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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Don Diego de Torres Villarroel

Chapter 12

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do de los átomos , de la materia sutil delastriada y globulosa : regañábamos con Aristóteles , y se decia en- tre nosotros que no supo explicar un plienómeno de la naturaleza ; y con la repetición de los disparates de Cartesio , de las presunciones de Regis , y las vanida- des de los que hoy garlan en el mundo con sus libri- llos repletos de rayas , círculos y figuras , los tenia ansiosamente embelesados. Resollaba con los Médicos muchas pataratas astrológicas : disculpaba los embus- tes , astucias y engaños de su facultad , y lo dudoso de sus juicios y recetas ; pero con tal advertencia que no los enojase mi poca fe , y el escarnio con que me quedo contra la credulidad de los que no piensan que hay muerte , y que para todo hay remedio. Echaba mis párrafos de Política , de Aulica , de Guerra y de quanto imaginaba oportuno á la inclinación de los oyentes. Aseguro al que lee , que en mi vida he ha- blado ni tan varia , ni tan disparatadamente como en- tonces; pero .era disculpable mi garrulidad ; porque la precisión de tenerlos gustosos y parciales , hizo al- borotar con demasía á mi natural silencio.
Con este trato humilde , agradable y astuto vivía en aquellos cortos lugares , hasta que cansado de su brevedad me mudé á Coimbra , adonde no pude dete- nerme sino muy poco tiempo , por causa de que aun vivia ( aunque muy viejo y postrado ) el majadero ze- loso que me dio motivo para dexar la vez primera que la pisé aquella hermosísima Ciudad. No obstante este ridículo estorbo , y persuadido á que la mudanza de mi nombre y trage le habrían ya borrado de su memoria los accidentes de mi figura , quise aficionar- me con el trato y la conferencia de algunos de los Doctores de aquella grande por todos modos Uni-
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del Doctor Don Diego de Torres, 103 versídad.’ Bautizado tercera vez con el nombre de Francisco Bermudez , hable de mi verdadero nombre, y persona con varios sugetos de la primera distinción, gobierno y sabiduría de aquella Escuela ; y me signi- ficaron el especial honor que lograrían en que el Doc- tor Don Diego de Torres fuese á servir la Cátedra de Matemáticas que tenían vacante por muchos años por falta de Opositor y pretendiente. Yo les aseguraba que . conocía á Torres , y que estaba olvidándose del mun- do en uno de los lugaras de la raya , obedeciendo al Real Decreto de su Rey que le tenia extrañado de sus Dominios. Prometí que le significaría lo mucho que te- nia que agradecer á sus buenos deseos , manifestando las honradas proposiciones con que procuraban premiar sus fatigas y desvanecer sus desconsuelos. Añadiéron á estas favorables promesas que perdonarían los gas- tos de Ja incorporación del grado , el exámen y exerci- eios , y consultarían al Rey para que sin exemplar au- mentase los salarios de la Cátedra. Antes que pudiese la casualidad ó la malicia descubrir que yo era el Torres que solicitaban , dexé á Coimbra y vine á pa- rar por otro par de semanas á Mirandela ,y á la Torre de Moncorbo ; y de este lugar escribí á los Doctores de la comisión que Don Diego de Torres solo atendía á los cuidados de manifestar al Rey su veneración , su inocencia, y todas las operaciones de fidelísimo vasallo, y que perdería todas las esperanzas y comodidades de honra y de riqueza que le pudiese dar el mundo hasta demostrar su fidelidad , su zelo y su inalterable escla- vitud. Persnadílos en la carta lo agradecido que que- daba á la altísima honra de tan gloriosa Universidad , y otras expresiones muy rendidas , muy reverentes y muy verdaderas. Vago y ocioso de uno en otro pueblo vi- vía
