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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 15

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Continuaban en el mismo estante todas las obras del célebre Rennato Descartes , Maestro del nuevo sis-
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tema. Este Escritor , dixo el Venerable Ermitaño , fue hombre de vastísima capacidad , y de talentos exquisi- tos para las especulaciones filosóficas. Su sistema supo- ne el que tuvo Nicolás Copernico sobre el movimiento del Globo Terráqueo , sentencia condenada por oponer- se á muchos textos de las Divinas Escrituras , está pro- hibida esta Opinión como tesis , no como hipótesis. Y así la supone Rennato, según el estilo de las Geome- trías, de la misma suerte que sus tres principios de ma- teria sutil , globulosa y partículas de irregulares figuras. Es cierto (añadí yo) que este Filósofo fué de sublime in- genio , y de profunda meditación. Abrióse puerta para entrar en el palacio de la Filosofía de la naturaleza con la posesión de la Matesis , conocimiento tan necesario pa- ra averiguar la causa y raiz de los fenómenos naturales, . y la disposición del Universo , que sin ella no se puede dar un paso en el estudio de las ciencias físicas. Por eso Platón no permitía que entrasen á oirle los ignorantes de la Geometría. Bien que en las escuelas del Peripa- tético se desprecia injustamente esta enseñanza. Fué el primero y de los primeros que convirtiéron la atención y cuidado á especular las causas , propiedades y leyes de la Lición ó movimiento local , cuya consideración y es- tudio se requiere tanto para entender las obras y ma- gisterio de la naturaleza , que forzosamente se ha de seguir de su omisión la ignorancia de toda la Filoló- gia ; pues todas las operaciones naturales se celebran in- terviniendo el movimiento local ; de suerte que es ne- cesario , que ignorando éste , se ignore también la natu- raleza , como afirma Aristóteles , que la difinió por ser principio de movimiento y de quietud ; y es cosa ad- mirable , que después de encargar el Prínci^>e del Pe- ripato la consideración del movimiento para la pene- tra-
ConzK'rsadonés Físico- Médicas y CMmicas, \y tracion de las materias físicas , y el conocimiento de los ciierpxDs sensibles y sus acciones , miren los Peripa- téticos con tanta negligencia este punto , que solo tra- tan de la constitución del movimiento debaxo de abs- tracciones metafísicas , sin acordarse de sus propieda- des , sus causas , sus diferencias , ni de las leyes de su propagación : de tal manera , que es lo mismo hablarles de las líneas de dirección , reflexión y refracción , que hablarles, en vascuence á los Gallegos. Rennato Des- cartes trató de este asunto , no con discursos ideales, sino con muchas experiencias , bien que no con la feli^ cidad de otros , pues cayó de algunos yerros que no pudo disimular , aun siendo su apasionado el Padre Ma- lebranche.' La célebre opinión de la insensibilidad de los brutos , que abrazó Rennato , confíesan los Nacio- nales extrangeros que la debió á nuestro insigne Gómez Pereira , aunque explica el principio de las varias ac- ciones de los irracionales por otro rumbo que nuestro Español ; esto solo convence , que siguiéndole en la substancia del acierto , le distingue en el modo. Mu- chos de los pensamientos , que han parecido en las obras de este Filósofo extraordinarios y muy nuevos, han sido opiniones concebidas en los siglos pasados, como demuestra el erudito Prelado Pedro Daniel Hue- cio en el libro que intituló Censura de la Filosofía Car- tesiana. Anduvo Rennato muy desalumbrado escribien- do sobre el sistema eucarístico ; y la conclusión suya, que afirma quedar después de la consagración las su- perficies del pan y del vino , ó unas substancias te- nues y sutiles , que se contenían en sus porosidades, no está léjos del error de los Empanadores ó Panistas , y la impugna vigorosamente el Padre Manuel Maignan. Con todo esto ( dixo el Ermitaño ) han dado mas Part. IL c lu-
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luces Carteslo Renault , Purchol , Antonio Legra nd y Francisco Baile , para el conocimiento de las cosas físicas , que todos quantos siguiéron hasta ahora el Peripato.
