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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 17

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También tengo otro papel ( prosiguió el Ermita- ño ) cuya inscripción es triunfo del Acido y el Al- kali que escribió un Médico de Cádiz , y es seguro que se ha tiznado bien las manos su Autor en el ela- boratorio chímico , y que se muestra en su opúsculo muy práctico en las cosas concernientes al horno. Con- P arte II. e tra
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tra ese (diríe) se imprimió un papelillo, cuyo verda- dero padre fué el Doctor Martínez , de quien ya he- mos hablado ; y á la verdad hizo bien en no poner su nombre , pues el escrito está lleno de disparates y contradicciones, impugnando aquellos principios, que tam- bién refutó en, su Escéptica; pero sus argumentos Jos disuelve el Doctor Francisco Sanz en el principio de su práctica , y con tanta claridad y solidez , que no se atrevió á reproducirlos el Doctor Martin.
Separado de todos los -demás , aunque eñ Ja mis- ma línea , estaban un monton de papeles , distinguidos con el título de Obras de Don Diego de Torres , y advertido por mí , le dixe al Ermitaño: parece que veo allí mis escritos , y siento que tengas en este liuerto de literatura árboles tan silvestres , en que nada se ve sino es Jiojas. No hay duda (interrumpió el Ermitaño) que tus obras tienen necesidad de muclio castigo , por- que en muchos pasages se reconocen delinqüentes : tam- bién es cierto , que en Jas mas de ellas reyna la liber- 'tad ; pero te puedo asegurar que en estas soledades me produce su lectura un género de deley te , que se con- forma con mi desengaño. He visto en muchas de ellas el poco caso que haces de las ceremonias y pesade- ces del mundo político : he visto la inclinación que tienes á burlarte de los cuidados que 'muerden á los hombres ordinariamente. No se me ha eseondido la so- lidez de tus verdades , ni el provecho de tu moral. Tu estilo me agrada porque es natural y corriente, sin nom- bra alguna de violencia ú afectación. Tus sales me dí- 'viertén de modo , que ‘aun estando sin compañía no pue- do dexar de soltar la carcajada. No dudo , le repliqué, que mi castellano es ménos enfadoso que el que se ob- serva* por lo común en los escritos modernos. Mi cuida- " ' do
Conversaciones Físico- Médicas y Chimicas. 3^ .do ha sido solo hacer patente mi pensamiento , con las mas claras expresiones , huyendo de hablar el caste- llano en latín ó en griego , peste que se ha derrama- do por casi todo el orbe de los Escritores de Espa- ña. Mis invenciones mas han sido juguetes de la idea, que afanes de la fantasía. La lectura de mis- obra^- tie- ne alguna cosa de deleytablc , no tanto por las sales, como por las pimientas. Es cierto que propongo algu- nas verdades y sentencias ; pero si les faltara esto , ya hubiera quemado todos mis papeles. Los mas de ellos los he parido entre cabriolas y guitarras , y sobre el ar- con de la cebada de los mesones , oyendo los gritos, chanzas , desvergüenzas y pullas de los caleseros , mo- zos de muías y caminantes , y así están llenos de dis- parates , como compuestos sin estudio , quietud , adver- tencia , ni meditación. A esto puede añadirse , que ten- go tantos enemigos como la dieta , y estos con* sus sá- tiras me han destemplado el estilo, y en mis defensas he divulgado lo que me ponía en la pluma el resen- timiento , y no la reflexión. Los mas de los que cele- bran mis papeles son tan salvages como -el Autor , y solo los apluden los aficionados á panderos, castañuelas y cascabel gordo. La necesidad ha tenido mucha in- fluencia en esta parte , porque yo estaba hambriento y desnudo; con que no- trataba de enseñar, sino de co- mer y de ganar para la decencia y el abrigo ; esto lo he publicado muchas veces en mis impresos , y es lo que debes sentir de mis obras.
Otros manuscritos filosóficos , médicos y chímicos tenia arrebujados sin orden en los apartadijos de los es- tantes ; y últimamente , acababan de llenar el curioso armario varios papeles músicos antiguos y modernos , y otros fragmentos de Agricultura , Naútica y otras cu-
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riosidades , dignos cuidados de un hombre honesto, y qiie desea gastar con deleyte la vida , para que no le en- cuentren ocioso las tentaciones malaventuradas.