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via yo , esperando en el examen de los Jueces , y en la piedad del Rey la restitución á mi patria ; pero mi ma- la suerte me retardaba los alivios. Muchas veces me vi acometido de los pensamientos de ponerme en Lis- boa , ya agasajado de los deseos de volver á instruir- me en aquella gran Corte , ya incitado de las cartas y las proposiciones con que me llamaron algunos Prínci- pes ; pero conociendo que me exponia á la infamia de ser ingrato, ó á la angustia de hacer imposible la vuel- ta á Castilla , no me determiné á consentir ni á los hon*» rosos llamamientos de los Proceres , ni á los alegres gri- tos de mi curiosidad. Miéntras que yo andaba desocu- pado , sin destino seguro , y lleno de indeliberaciones, ideas , arrepentimientos y propósitos , cumplió Don Juan su reclusión de Üclés ; y habiéndose restituido á Madrid , continuaba con fervor incansable las diligen- cias y oficios de mi libertad y restitución. Escribióme que seria oportuno que alguna de mis hermanas se apa- reciese en la Corte á besar los pies del Rey , y á supli- car á su Real ánimo por mi libertacf , por su alivio y el de mi pobre madre : y en pocos dias se pusiéron des- de Salamanca en el camino de Balsain ( adonde estaba la Corte ) mi hermana Manuela , mi sobrina Josepha de Ariño y mi primo Antonio Villaroel. Encontráron en el Ministro un agrado piadoso , en los grandes sugetos de la Corte una lástima cariñosa , y en los mas igno- rados una inclinación favorable , y una prontitud in- creíble , llena de consuelos , alivios y breves esperan- zas; El puro llanto de mis inconsolables parientes , y • la porfiada asistencia á las puertas del Ministro , y la general misericordia con que todos miraban á mi po- bre hermana y sobrina , me sacáron del tristísimo cau- tiverio al puerto de la felicidad y la ventura. El Emi-
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del Doctor Don Diego de Torres. 105 nentíslmo Señor Cardenal de Molina , mí Señor, de or- den del Rey me volvió mejorada la libertad y la hon- ra en una carta que guardo para mi confusión , mi gratitud y mi seguridad. Volví á mi patria, y en ella me recibiéron muchos con contento , algunos con de- sazón , y los mas con una indiferencia sospechosa y aun fuga reparable ; porque juzgaban que lo desterrado era enfermedad pestilente , y que el odio de los enemigos podía introducirse en sus deseos , esperanzas y conve- niencias. No me admiré , porque éste es un temor co- mún en los espíritus desdichados , y una enfermedad incurable en todo lugar de pretendientes.
Tres años duró la privación de mi libertad ; y aunque tuve en ellos la paciencia y alivios que dexo expresados , también padecí en este intermedio otra conjuración no tan poderosa , pero mas terrible y abo- minable que la que fué causa del destierro. Callaré su naturaleza , los productores y el lugar del delito , por- que la caridad que debo tener con el próximo me es- torba la queja y la noticia. Viven muchos que pudie- ran ofenderse de mi descubrimiento: y no es justo dar que sentir á ninguno , quando no importa á mi opi- nión , ni á mi quietud que se queden en el silencio su arrojo y mi conformidad. Solo puedo decir para mi confusión que el Real Consejo de las Ordenes tomó la providencia de averiguar la torpeza de la acción ; y examinada con muchos testigos , desengaños y papeles, halló al reo oculto , encontró con mi inocencia aho- gada , y fué sobrecogido de una lastimosa compasión de ver los crueles enojos , y facinerosas asechanzas con que daba en aborrecerme la fortuna. Padecí en este tiempo en extremada soledad , con mucha pobre- za y riguroso desabrigo dos enfermedades agudas que