Poco mas -allá de las obras de Cartesio se descu- brían las obras físicas , matemáticas y teológicas del • sapientísimo Maignan , y de su ilustre discípulo Sa- güens. Estos dos Autores son los que han tratado me- jor la filosofía de los átomos. Los argumentos con que impugnan la educción de las formas substancia- les peripatéticas , y con que prueban la existencia de los mismos físicos , como materia primera y princi- pios elementales de los cuerpos , son efícaces demos- trativamente. Contra su sistema eucarístico han escrito algunos , pero no han opuesto cosa que no haya des- atado con evidencia , primero el sapientísimo Maig- nan , y después su famoso discípulo. Es verdad ( res- pondió el Ermitaño ) , y es lo mas considerable , que las objeciones que hace contra el modo de explicar dicho sistema , según la opinión de las formas acci- dentales aristótelicas , no tienen respuesta.
Eran los últimos libros que componían esta línea primera los ejue escribió el celebrado Bacon de Ve- rulamio. Este Autor , dixo el Ermitaño, fue el Filó- sofo mas juicioso , serio y profundo , que ha habi- do desde que la razón de los hombres se movió á las averiguaciones del órden del universo , y a la com- posición de los entes. Su nuevo órgano de las ciencias vale mas que quanto escribieron Aristóteles , Epicuro y Demócrito. El es la verdadera Lógica , y el legítimo instrumento de saber , porque si se puede saber alguna cosa , es por su medio de la fílosofia inductiva.
La segunda línea ocupaban algunos libros fisico-
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Conversaciones Físico-Médicas y Chimicas. 1 9 chimlcos , y entre ellos el curso de Lemeri , las obras de Fabro , el Rosario Magno de Amoldo de Villa- Nova , Ricardo Inglés, el Conde Bernardo Travisino, Raymundo Lulio, y el tratado del arte (de la Alchimia ó Crysopeya, compuesto por iEireneo Philaleta, Cos- mopolita , filósofo adepto de la piedra filosofal , se- gún dicen. Este es ( dixe yo ) el que ha hablado con mas claridad de quantos yo he' visto , pues ordinaria- mente afectan todos en sus escritos una' obscuridad impenetrable : tradúxole poco ha del latin al castella- no D. Francisco de Texeda , hombre de mucho estu- dio , de largas experiencias , y muy aplicado al horno chímico. Salió al público baxo del nombre de Theo- philo , y añadió á la traducción de él Philaleta varias qüestiones , que real y fisicamente convencen con mu- chos raciocinios y experimentos la transmutación de Jos metales y la posibilidad de la Crysopeya : y es cierto que con la experiencia de la conversión del hierro en cobre por medio de la piedra lipis ó vitrio- lo azul , prueba la posibilidad de la transmutación me- tálica : y aunque algunos quieren decir que la que se observa en el caso que él propone , y yo he visto repetidas veces , no es conversión , sino precipitación; ésta es una fuga , que solo con leer al dicho Autor se impide ; y aun creo que está escribiendo una erudi- ta disertación sobre el mismo asunto , en que con mu- chas razones y experimentos propios , no dexa que dudar sobre la verdad de aquel metamorfosis. Un Crí- tico intentó desatar sus argumentaciones ; pero el di- cho Filósofoescribió un discurso en confirmación de lo t]ue habia divulgado , al qual no halló el Crítico que responder. El tratado del análisis del arte de la Al- chímia , para norte de sus aficionados y alumnos , lo
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dictó con claridad , buena intención y christiano des- iriteies , descubriendo en cada línea el ánimo de des- engañar á todos los que fueren afectos á este linage de operaciones ; y no sé que haya obra sobre este sugeto escrita con tanto candor y .claridad. Añade á todo esto una Mantista Metalúrgica, donde clara y evi- dentemente demuestra el modo de celebrar los ensayes por fuego y por azoge ; y este tratado es muy pro- vechoso para el beneficio de las minas. Yo he leido dias. ha (respondió el Ermitaño) el escrito del Phi- laleta , pero aun no he llegado á ver las ilustraciones de este Autor ; y me alegrara de verlas. También tie- nes aquí ( añadí yo) el Teátro Chímico , que entre las obras de otros Autores comprehende los secretos de la Alchímia , que se atribuyen al Doctor Angélico Santo Tomas de Aquino , y el perfecto Maestro , que se Je' aplica al Príncipe de los Peripatéticos ; pero .muciios juzgan que no fuéron estos dos sabios los Autores de estos escritos , los quales , y la Economía Mineral de Juan de Rupescisa me han parecido bien ; en los de- mas no creo palabra , porque tengo experimentados sus embustes con nombre de arcanos. Con gusto te oigo ( dixo el Ermitaño ) porque me das señas de ha- ber leido variamente. También ( le respondí) he sido delirante ( no codicioso , porque jamas alambiqué una y-erba) de estas matei ias ; pero lo que yo he recono- cido, es que son admirables para diveitir y tener em- pleada la fantasía. Cerraba esta segunda línea el Ube- quero , Cortes , Antonio Mizaldo , Alexo Piamontes, Juan Bautista Porta , y otros Maese- Corrales de estos juegos. •