En la fachada correspondiente estaba ganando la de- voción y el respeto una Imagen de nuestra Señora del Carmen , en una curiosa urna , y colocada sobre una mesa bastante limpia, y esparcidos sobre ella los libros mas útiles , devotos y precisos para el hombre ehristia- no , corno el Venerable Kempis , las obras de Fray Luis de Granada, Ludovico Elosio , el Padre Puente y otros místicos morales , que enseñan á ganar el tiem.po, á ha- cer feliz la vida , y aprovechan para la última hora y único fin. Aquí gasto algunas horas del dia y de la noche ( dixo mi Ermitaño ) , y te aseguro ( sin que ha- ya un átomo de. hipocresía en mi expresión) que mas me deley tan Ips avisos de estos. Autores , que Ja varia erudición de, esos libros que acabas deireconocer ; por- que en estos hallo lo saludable para el alma y la músi- ca mas sabrosa para los oidos de mi inclinación , por- que no hay 'agudeza , ni figura retórica que no encuentre sabrosamente vertida en sus dulces hojas. Todas las sa- les , chistes y donosuras de los oradores profanos , aquí hallarás explicadas con otra casta de donayre mas útil y provechoso : y en fin , me sirven para ordenar la vida , enfrenar los pensamientos, y destruir los vicios, y como tarea devota se la sacrifico á Dios para que me con- ceda el perdón de mis culpas ; y de esta suerte lo ga- no todo. Eso es lo que importa ( le respondí ) , y yo siento y lloro el tiempo que me han hurtado los em- bustes de la filosofía , y los enredos de la matemática. Dios te : continué el gusto en tan dichoso exercicio , y á mí me descarne la pereza , que me tiene sepultados los deseos de dedicarme á su fructuosa lectura.
En
Cont'ersacicnes Físico- Médlcás Chwnc as, 3/
En la tercera línea de las quatro que formaban la venerable habitación estaba una ventana muy espacio- sa , que servia de puerta á un jardinillo muy bien sem- brado de flores olorosas y especificas en la medicina, y algunos árboles fructuosos. Estaba repartido en qua- tro quadros , y en su medio una fuente , cuya taza era un tosco medio círculo de piedra paxarilla, mas bien fabricada que lo que permite la rebeldía de la mate- ria. Por desenojar á los ojos de los porfiados objetos de los libros , y por vengarse el cuerpo de la moles- tia de haber reconocido en pie los mas de los tomos del armario , tomamos asiento sobre un poyo colate- ral á la fuente , y proseguimos la grita sobre los Au- tores modernos que llenaban sus estantes. No quiero ex- presar lo que uno y otro notamos, porque no crean, que soy crítico enojado , que de lo que pudieran vo- cear ó escribir vivo muy seguro , y ojalá los tentase el loco capricho de su amor propio á dispararme algún papelón de los que tiran á otros, que me habia de reir á su costa. Allí estuvimos poco tiempo logrando el dul- ce calor del sol , que bañaba ya la mayor parte del jarejin ; y luego que nos cobramos un poco de la pe- nosa fatiga de los libros , me tomó la mano mi com- pañero , y me guió á otra pieza muy breve , inme- diata á la que me habia servido de dormitorio la no- che pasada , y me dixo , entra y verás otro de mis ma- yores deleytes.
