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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 13

Section 13

del Doctor Don Diego de Torres, 1 1 r las mentes , iba con mi Doctor sabio y gracioso á ver consolar y medicinar sus enfermos , los que querían darme quanto tenían en sus casas. Agradecí sus bi- zarrías , sus agasajos , y les dexé sus dones y sus alhajas , contentando á mi ambición con la dichosa confianza , y el atentísimo modo con que me reci- biéron. Mucho tendría de vanidad , y quixotada es- te desvío en un hombre de mi regular esfera , pero también era infamia hacer comercio con mis embus- tes y sus sencilleces , no teniendo necesidad ni otro motivo disculpable.
Dcxando contentos á los Médicos y muy dis- traídos de aquel error común , que me capitula de enemigo grosero , y rencoroso de las apreciables ex- periencias de su facultad , y consolados á los enfer- mos , aquietando á unos sus aprehensiones , y reali- dades con remedios dóciles , y persuadiendo á otros que la carestía de los medicamentos era el mas opor- tuno socorro para sus dolencias , pasé á la Coruña en donde me sucedió el aplauso y el honor de aque- llos honradores genios con el mismo alborozo que en Santiago. Desde aquel alegre y bellísimo Puerto de Mar tomé el camino de Castilla por distintos lugares, en los que merecí ser huésped de las primeras personas de distinción , agasajándome en sus casas con las' di* versiones , los regalos y los cariños. En medio de est tar ocupado con los deleytes , las visitas y los con- cursos , no dexaba de escoger algunos ratos para mis tareas. La que me impuse en este viage fue la vida de la J^enerable Madre Gregoria de Santa Teresa^ la qué concluí en el camino con el Almanak de aquel año^ antes de volver á Salamanca , adonde llegué desocu- pado para . proseguir sin extrañas fatigas, las que por
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mi obligación tengo juradas. Cinco meses me detu- ve en este viage , y fué el mas feliz , el mas ven- turoso y acomodado que he tenido en mi vida ; pues sin haber probado la mas leve alteración en la sa- lud ni en el ánimo , salí y entré alegre , vanaglorio- so y dichosamente divertido en mi casa. En la quie- tud de ella cumplí el quarto trozo de mi edad , que es el asunto de esta historia ; y desde este tiempo hasta hoy , que es el día veinte de Mayo del año de mil setecientos» quarenta y tres , no ha pasado por mí aventura ni suceso que sea digno de ponerse en esta relación. Voy manteniendo, gracias á Dios, la vida sin especial congoja , ni mas pesadumbres que las que dan á todos los habitadores de la tierra el mundo , el demonio y la carne. Vivo , y me han dexado vivir desde este término los impertinentes que viven de residenciar las vidas y las obras agenas, quieto y apacible , y ocupado sin reprehensión y sin molestia. Me ayudan á llevar la vida con alguna co- modidad , y descuido la buena condición , y compa- ñía de mis hermanas y mis gentes ) y mil ducados de renta al año : que con ellos y las añadiduras de mis afortunadas majaderías , junto para que descansen mi madre y mis hermanas , ayuden á nuestros mise- rables parientes , y den algunas limosnas á los pobres forasteros de nuestra familia. Vivo muy contento en Salamanca , y con los propósitos de dar los huesos á la tierra donde respiré el primer ambiente , y á la que me dio los primeros frutos de mi conservación. Varias veces me ha acometido la fortuna con las pro- posiciones de bienes mas crecidos y mas honrados que los que gozo ; pero conociendo mi indignidad, y la mala cuenta que habla de volver de sus en-
