Chapter 16
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Conver s Liciones' Físico- Médicds y Chimicas. 25 que como en sus obras reprehendió los vicios , acusaba los desórdenes , y censuraba las cosas por dentro ; cada uno de los que vivian entónces pensaba que hablaban determinadamente con él aquellas que llaman sátiras, y así los tuvo á todos por enemigos. Faltaron ellos, fuese el gran Quevedo , y corrieron sus papeles sin tro- pezar en sus contrarios , y hoy están en la exaltación . que se les debe. Estas obras sean tu estudio , tu cui- dado y tu contemplación , que en ellas hallarás salu- dables máximas , prudentes consejos , sabias doctrinas, altas consideraciones , graciosos desengaños , y Utilísi- ma ciencia de todas las ciencias.
Poco mas allá estaban las obras de Francisco San- tos , en muchos tomitos pequeños. Este Autor supo tam- bién poner los consejos en el punt'o de golosina , que es necesario para que los hombres escuchen la repre- hensión sin enfado : supo endulzar lo, amargo de las verdades ; y no es menester poca habilidad para ha- cer esto : porque la soberbia y altanería satisface la consideración y memoria de la propia excelencia , ha- ciéndolos hambrientos de las alabanzas , é idólatras de tratos humanos ; tanto los desvia de la atención á sus defectos y sus vicios ; con que no queriendo verlos pa- ra corregirse con el exercicio de las virtudes opuestas, no gustan de los espejos que les representan sus deformi- dades. Los libros de Santos , aunque encaminados á la emienda de las costumbres con la representación de los vicios, y llenos de reprehensiones y severas mortalida- des , han sido bien recibidos de todo linage de gentes. Su invención los encomienda y los sazona , y en es- ta parte excedió al Quevedo, pero no en el estilo. Si el Santos hubiera hecho que concurriesen en sus obras con los donayres de la inventiva los de la locución , hu- Parte IL , d bie-
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hiera logrado mucho mayor número de votos éntrelos críticos. Con todo eso ( dixo el Ermitaño) es su lectu- ra muy graciosa y entretenida, y se conoce que el Au- tor hizo prolixa y cuidadosa anatomía de muchas co- sas , examinándolas con los ojos del juicio y de la ra- zón , para penetrar sus falsos desórdenes. Es cierto que manoseó el mundo y la corte por las interioridades, y que no se quedó en la superficie de las acciones su inteligencia.
Junto á los escritos de Francisco Santos advertí las obras de Zavalcta , y dixe al Ermitaño : Este escritor fué uno de los Filósofos mas serios , profundos y jui- ciosos de la nación. Sus argumentos están respirando ho- nestidad y deseo de la corrección de la vida : su es- tilo es grave , casto , conciso y elegante : estas obras merecen ocupar el estante de qualquiera hombre de ta- lentos.
Aquí tengo también , dixo el Ermitaño , para di- vertirme algunos ratos, la celebrada historia de Don Qui- xote de la Mancha. Ese es uno de los escritos origi- nales de la nación ( respondí ): esa obra tiene con en- vidia á los extrangeros , aunque tiene tanto lugar en la estimación de nuestros nacionales , que no hay obra de lectura mas entretenida y sabrosa , ni celebrada con mas universalidad, todavía les agrada á los naturales de los- Reynos extrangeros , aun mas que á los nuestros. Es cier- to , que en el linage de Epopeya ridicula no se encuen- tra invención que pueda igualar el donayre de esta his- toria , ni se pudo inventar contra las necedades caba- llerescas inventiva mas agria. El Cervantes ( añadió el Ermitaño) fué hombre de maduro juicio y de fecun- da imaginación : la variedad de lo verídico en las aven- turas nos da á entender el rico mineral de su gracio- sa