Botica del Ermitaño,
C-on una llavecilla , que se columpiaba de una cor- rea que traia pendiente del cinto , abrió mi Ermitaño la puerta de la reducida mansión , adonde me habia
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ofrecido entrar , y dexándome á los umbrales, me dí- xo que le esperase un poco. Fué ácia el Templo , y volvió brevemente con una vela encendida , y entramos adentro. Era el aposento mas ceñido que el que tenia ia curiosa biblioteca que hablamos examinado. Los qua- tro lienzos que formaban la pieza estaban vestidos de unos andenes de yeso , ordenados con bella simetría , y curiosamente pintados , cuyo orden y variedad hadan agradable , vistosa y divertida la pequeña mansión. Ser- viaii los andenes de asiento á muchos botecillos , redo- mas y otros cuzarros de vidrio y tierra de bellísima fi- gura y acomodada cantidad. Dexó mi Ermitaño que re- conociese con los ojos los exteriores trastos de la pie- za , y ántes que me cogiese la suspensión , me dixo : és- te es, amigo Torres, el elaboratorio en donde descan- so de todas mis fatigas , y aquí encuentro en el sudor el alivio de mis congojas. Ya habrás notado en mis li- bros , que mi estudio es el de la filosofía experimental y medicina práctica ; de modo , que yo soy inclinado de mi temperamento al arte separatoria , y por caritati- vo me he dedicado á aplicar los extractos , sales , be- tunes y' espíritus que guardo en este botiquín á los en- fermos de estos contornos , y soy el Hipócrates de es- tas aldeas, el Tomas Wilís de estos oteros, y el Zu- belfero de estas campiñas. De modo , que yo trabajo en esta estancia , y estoy prevenido de aquellas cosas á mi parecer mas precisas para las urgencias que aquí se pue- den ofrecer. Y no hay medicina en este botiquín que no haya corrido por mi mano los precisos términos pa- ra la exacta elaboración ; yo las guiso despacio , sin el ansia de haberlos de poner en venta al mostrador , que ésta es una de las causas del mal temperamento de las composiciones , y de la poca virtud con que se expli- can
Conversaciones Físico- Médicaa y Chimlcas. 39 can sns simples en la aplicación de las enfermedades. Y miéntras llega la hora de que comamos una limp^ia puchera , que se está conservando en mi cocina , te he de mostrar los especííicos mas famosos que contiene es- ta humilde habitación.
Mucho me alegro ( dixe yo ) de tener la ocasión de hablar un poco en la separatoria , que es una cien- cia muy de mi inclinación , y hasta ahora vivo tan ig- norante de ella , que no he quemado .un carbón , ni he conversado con práctico alguno ; bien es verdad, que algunos ratos me ha divertido la ociosidad el teatro chímico y biblioteca de Mangeto. Tengo alguna no- ticia de Escrodero , de Silvio , de Leboe y de Quer- cetano ; y muy muchacho me acuerdo que leí á Ko- nic del Reyno mineral, animal y vegetal y ^ me he paseado un poquito en el carro triunfal del anti- monio ; pero todo lo he leído sin meditación , y solo me han quedado en el cerebro algunas voces facul- tativas , y tal qual principio tan obscuro , que no pue- do darte luz alguna de esta familia filosófica. Todos esos Autores tengo yo ( dixo el Ermitaño ) en aque- lla alacenilla , y otros muchos , que tratan de los prin- cipios chímicos y su composición , como el Curso de Lemeri , la Chímica experimental de Junquen. Tengo también la Piroctenia de Carolo Musitano , con adicio- nes á Minsk , el Colegio Chímico de Etmulero , y la Farmacopea de Ludovico, y al famoso Barchausem en su Pirofia ad Chimiam. Para el estudio de las plantas tengo ahí á Malpigio , que es el que totalmente ha ilus- trado la Botánica con sus célebres y sutiles anatomías: pues él ha descubierto el modo de percibir las plan- tas el humor ; cómo lo cuecen y actúan sus ductos y canales por donde les asciende la nutrición. También
ten-
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tengo á los dos Gavinos Juan y Gaspar \ el Teatro Bo- tánico , y otro que estimo en mucho, que es el Char- raz de Teriaca y Víboras , y algunos otros librillos far- Inaceúticos y chímicos ; no quiero que los veas , porque si nos divertimos en hojear , se pasará la mañana , y de- seo que la ocupemos en el examen breve de las me- dicinas que guardo en este remendillo de botica.
