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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 14

Section 14

Conversaciones Físico- Medicas y Chhnicas» 7
te retiro? Yo (respondí), que soy un pobre mozo , y un honrado pasagero , á quien la flaqueza de una ma- la, muía le dexó á pie en la medrosa y dilatada lla- nura de esos campos , y ha mas de:tres horas que ca- mino mojado , sorbido en sudor , y enterrado en lo- do , sin luz y sin guia , y tan ignorante de estos oteros, que ésta es la vez primera que los piso ; y pues Dios me ha deparado tan santa posada , abrame vuestra cari- dad , ya que vengo partido , y concédame que bese por esta noche el* santo suelo de esta Ermita. Yo siento en el alma la perdición de V. md. y las calamidades y desconveniencias que ha padecido en su jornada ( res- pondió el Ermitaño ) ; pero si no me da mas señas que las que comunica , no abriré estas puertas , porque no ha dos meses que llegó á estos umbrales un hombre de relajadas costumbres , robador público en esos ca- minos, y cubriéndose con la capa de la pobreza y el desamparo , llamó á estas puertas , y -franqueándo- selas mi sencillez, saqueó el Templo ,y' maltrató con obras y palabras mi persona. Sino es que; le diga mi nombre (respondí) no puedo dar otras señales, y aun éste creo que también me lo ha borrado el turbión y tizne del cieno en que me refregó la maldita mu- la. Yo m^ llamo Diego de Torres , vivo en Madrid, y soy el que hago los kalendarios. Por la última se- iáa me conoció , y prontamente , con demostraciones de regocijo , abrió la puerta, y enlazándose.en mis lo- mos , me significó con dulcísimas voces y estrechos abrazos su cariño y su conocimiento. Yo, temiendo que ne desmoronase, le dixe : quedo , hermano mió, no me tuerza tanto , que si me escurre el cuerpo nos* po- dremos ahogar los dos. Desasido de sus brazos le miraba con zeloso cuidado al rostro , y le pregunté muchas ve- ces
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ces ¿quién eres, Angel ó Ermitaño ? Y él sin declarar- me el nombre me dixo : entra á dentro , que aunque en tus destinos no te has vuelto d acordar de mí , no dexarás de conocerme, aunque ya desfigurado el sem- blante que viste muchas veces. Entramos hasta la co- cina , y con cariñosa paciencia me ayudó á desnudar, y yo entretanto me estaba informando de la fisono- mía , y aunque no eran á mis ojos extrañas sus faccio- nes, no me acordaba especialmente -de aquel sugeto.
Éra el Ermitaño muy religioso de semblante , los ojos clirlstianamente alegres , la barba espesa , de buen color, y poblada con orden , la cabeza á medio mon- dar , brotaba á pelotones algunas guedejas mal creci- das , pero nada desapacibles dios ojos; su rostro aca- riciaba con los movimientos , y repartía agasajos , ca- riños y gitótos con las miraduras , porque rebosaba con- formidad , alegría y sana intención con los descuidos^ las acciones y las sencilleces. Manejaba con desaten- dido donayrc la bella distribución de sus miembros, sin afectar embustes , ni persuadir mortificaciones ni gra- vedades, como los mas de su profesión , que embebi- dos en los sacos se van columpiando en los cintos con tal disgusto y resentimiento, como si fueran rodeados de cardas y cilicios. Miraba yo á mi Angel Ermitaño, y no quería el conocimiento darme puntual informe de aquel rostro , que la memoria me representaba con al- guna confusión. No permitió su amistad tener mas sus- penso á mi juicio , ni tan trabajoso al recuerdo , y di- xo : Yo soy Pedro de N. Declararme su nombre, y volver., á ahorcarme de su cuello , fue todo uno ; y sin apartar an! boca de sus mexiílas , estuve un gran ra- to, significándole mi cariño y mi contento. Ya. á esta sazón había sojtado mi mojada ropa , la- que colgó de
unas
Conversaciones Físico- Médicas y Chimicas. • 9 unas estacas de la cocina , y yo me vestí un ropon vie- jo del Ermitaño , que le servia de remudo en lances como éste. Dispuso , con zeloso agasajo , de huevos y tocino una mas que mediana tortilla , y poniendo una mesa con ropa pobre , pero limpia , al humiento calor de los tizones, la floreó de buen pan , vino, frutas y una ensalada , y cenamos como dos padres.