Conversaciones Físico- Médicas y Chimicas* ly S2L fantasía.' Su estilo es claro, fácil , natural, desafecta- do , y que lo constituye con bastante derecho entre los Príncipes de nuestro lenguage. Tú no has leído mas que los Qaixotes de este Autor , le dixe al Ermitaño; y respondióme , no sé que otro haya escrito semejente historia sino Miguel de Cervantes. No me admiro^ ( le dixe): la historia de otro Autores muy rara', por lo que no habrá llegado á tus ojos. Yo solamente la he podido ver traducida en lengua francesa ; y según el Francés, que trabajó la traducción , ser tan singular en el castellano , se puede referir á una de dos cosas , ó á que no fué bien recibida esta historia por estar es- crita en estilo rudo , ó que los amigos de Cervantes quemáron casi todos los exemplares de la obra de Alon- so Hernández de Avellaneda , que éste fué el nombre de su Autor. Lo cierto es , que para producirse la opo- sición entre el Avellaneda y Cervantes , sobre ser és- te Castellano y el otro Aragonés , se añadió , que ha- biendo divulgado la primera parte de su historia , en tanto que se disponía dar al público la segunda , sa- lió con su obra Alonso Hernández , que intituló : Nue- vas Aventuras de Don Quixote de la Mancha. Sintió mucho Cervantes esta prevención , porque le impidió que fuese original en ¡a segunda parte de este pro- yecto. El Francés, que hizo la traducción, cotejando las dos historias , se inclina á sentir qne el Sancho de Avellaneda es mas original que el de Cervantes ; que el de éste es muy afectado , y dice cosas , que son so- bre el carácter de un hombre rústico , sencillo y ne- cio, faltando ala condición de observar la convenien- cia , ofendiendo la regla de servare decor wn. Es cierto que los juicios que pone en la boca de Sancho Miguel de Cervantes , quando lo representa en el empleo de
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Juez , pudieran acreditar de sutil , juicioso y discreto á qualquiera que en semejantes casos los pronunciara. El Sancho de Cervantes ,* dice el referido Francés , quie- re ser gracioso siernpre , y no lo es ; el de Avellane- da lo es casi siempre sin quererlo ser. El Alonso Her- nández de Avellaneda , por la boca de Don Quixote, le opone al Cervantes , que no conservó el carácter , ni cor- respondió al retrato de su héroe , faltando á guardar la condición de la igualdad , grave yerro en qualquiera poema ; pues haciendo el retrato de Don Quixote , le pinta muy apasionado á los relumbrones y ridiculeces de las obras de Feliciano de Silva , aficionándose mucho al estilo de sus cartas galantes y amorosas. Una de las que dice el Cervantes que mas le embelesaban era la siguiente : La razón de la sinrazón (^ue vos hacéis d mi razón , enjiaquece tanto d mi razón , ^ue no es sin razón, que yo me queje de vuestra belleza.,. . Introduce el Ave- llaneda á Don Quixote , quejándose de esta pintura que hace del Arabe Benengelis , y á un Canónigo satisfacién- dole. Este es el texto y crítica del Avellaneda , según está en la copia francesa : Señor Caballero , dixo en- tónces uno de los Canónigos , vuestras obras y vues- tros razonamientos dan una furiosa bofetada á este Au- tor Arabe , mas con todo , fuerza es perdonarle , por- que si en la primera hoja de su libro os hace aquella ofensa , yo os aseguro que en lo demas de la histo- tia os hace justicia , haciéndoos hablar como hombre juicioso. Tanto peor , replicó Don Quixote , es me- nester que el Autor cumpla con el retrato : corred to- da la obra de la Hiliada , por ver si en algún lugar de ella se desmiente el carácter de Achiles. En la res- puesta que da este violento Príncipe á aquel buen hom- bre Priamo , que le pide le restituya el cuerpo de Hec-*
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tor, no reconocéis al mismo Achiles, que ha amena- zado a Agamenón , y que sufrió que se quemaran los navios de Grecia antes que permitir que se desarma- se su furia. Así que Homero cumple con todos sus re- tratos , ninguno hace equívoco , Ulises parece siempre astuto , Héctor es siempre el oráculo de la armada ; en una palabra , todos sus caractéres se mantienen hasta el fin. Con que Benengeli, queriendo hacerme pasar por un tonto , no debia hacerme hablar como hombre sa- bio. Esta es la crítica que hace el Avellaneda del hé- roe de Cervantes. Este censura también algunas cosas del Aragonés, y principalmente la rudeza del estilo en que escribe su historia. En los juicios ó en el diario de los Sabios de París ( no sé en quál de estas obras de- terminadamente ) me acuerdo, haber leido la sentencia de que cada uno tiene razón en lo que le censura el otro. Pero aquí puedes considerar la incuria de nuestros españoles , que han dexado perder casi todos los exem- plares del ‘Avellaneda , que estiman tanto los France- ses, como si estar ménos castigado el estilo en su hé- roe pudiera quitarle las bellezas de la invención , y la correspondencia entre los miembros de su historia.