del 'Doctor Don Diego de Torres. 1 1 3 cargos me he hecho sordo á sus gritos , sus prome- sas y sus esperanzas. Hago todos los años dos ó tres escapatorias á Madrid , sin el menor desperdicio de mí casa : porque en la de la Excelentísima Señora Duquesa de Alva mi Señora , logro su abundantísi- ma mesa , un alojamiento esparcido ,■ poltrón y ri- camente alhajado ; y lo que es mas , la honra de es- tar tan cercano de sus . pies. Por los respectos á esta Excelentísima Señora , me permiten las mas de su carácter y altura la freqüencia en sus estrados , hon- rando á mi abatimiento con afabilísimas piedades. Los Duques , los Condes , los Marqueses , los Minis- tros , y las mas' personas de la sublime , mediana y abatida esfera , me distinguen , me honran y me bus- can , manifestando con sus solicitudes y expresiones, el singular asiento que me dan en su estimación y su memoria. No he tocado ‘puerta en la Corte ni en otro Pueblo que no me la hayan abierto con agasajo y alegría. El que imagine que este modo de explicar las memorables aficciones que debo á las buenas gentes , es ponderación ó mentira absoluta de mi jactancia , véngalo á ver , y le cogerá el mismo espanto que á mí que lo toco. Véngase conmigo el incrédulo pesaroso de mi estimación , y se ahitará de cortesías y buenos semblantes. Lo que mas claramen- te descubre esta relación es’ una vanidad disculpa- ble , y un engreimiento bien acondicionado ; porque sabiendo yo que no merece mi cuna , mi empleo , mi riqueza ni mi ingenio mas expresiones que las que se hacen por christiandad y por costumbre, no dexa de hacerme cosquillas en el amor propio , de que esta casta de general y venerable agasajo se endereza á mi persona , á mi humildad y á mi correspondencia.
Parte L P Tam^
1 1 4 Vida , ascendencia , crianza , é^c.
También creo que me habrá dado tal qual remoque- te cortesano la extravagancia de mi estudio ; pero otros hacen coplas y pronósticos , y los veo abor- recidos y olvidados. Confiesen mis émulos y envi- diosos , que Dios me lo presta , y que yo me ayudo con el respeto y buen modo con que procuro ha- cerme parcial á todo género de gentes : que yo tam- bién confieso que escribo estas excusadas noticias por darles un poco de pesadumbre, y un retazo de mo- tivo para que recaigan sobre mí sus murmuraciones y blasfemias. Guardo con especial veneración , res- peto y confusión mia las cartas , y la corresponden- cia con algunos Cardenales , Arzobispos , Obispos, Duquesas , Duques , Generales de las Religiones , y otros Príncipes y personas de la primera altura y soberanía. Estas son las alhajas y preciosidades que venero especialísimamente , y las que mandaré á mis herederos que muestren y vinculen por única me- moria de. mi felicidad , y para testigos del honor que sabe dar el mundo á los desventurados que procuran vivir con desinterés , abatimiento de sí mismos y res- peto á todos. No me faltan algunos enemigos venia- les y maldicientes de escalera abaxo , aunque ya ten- go pocos y malos ; y siento mucho que se me ha- ya hundido este caudal ; porque á estos tales he de- bido mucha porción de fama , gusto y conveniencia 'que hoy* hace feliz y venturosa mi vida.
Esta es la verdadera historia de ella. Espero en Dios acabar mis dias con la serenidad que estos úl- timos años. Estoy en irme muriendo poco á poco sin matarme por nada. Discurro que ya no me volverán á coger las desgracias ni los acasos memorables ; por- que mi vejez , mis desengaños y mis escarmientos
me
del Doctor Don Diego de Torres. 1 1 5 me tienen retirado de los bullicios , y con el ojo alerta á las asechanzas y los trompicaderos : y si me vuelven á agarrar las persecuciones , consolaréme con la consideración de lo poco durable que será mi des- dicha ; porque la muerte ha de acabar con ella , y ya no puede estar muy léjos. Y en fin , venga lo que Dios quisiere , que todo lo he de procurar sufrir con paciencia , con resignación y con alegría cató- lica , que éste es el modo de adquirir una buena muerte después de esta mala vida.
F I N.
Surtido de Libros que se hnUct en Ict Imprenta y Librería de Don Benito Cano.
Libros en Folio.
Opera Alfonsi de Castro, dos tomos.
Arte de escribir , compuesto por D. Esteban Xlmenez, siguien- do el método y buen gusto de D. Francisco Xavier de San- tiago Palomares, un tomo j y se hallarán también muestras sueltas del mismo Autor^
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La Fílosoíía de Roselli , seis tomos.
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Prelecciones Teológicas , quatro tomos.