Sabrosamente divertido , y comiendo con la sazón mas agradable que he gozado en mi vida , estuve en la mesa con mi gracioso amigo, repasando memorias de las varias travesuras , risueños juguetes , y festivos casos que á uno y á otro nos acometiéron en las dos Universidades de Letras y Milicia donde habíamos cursado y consumido algunos meses. Sígnense después de los males los alivios , y después de los bienes acos« tumbran venirse las tristezas. ¿ Quién me diría á mí que quando estaba acoceado de la muía en el panta- no , que había de disponerme la fortuna tan buena ce- na , tan dichoso amigo , y tan acomodada ropa , que me vengase de la pasada desnudez del ayuno , y la so- ledad á que me vela destinado ? Gracias á Dios , que sa- be alternarlas desazones y las comodidades , los llantos y las risas , las pesadumbres y los alivios. Después que pacíficamente , y llenos de gozo acabamos á raiz el úl- timo plato, y reimos hasta que se dilatáron las quixadas con la memoria y repetición de nuestras juventudes, hizo la señal de la cruz sobre la mesa , y juntos ala- bamos á Dios , y le dimos gracias por el beneficio de nuestra conservación. Levantó los manteles, y puestos los codos sobre la mesa , até el hilo de la conversa- ción pasada , y le dixe:
Ya que te ^he referido parte de las aventuras que han pasado por mí desde la última vez que nos vi- JParte II, b mos
lo El Ermitaño y Torres.
mos hasta hoy , dime ahora , ¿Qué destino te ha llama- do á esta soledad? ¿Qué ideas sigues en estos desiertos ? Mucho me he alegrado de verte , pero he sentido ver- te engullido en ese saco. Amar la soledad es en^bele- sarse en la melancolía , y entorpecerse en la flema. Los retiros mas son negligencias é ignorancias, que abstrac- ciones. Si aquí eres santo , pierdes el fruto del exem- plo. Si te has di do á lo famoso de los estudios , aquí eres avariento de la ciencia , pues la posees sin la co- municación. -Y en fin, si eres malo, has venido á es- tar solo, y á ser delinqüente sin testigos. Yo no estoy bien contento con esta ropa , que la han vestido mas ladrones , que santos , y mas picaros, que inocentes, y lo tosco del sayal es un capirote para ser exquisita- mente maleados; pues con la capa de la austeridad y mortificación roban en los pueblos breves , y en ios caminos ; y con la cara hermosa de la tablilla se cue- lan hasta las caballerizas , y chamuscan las doncellas, ahúman las casadas, y encienden toda la ) esca del se- xo. Amigo mió, esta mas es libert d de^g.rrada , que recogimiento vergonzoso ; mas es d cia. En medio de las mayores bullas y rumores están los retraimientos; fácil es esconder el espíritu, que és- te es el que hace buenos y malos. Calla tonto , me di- xo con desenfadado gracejo: Has de saber ( prosiguió) que ninguno de esos fines me ha conducido á estas so- ledades , sino el enfado que me ha ocadonado el mun- do, y la natural inclinación de mi temj eiamento. Este retiro para mí es. regalo y poltroreiía. Canséme de los hombres, y quiero vivir conmigo solo , y hablarme^ á todas horas. Por no lidiar con aduladoies, tiamposos, embusteros , avaros , tontos , y otra canalla de que es- tan pobladas las comunidades políticas y escolásticas,
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huiría yo , no solo á estos páramos , sino á Jos últi- mos entresijos de la tierra. Este saco no es pena , es comodidad y ahorro ; en él me envayno , y me en- cuentro vestido á un volver de cabeza , y logro te- ner defendidos igualmente mis miembros con la dis- posición de su corte : la barba la dexo crecer por es- cusarme un martirio cada semana. Como y bebo lo que solo me agradecen los humores ; y con la tranquili- dad de ánimo logro una salud que me hace feliz la vida. Todo el tiempo logro para mí, no me lo hur- tan las agencias , codicias , ni el trato , ya preciso por la civilidad, ya irremediable por la