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me asomaron á la boca del sepulcro. Fué la una un soberbio y executivo garrotillo que me agarró bien descuidadamente en una miserable Aldea de Portugal en la casa de un pobre pescador honrado , piadoso y diligente. En el angosto cubierto de su estrecha habi- tación resumida toda á un negro portal y á una coci- na poco ahumada , y sobre un desmembrado xergon, compuesto délos destrozos de sus viejas redes, estu- ve lidiando con las zozobras de tan maligna y traydo- ra enfermedad. Fui en un tomo el Doctor , el Cirujano y el Enfermo ; y quiso la providencia de Dios que en un sitio tan retirado , tan mísero y tan inculto no me faltase la conducente para detener las atrevidas pronti- tudes del afecto. Tenia mi Angel Pescador arrojadas so- bre unos tablones muchas simientes de calabaza y de melón , que reservaba su economía y su industria para sembrar en un pedazo de terreno que tenia arrendado, y una cazuela barrigona de barro zamorano mas que mediada de azúcar ( provisión indispensable en la casa mas pobre de aquel reyno ) y con estas simientes me disponiá unasforchatas medianamente frescas en la gara- piñera del sereno, las que bebia por tarde y por mañana. Dábame en las horas oportunas unos caldos de coles y tocino \ y con aquella golosina y remedio , éstas subs- tancias y seis sangrías que repartí entre los brazos y las piernas , me libré de morir ahorcado entre las gar- ras de tan violento é implacable verdugo. Nunca fui tan agradecido ni tan apasionado á los cortos elemen- tos de la medicina como en esta ocasión : y el haber leido que á esta idea de achaq\ie se ocurre con las sangrías y los refrescos , me sirvió de un notable ali- vio , y una confianza saludable. Para que al lector no le quede confusión alguna en órden al modo , y la
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del Doctor' Don Diego de Torres, i o;r prontitud de cxecutar Lis evacuaciones de sangre , sepa que ha muchos años que llevo en mi bolsillo , y espe- cialmente á los vlages un estuche con herramientas de Cirugía , pluma , tintero , hilo y aguja y otros trastos con que divertir y remendar la vida y el vestido. Fué Ja otra enfermedad una calentura ardiente que me asal- tó en el Convento de San Francisco de Trancoso , en la que fui asistido dichosamente de un Confesor sabio y devoto , y de un Médico necio é ignorante. En este peligro libró con mas ventajas mi conciencia que mi cuerpo , porque en aquella no quedó rastro ni reliquia de escrúpulo , y de mi humanidad aun no he podido ver sacudidas las maldades que dexó en ella , ó plantó de nuevo con sus mal aventuradas zupias y brevages. Después de diferentes recaídas vino á parar en una des- tilación al pecho que i:«e puso en las agonías de una tísica incipiente , y hubiera pasado á la tercera espe- cie á no haber escapado de sus uñas. Desesperado con la asistencia y la ignorancia de este bruto Doctor , de- terminé que un Lego enfermero de la casa me diese un boton de fuego entre tercera y quarta vertebra del es- pinazo , para que abriendo una fuente de este sitio se viniese á este conducto la destilación que corría preci- pitada á los pulmones. Con la esperanza de esta medi- cina , dictada por mi antojo y sin temor á mi flaqueza ni á las Injurias del temporal , me mudé á Ponte de Abad , lugar en donde por la misericordia de Dios no habia Médico ni Boticario. Con la falta de estos dos enemigos , con mucha paciencia y el consuelo de ir palpando las buenas noticias que me daba mi albañal, me vi libre en pocos días de tan rebelde y desespera- da dolencia. Otros trabajos y desdichas sufrí en esta larga y penosa temporada , pero los suavizó mucho
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mi conformidad , y los deleytes que nodexaban de en- contrarme á cada paso ; de modo que iba corriendo mi vida como la del mas dichoso , el mas rico y el mas acompañado , pues para todos vienen las pesadum- bres y los gustos , la salud y la enfermedad , el ocio y el entretenimiento, la miseria y la abundancia ; porque la vida de el mas feliz y el mas desgraciado está llena de sobras y faltas, alteraciones y serenidades , tristezas y alegrías , y con todo se vive hasta la muerte.