Los últimos libros que se miraban colocados en es- ta línea eran los de Lorenzo Gracian. ¿Qué te ha pa- recido este Autor? me preguntó el venerable Ermita- ño. Lo mejor que dictó , le respondí , fué su agudeza y arte de ingenio. No es negable , que distinguió con penetración las varias especies de conceptos y agudezas que produce el ingenio ^ y que dió difiniciones muy con- formes y claras a muchas de las bellas producciones del espíritu , añadiendo con oportunidad y discernimiento los exemplos , donde se ven practicadas felizmente. Po- co ha que un Erudito Portugués divulgó un libro , que
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intituló Arte de Conceptos, No hay duda en que su Au4 tor se reconoce bien informado, y que su obra está es- crita con método , pero no descubre tantas especies de conceptos , ni la claridad que el Aragonés. Bien son dig- nos de estimación su héroe y su política , y han me- recido la aceptación. ¿ Y qué juicio haces de su criticón? ( añadió el Ermitaño ) el que han hecho los hombres de acreditada capacidad se ha vuelto contra la fama de su Autor. Está llena de errores y desalumbramientos. Para escribir libros de crítica es necesario purgarse el celebro con el eléboro : es forzoso tener en su punto el juicio, los afectos moderados , y á raya las pasiones , sobre mu- cho ingenio y observación. Gracian escribió su crítica poseído el ánimo con poco cuidado y desenfrenada li- bertad : en toda ella está de bulto la lisonja. Apénas hubo señor de su tiempo , de que no fuese su crítica Panegírico. Sacrificó los movimientos de su pluma á la adulación , óJlo y pasión racional ; con que á los yer- ros de la Ignorancia añidió los de la malicia y la pa- sión. Hizo quinto pudo por obscurecer con su crisis á los primeros hombres de nuestra España , sintiendo mal de aquellos mismos que escribiéron con gloria de su nombre y patria , y con envidia ó aplauso de los na- cionales extrangeros. Tuvo mas mordacidad que el Bo- calini, mucho menos ingenio , y otro tanto ménos jui- cio. Sus censuras son desatinadas. De Ovidio escribe que fué mas fecundo que facundo , sin conocer que fuera de otras obras de este Poeta , las Epístolas de las Fleroidas son la ftor del espíritu y de la eloqüencia. A Lope de Vega , Mayorazgo de Apolo , y honor de la Poesía cas- tellana , solo le concede el aplauso de los vulgares ; quan- do es cierto que las tres especies de Poesía Lírica , Es- cénica y Épica las escribió prodigiosamente , y al alto
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Conversaciones Físico -Aícdicas y CMmkas, voto de los naturales extraños , vuVgares y discretos , y que ninguno de los Poetas Griegos , ni Latinos le igua- ló en la fecundidad. Del célebre Príncipe de los Líri- cos , Don Luis de Góngora , ornamento de España , y corona de la Andalucía , espíritu sublime , primero en Ja cultura del lenguage espaiiol , y último también , pues nadie ha podido llegar al punto de la perfección de su estilo , dice , que si hien las cnerdas eran de oro , la materia de su instrumento era de Jlya , y aun mas co^ tnun. Como si de aquella inimitable pluma hubieran sa- lido solamente las Soledades y el Polifemo. Parece que no leyó su cultísimo Panegírico al Duque de Lerma , y otros varios asuntos, que cantó con igual armonía , tan graves como los que ilustraron los demas Poetas. No niego yo , que si hubiera el divino Góngora tomado ar- gumento para una Epopeya, como executó el Camoes ó el Virgilio , solo les hubiera dexado á los antiguos la gloria de haber sido primeros , y que no tuviera Córdova que envidiarle á Mantua. A Quevedo le representa con unas tejuelas picariles , indigna censura del hombre mas serio que tuvo ni aun tendrá la nación. ¿ Por ventura, Don Francisco Quevedo no escribió versos superiores en todos asuntos con la misma agudeza , elegancia y dul- zura? Tambieii dicta, que las hojas del Qtievedo son co- mo las del tabaco , de mas vicio que provecho. Injusta sen- tencia , y que merece entregar al fuego el libro donde se. comprehende. ¿ Quién dictó verdades' mas sólidas y christianas? ¿Quién hizo discursos mas piadosos ? ¿Quién trabajó con mas atención á la utilidad de los lectores? Su Pólitica de Dios enseña las máximas que debe ob- servar un Príncipe christiano , conformándose con las acciones de Christo y los avisos de su Evangelio. ¿ Quién* divulgó política mas virtuosa , calificada , importante y