obligación y el exer- cicio. Aquí entretengo los dias con los libros , engaño á los pensamientos con la caza , burlo las pesadum- bres con un instrumentillo músico , que hago sonar mu- chas horas. Espanto á las melancolías con la alegre bu- lla de esas fuentes , y los hermosos objetos de esas flo- res ; y así vivo ocupado , alegre y entretenido. Aquí aguardo la muerte sin zalamerías , suspiros , ni llantos: acuérdome de ella muchas horas , y cada dia la es- pero menos horrible. Con santa sorna , y la señal de la cruz envió á pasear á los apetitos carnales ; las al- teraciones las tengo tan moribundas , que ni el espíri- tu de las visiones las resucita á la pelea. Aquí tengo guardados los ojos de aquellos incentivos de la carne, del adorno , la descompostura , el nuevo estilo de las galas , y el fresco chiste de las voces , donde si me de- leyto , muero eternamente , y si resisto , desazono al animal; con que quitadas de la vista estas pesadum- bres , vivo aquí gozando lo que se llama felicidad na- tural. Mucho me acosa el diablo , porque á cada mo- mento me pinta aquellas filis , y me representa aque- llas cloris , que quando estudiante joven requebraba y
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seguía ; pero como encuentra mi naturaleza sin tanta copia de espíritus , y como los objetos no son mas que pintados , se quedan en ruidos los acometimientos. Dios á cada paso me costea los consuelos , y como yo me ayudo también un poco con la abstinencia , el retiro^ y las varias ocupaciones en que estoy entregado , lo- gro oir los gritos de mas léjos. Amigo, desengáñate, íjue esta comodidad es mas delicada y mas sabrosa que la que os lisongea en las poblaciones. Yo no te acon- sejo que la sigas , sino que obres arreglado á los diez Mandamientos de Dios , y vive después donde quisie- res y como quisieres , que para salvarnos , que ha de ser el ñn de nuestras operaciones , no es necesario ser frayle , ermitaño, marido , soltero , secular, ni eclesiás- tico , en qualquiera destino podemos vivir alegremen- te, y con fruto para el alma^
Éstas noticias solamente te puedo dar de mí , y no porfíes en saber del destino á esta soledad ; y so- lo- te aseguro , que un desengaño fué el que me guió, y el que me mantendrá en ella hasta el fin de mi vi- da ; y te ruego , que á ninguno informes de este sitio, ni de mi persona , porepe ha diez años que me llo- ran la muerte en mi patria , y me importa vivir en- terrado ; y salir ya de este vivo sepulcro ( después de introducirme muchos tropiezos para mi salvación ) se- ria causa y origen de infinitos pleytos y desazones em tre mis familiares , y por ahora mas nos importa á to- dos la fe de mi muerte , que la de mi vida. Aventura es ésta (dlxe) que nos tiene empeñados á referirnos el uno al otro los varios sucesos de nuestra vida ; y así, ofreciendo yo informarte puntualmente de mis aventuras desde la ultima vez que nos vimos en Salamanca , pro- sigue con tus fortunas mientras yo llamo á juicio á mi
me-
Conversaciones Físico- Medicas y Clúmicas, 1 3 memoria. Dexemos eso ( acudió el Ermitaño ) que á nuestras vidas no les faltará Historiador , y pues Dios te ha traido á este pobre alvergue , descanso de tus fatalida- des, recógete, y descansemos. Tomó la luz que nos había alumbrado para cenar, que era un candil, y abrien- do una puerta , nos colamos á una celdita tan estrecha como el recogimiento de un capuchino. Mondó un rin- cón de la pieza de algunas alquitaras , botes, mangas, hor- nillas y otros instrumentos del arte de empobrecer , y sacando un xergon de su cama , y unas sabanas y almo- hadas de un arquetoncillo que guardaba, según me dixo, para quando Dios le enviase una enfermedad , me for- mó en el suelo un sabroso descanso. Tiréme al xergon, y deletreando la salutación angélica , me quedé con sus dulces palabras en la boca gozando de la eternidad.