Llenaban la tercera algunos libros de medicina , Jos que compuso Tomas de Sydenan , Jorge Baglivio , el
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Silvio , el Colegio Práctico de Hetmulero , y las obras de Tomas Vvilis. Reparo (dixe al Ermitaño) que no tienes libro alguno de los Sectarios de Galeno; es que todo lo bue- no que los antiguos Galenistas traen, se comprehende en los modernos , y estos escriben muchas observaciones adon- de no llegaron los defensores del quaternion. Entre los antiguos y modernos ( repliqué yo ) percibo otra dife- rencia en los Theoremas , pues á la cabecera del en- fermo los veo conducirse de una misma forma. No obstante (dixo el Ermitaño) la práctica deSydenan,y de Baglivio han corregido muchas aprensiones de los Médicos , que eran perjudiciales á los enfermos. Rema- tábase esta línea con los libros de la Medicina Escép- tica del Doctor Martin. Estos ( dixo el Ermitaño ) quando miré su título , juzgué que contenían algún nue- vo sistema ; pero después de haberlos examinado , so- lo hallé que el empeño del Autor fué probar la in- certidumbre de la Medicina y las varias opiniones que hay sobre las materias físico-médicas. Aquí (le dixe) te falta' uno , que pertenece á esta facultad , que es el Escrutinio Físico Médico-An ató mico del Doctor Gila- bert , uno de los mas sabios y afortunados Médicos de la Corte. En esta, obra conocerlas al Doctor Martin y sus escritos , pues en ella hace ver su Autor las false- dades , los hurtos y contradicciones del señor Escépti- co , y con la ocasión de impugnarlo , vierte muchas doctrinas substanciales , y desata varios fenómenos con ingeniosa conducta y solidez. A lo que el Doctor Gilabert le opone , no le ha respondido hasta ahora , y aunque se derrita el seso , no ha de hallar evasiones ni me- dios para satisfacerle. En el primer capítulo manifíesta Gilabert con muchas autoridades , sólidos raciocinios y exactísimas observaciones el verdadero camino de la
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comunicación del suco nutricio, y allí mismo expone las inconseqüencias del Doctor Martin , que son mu- chas , y las copias literales que hizo de los Médicos de la Sociedad Inglesa , trayendo sus argumentos con el designio de hacerlos pasar por suyos. Con vigorosas razones convence el Doctor Gilabert , que el suco nu- tricio se mezcla con la sangre , que es lo que quiso impugnar el buen Escéptico , abrazando que la quinta esencia del alimento pasa desde el estómago y prime- ras vías al celebro por los nervios , sin hacerle fuerza para volver la espalda á este sistema , que habiéndo- lo antes llevado el doctísimo Glisonio , convencido de la verdad , hizo una retractación solemne de dicha sen- tencia. En este capítulo se encierran muchas noticias anatómicas y varios experimentos dignos de atención. En el capítulo segundo demuestra la existencia y ne- cesidad de ios espíritus , que llaman antm.iles , para el exercicio de las operaciones de la máquina corpórea, lo que contradice Martin en uno de estos tomos de su Escéptica , sintiendo no ser necesario para las fun- ciones de la sensación y el movimiento , y bastar la vibración de las fibras nérveas sucesivamente propaga- da ; sin advertir que para que en una fibra , tocada en una extremidad , se comunique el movimiento ó la vibración hasta la otra , son necesarias las condiciones de conveniente y proporcionada rigidez , y tensión de que esté independiente y que tenga rectitud ; lo que no sucede á las libras nérveas , como sucede en las cuer- das del instrumento músico , de cuyo exemplar se so- corre el Doctor Martin para referir al mecanismo los movimientos y sensaciones. Lo mejor es , que cita por su sentir á Manget ; y éste asienta á la contradictoria, y las palabras que refiere Manget, como de Martin Lister,
Conversaciones Físico- Médicas y CJnmicas, 23 las refiere Martin como de Monget. Pero lo que me- rece consideración y alabanza , es el último capítulo de dicho escrutinio , en que su Autor trata de las cau- sas de la digestión , y refuta el sistema de los tritu- rantes , que afirmó Martin , á quien hace ver el peli- groso consiguiente que abraza sobre el uso de los alh mentos de Quaresma. No se puede desear cosa tan bien escrita sobre este argumento. Remítemelo luego que llegues á la Corte (me dixo el Ermitaño) que gus- taré mucho de leer un libro tan doctrinal :* yo te lo prometo ( respondí ) y pasamos á la quarta línea.