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pura? fil tratado de la inmortalidad está lleno de altí- simas consideraciones y devotos discursos , y no solo se encamina á contener las impiedades del Ateísmo , si- no á enfrenar la libertad de aquellos , que siendo chris- tianos, así se conducen como si fueran Ateístas. El mis- mo fin tiene su tratado de la Providencia de Dios. ¿Qué hojas serán útiles , -si son vicio^^as ac^uellas en que es- tampó los. trabajos de Job? La Doctrina para morir, la Cuna y la Sepultura , la Vida de San Pablo , la de San- to Tomas de Villanueva, el Rómulo, el Marco Bruto, las quatro Fantasmas , aun las que parecen traen mé- nos údlidad , como son las que llaman jocosas , son de gran provecho , y se ordenan á la reformación de las costumbres. Condena también la prosa de Florentino,
' siendo al juicio de muchos inimitable. No dexa de ha- cer burla del divino Camoes , quando en sus Lusiadas está imitanvlo al Virgilio tan dichosamente. De Vilia- mediana dice , que se daba á entender latinizando. Es- te juicio pierde por general ; no hay duda que en al- gunas obras este gran Poeta se dexó llevar del deseo de enriquecer la lengua con voces latinaSs españoli- zadas ; pero en otras muchas se sirve de las expre- siones castellanas mas puras y genuinas. En Cáncer acu- sa los equívocos , puesto que en este género de agu- deza , si no fue único, fué particular, y délos espí- ritus mas donosos que produxo el suelo español; álo que se junta , que despreciando esta especie de agudeza nominal , incurre él en ésta y las paranomasias , que si bien sazonan los escritos de un Lírico , no son dignas de la seriedad de una crisis. En fin , ésta es una leve porción de los yerros de su crítica ; si quieres infor- marte con mas exactitud, procura un librito intitula- do Crítica de rejiexhn , y Censura de las censuras , Fan~
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Cnovcrsctckius Finco- jS4édicd$ y Clihrdcas, tasLx Afologétlca y Moral, escrita por el Doctor San- cho Terzón y Muela donde se contienen los errores del Gradan en esta obra , de la que siente el Autor, que condena todas las acciones, introduce malicias en lo que no hay , satiriza los aciertos , persigue las vir- tudes, y aplaude algunos disparates.
La última línea del estante ocupaban varios pa- peles impresos, colocados en buen orden y disposición. Aquí tengo ( dixo el Ermitaño ) muchos de los escri- tos que se han publicado contra el Teatro Crítico Uni- versal ; y es cierto , que habiéndolos pasado con refle- xión , en muy pocos de tanta muchedumbre , encontré que sus Autores se manifestasen á lo ménos instruidos en las reglas de la Gramática Castellana , dexo apar- te los reparos injustos y débilísimos argumentos con que intentaron desacreditar la crítica del Monge , im- pugnando sus sentencias y paradoxás. En aquel tiempo ( le respondí ) se metió á escritor todo salvage , y así saliéron al mundo impresas muchas bestialidades ofen- sivas de los oidos discretos. Apénas habrás hallado en alguno un grano de sal para sazonar el escrito , ni mé- nos una sombra de invención. Los mas de ellos divul- gáron sus réplicas en un estilo mas pesado que el de las peticiones. Algunos Médicos enristráron la pluma para defender su profesión , y saliéron sus obras ayu- nas , flacas y macilentas. El Monge respondió con la carcajada, y fué bastante apología.