Gozando de la quietud de mi casa , de la compañía dulce de mi madre y hermanas , de la conversación de mis amigos , y de las adulaciones de mi tintero y de mi pluma , me estuve un año en Salamanca hasta que con la licencia del Eminentísimo Cardenal de Molina mi Señor vine á Madrid. Aposentóme ( con admiración y susto de los contrarios y honrado gozo de los afectos ) Don Juan de Salazar en su casa ; y con esta acción vol- có muchos juicios , y arruinó mil conjeturas poco fa- • vorables á nuestra amistad y conñanza : corrimos en su coche paseos públicos , visitamos con ancha alegría á nuestros apasionados , con política estrecha á nues- tros enemigos, y con reservada prudencia á los indi- ferentes en las noticias y acciones de nuestros trabajos y sucesos. Nuestra presencia y amistad produxo mu- chos desengaños , desató muchas dudas , y puso res- peto á no pocas jactancias y mentiras. Con esta di- ligencia , y la demostración de la constancia insepara- ble de nuestro caiiiio,se serenaron las inquietudes, y se enterraron todas las ideas y máquinas de los -genios revoltosos , noveleros y desocupados. Pasé con mi ami- go felizmente todo el verano ; y pocos dias ántes de San Lucas me volví á Salamanca á cumplir mis jura- mentos y mis obligaciones j y al año siguiente , que fué
del Doctor Don Diego de Torres, 109 el de 1736, después de finalizadas mis tareas , empecé á satisfacer varios votos , que habia hecho por mi liber- tad y mi vida en el tiempo de mi esclavitud y mis dolencias. Fué el mas penoso el que hice de ir á pie á visitar el Templo del Apóstol Santiago , y fue sin duda el mas indignamente cumplido ; porque las indevotas, vanas y ridiculas circunstancias de mi peregrinación echaron á rodar parte del mérito y valor de la prome- sa. Salí de Salamanca rebentando de peregrino con el bordon , la esclavina y un vestido mas que mediana- mente costoso. Acompañábame Don Agustin de Her- rera , un amigo muy conforme á mi genio , muy seme- jante á mis ideas y muy parcial con mis inclinaciones; el que también venia tan fanfarrón , tan hueco y tan loco como yo , afectando la gallardía , la gentileza , y la pompa del cuerpo y del trage , y descubriendo la vanidad de la cabeza. Detras de nosotros seguían qua- tro criados con quatro caballos del diestro y un ma- cho donde venian los repuestos de la cama y la comida. Atravesamos por Portugal para salir á la Ciudad de Tuy, y en los pueblos de buenas vecindades nos dete- niamos , ya por el motivo de descansar , ya por el gus- to de que mi compañero y mis criados viesen sin pri- sa los lugares de aquel Rey no , que yo tenia mediana- mente repasado. Divertíamos poderosamente las fati- gas del viage en las casas de los Fidalgos , en los Con? ventos de Monjas y en otros lugares donde solo se tra- taba de oir músicas , disponer danzas y amontonar to- da casta de juegos , diversiones y alegrías. Convocá- banse en los lugares del paso y la detención , las mu- geres , los niños , y los hombres á ver el Piscator , y como á Oráculo acudían llenos de fe , y de ignoran- cia á solicitar las respuestas de sus dudas y sus deseos.*
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Las mugares infecundas me preguntaban por su suc- cesión , las solteras por sus bodas , las aborrecidas del marido me pedian remedios para reconciliarlos; y detras de éstas soltaban otras peticiones y pregun- tas raras , necias é increibles. Los hombres me con- sultaban sus achaques , sus escrúpulos , sus pérdidas y sus ganancias. Venian unos á preguntar si los que- rían sus damas , otros á saber la ventura de sus em- pleos y pretensiones ; y finalmente venian todos , y todas á ver como son los hombres que hacen los Pronósticos : porque la sinceridad del vulgo nos creen de otra figura , de otro metal , ó de otro sen- tido que las demas personas : y yo creo que á mí me han imaginado por un engendro mixto de la casta de los diablos y los bruxos. Este viage le ten- go escrito en un Romance que se hallará en el se- gundo tomo de mis Poesías, .y en el extracto de Pronósticos , en el del año de 173 ó. en donde están con mas individualidad referidas las ¡ornadas : aquí solo expreso , que sin duda alguna hubiera vuelto ri- co á Castilla , si hubiese dexado entrar en mi desin- terés un poco de codicia ó un disimulo con manos de aceptación : porque con el motivo de concurrir á la mesa del Ilustrísimo Aszobispo de Santiago el Se- ñor Yermo el Médico de aquel Cabildo Don Tomas de Velasco , hombre de mucha ciencia , mucha gra- cia y honradez , hablaba de mí en todos los con- cursos (claro está que por honrarme) con singularí- simas expresiones de estimación ácia mi persona y mis bachillerías. Agregáronse á su opinión , y su corte- sanía los demas Médicos, y no hubo achacoso , doliente, ni postrado que no solicitase mi visita. Atento, ca- ritativo y espantado de la sencillez y credulidad de