Hasta que el sol me cruzó la cara con los rayos de sus luces, que se colaron por las rendijas de las ventanas, no dixe esta vida es mia. Abrí los ojos , y ayudé con los brazos al resto de mi llagada humanidad , y mal sen- tado toqué mis mataduras , y ya hablan criado su po- quito de escara. Levanté me en cueros á abrir la ven- tana , y reconocí á mejor luz la mansión , y ciertamen- te que á no conocer yo al Ermitaño , hombre de bue- na vida, caballero , bien criado y sin otro vicio ( quan- do lo traté en el mundo político ) que los ardores y ju- guetes de jóven , hubiera creído que estaba en algún ta- ller de brujas, ó en alguna oficina de hechiceros y su- persticiosos ; porque todo el quarto estaba rebutido de es- tacas , arpilleras, mangas , hornillas y otros trevejos chí- micos. Sintió ruido mi Ermitaño , y entrando su deo- gracias con él , me puso sobre la cama mi ropa muy enjuta, y doblada con aseo, y me dixo : Viste tuca- saca , y dexa ese saco , que ya sobra de cilicio , y en- tre-
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tretanto prevendré el almuerzo. Vestíme , nos desayuna- mos con chocolate pisado y un mendrugo , y salimos á dar gracias al devoto Crucificado. Después de una bre- vísima oración salimos al campo , el sol se manifestaba tan amoroso , que á pesar de los rigores del Febrero hacia agradable y vistosa la situación. Estaba el campo bien vestido de árboles , copioso de fuentes , y muy luxurioso de todos herbages. Extrañé mucho la amenidad en las cercanías de Baraona , porque son sumamente austeras y desnudas sus vecinas circunferencias , y por salir de la du- da pregunté á mi Ermitaño quanto distaba su alvergue de Baraona , á que respondió que seis leguas. Sin duda he sido arrebatado por el encantamiento de alguna bru- ja á este lugar ( acudí yo ) porque es imposible que yo pudiese caminar á pie , mojado , y con el piso tan pe- gajoso tan larga distancia. Gozamos un poco del recreo del campo , y del benigno calor del sol , y agarrán- dome la mano el Ermitaño me dixo : Volvamos otra vez á mi choza , verás ( miéntras se cuece nuestra holla) mi estudio , y hablarémos un rato de mi empleo , tu inclinación y nuestros estudios. Seguíle gustoso, y me entró en una pieza muy recogida , muy blanca , y qua- drada con arte. Las alhajas eran pobres y pocas , pe- ro lo mas famoso que tenia era una copia de libros* colocados en la forma que se sigue:
Librería del Ermitaño , y crisis desapasionada
de sus libros.
XJna de las líneas del quadro que formaban la re- ducida pieza estaba ocupada de un armario de libros, que contenia seis líneas de estantes. Ocupaban los pri- meros espacios los diez cuerpos en folio de Gerónimo
Conversaciones Físico- Médicas y Chhnicas, 1 5 Cardano , insigne Médico Mediolanense. En este Autor leo muchas veces , me dixo mi Ermitaño , porque cier- tamente es el compendio mas vario , mas travieso y eru- dito que ha salido al mundo de las ciencias naturales, y habla de lo ñdco con notable penetración y agudeza; y donde echó todo el resto de su ingenio fué en los tratados de siihtilitate. Mucho le ha rebanado el santo Tribunal de la Inquisición , dixe yo ; y para mi estima- ción pierde mucho el discurso que se eleva , olvidán- dose de los peligros á que expone la Fé Católica , y los miro con alguna ojeriza y miedo, y mas en las pro- fesiones matemáticas , mixtas é imperfectas : y en se- mejantes argumentos están los Autores rebosando poca religión. La Filológica , Lógica y Morales que trasladó en el primer tomo , está escrita con notable claridad y extremada erudición. La Aritmética , Geometría y Música las tiene muy pobres de elementos, y se detie- ne en explicar sistemas poco útiles. En la Astronomía, Astrología y Orinccrítica está muy confuso , y en los preceptos procede con una explicación tenebrosa y ru- da , especialmente para los aprendices.. La Medicina que dictó esta entre los prácticos muy poco recibida, y aunque he conversado mucho con los Médicos , á ninguno le he visto recetar por Cardano: No le faltan parciales y apasionados , pero son mas los que se burlan de la muchedumbre de sus escritos. Lo cierto es, que merece mucha estimación , pues son muy pocos los Escritores . que han dado á luz compendio tan cumplido de las ciencias naturales, como el que está en esos diez to- mos, y á lo ménos la parte de la aplicación ninguno se la puede negar.