Descubrí en esta línea las obras filosóficas y ma- temáticas del sapientísimo Padre Tosca , y la fisica del señor Palanco y de otros varios Aristotélicos , y vien- do el Ermitaño que reparaba yo en aquellas obras, me dixo : la primera filosofia qué aprendí , siendo á un tiempo maestro y discípulo , fué la que exponen Jos Peripatéticos , y después de haberme llenado el ce- lebro de precisiones , ideas y formalidades , me hallé tan en ayunas de la naturaleza , como qnando salí á ver esta gran^ máquina del m.undo. No pude adquirir conocimiento que me distinguiese del rústico , con que persuadido de mi ignorancia , me dediqué al estudio de estos libros , que compuso el Padre Tosca , y empecé allí a ilustrarme , y á sentirme distinto en el modo de aprender las cosas. Muchos dias ha que en España no se ven escritos de tal utilidad , y ellos solo bastan á formar un fisico. Yo también soy muy aficionado á" su método , claridad , estilo y eficacia.
En la quinta línea vi al gran Don Francisco de Quevedo en sus seis tomos , con el a'ñadido de la in- mortalidad del alma , providencia de Dios y los tra- bajos de Job , que dicen , que lo dexó escrito. Poca
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fe tengo con las obras posthumas, pues hoy corren por España mas de dos tomos que se intitulan posthumos, y los mas de sus pliegos son mios , y en esto no me puedo engañar , pues lo hice yo. Pero el último tomo, que trata de la inmortalidad del alma y de lo demas, trae consigo un carácter de piedad y doctrina , en que publica su Autor lo sublime de los pensamientos , lo grave de las sentencias , lo profundo de las consideracio- nes , lo hermoso de las frases , y lo casto de las pala- bras ; y todas están testiñeándose , que dicha obra no pudo concederse en espíritu ménos alto , que el de Don Francisco de Quevedo. En la Política de Dios y Go- bierno de Christo escribió con pluma tan delicadamen- te juiciosa , que puede este libro ponerse al lado de las mas excelentes obras de los Padres Griegos y La- ‘ tinos. Este fué el Varón de los siglos ! ¡Con qué des- engaño escribe ! ¡Con qué claridad ! ¡Con qué elegancia habla en todo ! Parece profesor de todas las ciencias y artes , y ladrón casero en las facultades y oficios. En los asuntos místicos del tomo segundo está vaciado y limado quanto han escrito los Santos Padres. No es fasti- dioso el consejo en sus obras , ni desabrida, la correc- ción , ni pesada la advertencia. En sus chanzas , ¡qué dis- cretas , agradables , ingeniosas y festivas se perciben las moralidades 1 Con quanto gusto se coge la enseñanza. Este fue hombre ; los demás lo fuéron y lo son , pero no tan grandes hombres. Por bueno fué ajado , por prodigioso temido, por sabio padeció los disparates délos necios ; pero lo hizo tan feliz su filosofía , y estoicismo, que aun conspirando toda la ignorancia , miedo , emu- lación y poca piedad de sus contrarios á destruirle su contento y tranquilidad Interior , no pudo conseguir triunfo alguno de su paciencia : y fué el motivo , que