Compendio de varias resoluciones de Antonio Gómez.
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Alma victoriosa , un tomo. ‘ '
Las Fábulas de Fedro. ■»
Rudimentos Históricos , tres tomos.
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Reflexiones de Pablo Rissi.
Principios para la Lengua Francesa.
Exercicios de la Madre Agreda.
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Gramática de D. Juan de Yriarte, Bibliotecario que fué de S. M. Estela.
Catecismo de Pouget,tres tomos.
Ordinario de la Misa.
Reflexiones y Máximas Morales.
Oflcios de S. Ambrosio.
Tcllado.
Devota Expositio Missa?.
En Dozavo.
EL ERMITAÑO
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Y TORRES.
AVENTURA CURIOSA,
EN QUE SE TRATA DE LA PIEDRA FILOSOFAL.
PORELDOCTOR - ,
DON DIEGO DE TORRES VILLAROEL,
Del Gremio y Claustro de la Universidad de Salamanca^ y su Catedrático de Matemáticas^ ^ c.
PARTE 11.
Con licencia, en Madrid:
En la Imprenta de Benito Cano,
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3
EL ERMITAÑO Y TORRES.
CONVERSACIONES
FÍSICO-MÉDICAS Y CHÍMICAS.
Vlage verdadero^ y aventura curiosa^ aunque infeliz,
Efii una muía flaca •, como mis propósitos , larga, como mis conveniencias , y escurrida , como mi bolsa, venia yo , á buena cuenta , partido por entero , por- que era tan sorbida de lomos , que se podian tajar plu- mas con el espinazo. Con cada paso de su perezoso movimiento me rociaba el nalgatorio de tarascadas y mordiscones, porque sus huesos mas parecían agudos colmillos, que sarta de la espinal medula. Eh apare- jo , en vez de defenderme de las malditas tenazas de los lomos , menudeaba también pellizcos , coscorrones y pejonazos á mis cogines ; porque estaba tan costro- so y tan empedernido de la sangre de las mataduras, que con cada hilacha me roia las extremidades del hueso sacro. El era de mala xerga , pero entre él y la muía me diéron una buena manta. Caminaba á pis- tos , se movía á puchos , y con cada compás desata- ba un endemoniado acompañamiento de roznaduras, pedorreras , suspiros y regüeldos por arriba y por aba- xo , que me arrancaba las orejas , y me aporreaba las narices. Ni los besos de la albarda , ni los abrazos del acicate la pudiéron meter en carrera, i Pecador he si- do , pero en mi vida anduve en peores pasos 1 En es-
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4 El Ermitaño y Torres,
ta sierra viviente , donde yo mortal me partía , salí desde Zaragoza á la Corte á despertar con mi presen- cia la memoria de algunos amigos , que solo por sueñ '>s se acordaban de Torres ; y una tarde que venia en mi milla repasando '*las campiñas de Baraona , se le an- tojo de repente al Febrero hacer de sus locuras , y antes de morir el sol, vistió luto la tarde, los vien- tos sollozaron , las nubes hicieron pucheros , y toda la esfera sublunar explicaba con desordenadas revolu- ciones y tumultuosos remolinos general sentimient(5 por la moribiinda luz del padre de todas. Sin valerme de las conjeturas de mi profesión , medroso totalmen- te á los sucesos y historias de mis experiencias, cono- cí que todo habia de lloverme á las costillas : y quan- do estaba 'mi temor preguntándole á los ojos por al- gún escondite , para librarme de los porrazos con que me amenazaba el ceño de las nubes , empezó á vomi- tarse la hinchada región , y á verter sobre mí las có- leras que abrigaba en su funesto estómago. Dos ho- ras estuvimos mi muía y yo sirviendo de orinales á los hidrópicos nubarrones , sin haber encontrado un tomillo que nos defendiese de su terrible aguacero. Des- atinado y rabioso buscaba los caminos y veredas extra- viadas , presumiendo que podía tropezar con alguna ca- baña de pastores ó brigada de vandidos , que tragán- dome en su seno , me librase del insufrible chorro de •las nubes , y del furioso fíuxo de los vientos ; pero me hallé burlado de mi solicitud , pues su diligencia me destinó á un pantano tan blandujo, que luego que la muía asentó los pies en su eng uiv)sa superficie , temí que algún infernal espíritu la habia tirado desde su cen- tro por los corvejones, y que ella y yo baxábamos á ser lastimosa iriision de la chusma de satanas.
