildc, y que entresacado lo mas asque- roso de mi generación , para que ningún soberbio pre-
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sumido imagine que me puede dar que sentir en ca- llarme ó descubrirme los parientes. Algunos tendrían, ó estarán ahora, en empleos nobles, respetosos y ricos; el que tenga noticia de ellos , cállelos ó" descúbralos, que á mí solo me importa retirarme de las persuasio- nes de la vanagloria y de los engreimientos de la so- berbia. Los hombres todos somos unos: á todos nos rodea una misma carne , nos cubren unos mismos ele- mentos , nos alienta una misma alma , nos afligen unas mismas enfermedades , nos asaltan unos mismos apetitos , y nos arranca del mundo la muerte. Aun en las aprehensiones que producen nuestra locura no nos diferenciamos casi nada. El paño que me cubre es un poco mas gordo de hiladura que el que enga- lana al Príncipe ; pero ni á él le desfigura de hom- bre lo delgado , ni lo libra de achaques lo pulido ; ni á mí me descarta del gremio de la racionalidad lo bur- do del estambre. Nuestra raza no es mas que una : to- dos nos derivamos de Adan. El árbol mas copetudo tiene muchos pedazos en las zapaterías , algunos zo- quetes en las cardas, y muchos estillones y mendru- gos en las horcas y los tablados; y al reves, el tron- co mas rudo tiene muchas estatuas en los tronos, al- gunos oráculos en los tribunales , y muchas imágenes en los templos. Yo tengo en todas partes , como to- dos los demas hombres: y tengo el consuelo y la va- nidad de que , no siendo hidalgo ni caballero , sino villanchón redondo , según se conoce por los quatro costados que he descosido al sayo de mi alcurnia, has- ta ahora ni me ha desamparado la estimación, ni me ha hecho dengues ni gestos la honra , ni me han es- cupido á la cara ni al nacimiento ios que reparten en el mundo los honores, las abundancias y las for-