Yo me senté en una retuerta , al borde de un bu- ’fetillo que estaba en medio de la pieza , y mi estudio- , so Ermitaño alcanzó un bote , y me dixo : este po- mito contiene la medicina mas esencial y prodigiosa de quantas se han descubierto , y si é^ta faltara de mi ar- mario , le .pudieras decir , corpas sine anima. Este es el celebrado 'N’ephenñs de> Qu rcctano , tan preciso á la manutención de la arquitectura humana , que sin él no se podian reparar las regulares ruinas á que vive suje- ta , y las alteraciones que continuamente padecen nues- tros cuerpos. No me admiro , le dixe , pues advierto que ésta es aquella medicina llamada Látidano Opiato , y haces muy bien de estar prevenido de tan excelente ar- cano porque es el antídoto mas esencial para todo li- nage de dolencias : yo le he visto recetado como iñe- dicina universal ; y los Médicos lo veneran por ano- dino seguro y paregórico extremado , y le aplican pa- ra aplacar la acritud de qualesquiera dolores del cuer- po humano. Dicen que detiene las fluxiones y hemor- ragias, conforta los espíritus y nervios, y aun por eso lo administran en la manía , melancolía , cólica , epi- lepsia y en todos los dolores artíticos. Su virtud nar- cótica es tan efectiva y tan pronta , que es necesario elegir su dosis con notable tiento y discreción , porque si excede el ministrante en la cantidad , despiertan en la otra vida los enfermos. También sé , que sus prin-
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Conversaciones Físico-Médlccis y Chhnicas, 41 cípales ingredientes son el opio y el azaíVan ; y así mués- trame otro sólido , que éste lo tengo muy conocido* Sacó una umita después de haber puesto en su lu- gar al célebre láudano , y me dixo : aquí tengo la 'the- riaca celeste ^ cuya receta me la dió un íntimo amigo mió en Mompeller ; y aun me dixo , que la describía Kunquen en su chímica experimental , y la estimo mas que á la magna de Andrómaco el viejo. Bien puedes ( acudí yo ) porque la antigua theriaca galénica nun- ca ha producido efectos tan patentes como ésta , en la que contemplo muchas é inexplicables virtudes ; por- que he visto su composición , y sé que consta de esen- cias y extractos selectísimos y de simples muy alexífár- macos ; y de estos es preciso que resulte una exalta- da y excelente virtud , especialmente para corregir la acrimonia de los humores , y suavizar los movimien- tos tumultuosos de los espíritus. Yo (dixo el Ermitaño) la considero por alexífármaca y bezoárdica , muy pro- • pia para los afectos de epilepsia , viruelas , dolor de costado , fiebres malignas y semejantes enfermedades , y la he usado con provecho de mis enfermos ; y la ma- yor virtud , á mi parecer , le viene del opio prepara- do , y también asociado , como lo pone con el cas- toreo , mirra , piedra bezoar , cinabrio nativo y otros, Y á todo esto ( acudí yo ) quando la has de adminis- trar , ¿qué cantidad sueles recetar ? Porque de la magna de Andrómaco he visto recetar una dragma ^ y que aunque se diese media onza no podía inducir riesgo alguno. Pues de la celeste ( dixo el Ermitaño ) no se puede dar tanta cantidad , porque los ingredientes que la componen son esenciales , y la dosis es preciso que sea corta , y yo nunca me he determinado á dar mas que quatro granos , y hasta ahora ( gracias á Dios ) no Part, //. J' me
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me ha engañado. Sea en buen hora ( respondí ) guár- dala , y ténla bien tapada porque no se le exále la virtud.
Ya que hemos empezado por lo sólido ( proseguí yo ) dime y ¿ qué es aquello que guardas en aquella hollita de barro vidriado? Este es ( respondió) el ex- tracto católico policresto ó panchimagogo , sin el qual todo quanto guardo en mi botiquin era inútil ; porque éste es el purgante universal de todos los humores ; éste me excusa de tantos xarabes y píldoras purgantes , co- mo gasta el batallón de los Doctores Galénicos que hacen guerra á los miserables cuerpos que habitan las poblaciones crecidas ; y de éste solo me valgo en quan- tas urgencias acontecen en este territorio. Ciertamente ( le dixe ) que puedes confiar en esa medicina , y con este surtimiento puedes creer que tienes toda la serie dilatada de purgantes , xaropes y electuarios , que tenían los antiguos para expurgar su quaternion de humores, como son los amheces , los indos, el elescoph , diasen, diaphénicon , diaprunos , diacathalicon , xarabe de rey, de príncipe , áureo , pérsico y otros ; como también las píldoras choquias , aureas , de hermodactil , agre- gativas , y otras con que los Boticarios llenan sus denes para engañar los mirones ; pues componiéndose éstas de los mismos purgantes los unos que los otros, quieren persuadir que resultan en ellos varias virtudes para purgar los humores ; y que en cada simple de estas composiciones habia una notable y virtuosa dis- creción para escoger la flema , apartar la cólera , y echar fuera la melancolía; y últimamente , están creyendo que entra en el cuerpo el purgante á escoger solamente lo que ellos quieren ; á qualquier estiércol que sale dé- los cuerpos le dan el nombre del líquido que deseaban purgar.