Ar-
Comer s deiones Fi sico- Medie as ^ Chimicas, 5
Arrollado en lodo , tupido en cieno , y revol- cado entre cascotes y pajas, apalancando á la muía con la pierna que me habia dexado libre , salí á cha- puzo , remando con los costillares , y la cabeza con- tra la pegajosa masa del barranco. Allí se me des- apareció la mitad de la capa, quedáronse escondidos mis zapatos , dexé por las costas el pellejo de las piernas, y finalmente salí medio roto , medio desnudo y me- dio machucado ; y con tantos medios como salí , de- xé en el pantano también mis pocos medios. Murió la milla , se enterró con mis alforjas y mi maleta , y yo quedé viudo de camisas, huérfano de zarahuelles , ex- pósito de cena , y desamparado de toda consolación 'y socorro. Solo , triste é -impaciente de ver que here- daba mi ropa la basura , considerando que otros pa- san en un vuelo los campos de Baraona , y que yo habia de dormir sobre sus terrones , sin mas capa que la del Cielo , me vi en la fatiga de perder la confor- midad. Ultimamente , yo me determiné á seguir una vereda , entregado á los antojos de la perdición , por ver si su ceguedad me conducia á algún cortijo ménos ceñudo que la desapacible soledad de aquellos campos.
Yo caminaba agobiado de la pesadez de mi po- ca ropa , que estaba empapada de las basuras del lo- dazal , y con el movimiento de mis pasos se rozaban las mataduras , que imprimió la maldita candonga en mis ancas , con que volví á ver la muerte al ojo. Pa- rábame á ratos á atisbar si se movian voces de mas- tines , se escuchaban ladridos de Pastores , el bronco sonido de los cencerros , ó alguna seña que me con- solase con la cercanía de alguna choza ú otra rústi- ca habitación , y no percibí ni la leve oleada de un ra millo. Después de haberme golpeado el amargo in- fla-
6 -E/ Ermitaño y Torres,
fluxo de mi destino con todo linage de porrazos y pe- sadumbres , cansado ya de castigarme , me favoreció al cabo de tres horas, mostrándome los trémulos reflexos de una turbada luz , que ardía á .trompicones y sal- picaduras , dando la escasa lumbre de su mecha un apa- cible consuelo al corazón. Enderecé mis pisadas acia sus torcidas , y llegué á descubrir un Santuario bien distante del camino , á la derecha de aquella soledad, donde me dexó , y yo dexé la endemoniada muía. To- qué sus umbrales, y acomodando los ojos á una reji- lla , que en las puertas del humilde Templo habia la- brado el culto sencillo para provechoso deleyte de la devoción , vi que la luz , que fué el San Telmo de mis ceguedades , servia en una lámpara de barro de ve- nerable sacrificio á un devoto Crucificado , milagroso Patrón de aquella Ermita. Chapuzaba sus luces en las sucias aguas del grosero vaso , circulaba á empujo- nes , y se movia á sorbos ; y pareciéndome que si se acababa de ahogar la moribunda llama , nadie me es- cucharía , toqué con algún ímpetu la puerta , acompa- ñando á los golpes con las dulces palabras de herma- no , amigo. Salió á esta sazón á darle el oleo á la des- ahuciada candela , y con él la vida , un Ermitaño de tan famosa presencia y agradable formación de miem- bros , que desde la sombría distancia donde se dexa- ba ver , conducía sabrosas esperanzas al rebelde tor- mento de mis trabajos. Atizó la mecha , y trasladó al vaso el aceyte , que sospechó bastante para que volvie- se á tomar aliento ; puso la alcuza á un cuerno del al- tar ; arrodillóse á los pies del devoto Cruciíixo ; gol- peóse los pechos con dos palmadas , y besando la tierra para levantarse mas , vino derecho á la rejilla , y di- xo. ¿ Quién es quien á estas horas inquieta la paz de es- te