Chapter 10
Section 10
L 2 he-
84 Vida, ascendencia, crianza, Ó^c, hecho toda su lección sobre la tierra , disputando de su redondez , magnitud y estabilidad : y añadí , que le mandase baxar , que yo subiria a leer de repente. Fué locura , soberbia, y fanfarronada de mozo , pero lo hu- biera cumplido. Argüí finalmente á los puntos de su es- tudiada lección : precipitóme la poca consideración de mancebo á soltar algunos equívocos y raterías : y aca- bado el argumento ( porque dixo el Opositor que se daba por concluido) sonaron otra vez muchos Vícto- res á mi nombre j’^'y cayeron horrorosos silvos y befas sobre mi desdichado Opositor. La moderación humil- de , y el disimulo prudente y provechoso , que se debe observar en las alabanzas propias , le están regañan- do á mi pluma las soberbias y presuntuosas relaciones de este suceso : la integridad de la obra y la disculpa- ble ambición "a los decentes aplausos me empujan también á descubrir con alguna distinción la multitud de sus mayores circunstancias ; pero pues he determina- do callar algunas , concluiré las que pertenecen á este asunto con mas aceleración y mas miseria. Faltó, pues, el examen de las facultades Matemáticas en el Claustro pleno para hacer cabal la función. Yo sé el motivo de este defectp , y sé también que es importante no decirlo. Votóse®entre setenta y tres Graduados , que tanto era el numero de los Doctores , y tuve en mi fa- vor setenta y uno. Mi Coopositor tuvo un voto , y el otro se encontró arrojado de la caxa. Estaban las Escue- las y las calles vecinas rodeadas de estudiantes gorro- nes , cargados de armas , y esperando con mas impa- ciencia que los pretendientes la resolución de la Uni- versidad ; y luego que la declaró el Secretario , dispa- ráron muchas bocas de fuego, soltaron las campanas de las Parroquias inmediatas , echaron muchos cohetes al
ay-
del Doctor Don Diego de Torres, 8 5
ayre , y me acompañó hasta casa un tropel numero- so de gentes de todas esferas , repitiendo los vivas y los honrados alaridos sin cesar un punto. A la noche siguien- te salió á caballo un esquadron de estudiantes , hijos de Salamanca , iluminando con hachones de cera y otras luces un targeton , en que iba escrito con letras de oro sobre campo azul mi nombre , mi apellido , mi patria y el nuevo título de Catedrático. Pusieron luminarias los vecinos mas miserables ; y en los miradores de las Monjas no faltaron las luces , los pañuelos , ni la voce- ría. Alternaban músicas y víctores por todos los bar*- rios , y pareció la noche un dia de juicio. Este fué todo el suceso : y todo este clamor , aplauso, honra y grir- tería hizo Salamanca por la gran novedad de ver ien sus Escuelas un Maestro rudo , loco , ridiculamente in- fame , de extraordinario genio y de costumbres sospe- chosas. Cada hora se escuchan en aquellas Aulas doc- tísimas lecciones y admirables proyectos de Escolares prudentes, ingeniosos y'aplaudidos ; y cada dia se ven empleados en las Cátedras , Obispados y Garnachas excelentes sugetos , de singular virtud , ciencia y con- ducta , y con ninguno ha hecho semejantes , ni tan re- petidas aclamaciones. Averigüen otros la razón .0 deslumbramiento de este vulgo miéntras yo le doy con esta memoria nuevas gracias, y me quedo con singulares gratitudes.
Mas dócil , mas erguido y mas sesudo que lo que yo esperaba de mi cabeza empecé la nueva vida de Maestro , enseñando con quietud , cariño y seriedad á una gran porción de oyentes que se arrimáron á " mi Cátedra los primeros cursos, c]uizá presumiendo ' que entre las lecciones Matemáticas había de revolver algunas coplas ó ingeniosidades del chocarrero espíritu 1 ■ que
/
86 Vida, ascendencia , crianza , que todos han presumido en mi humor, gobernándo- se por las violentas y burlonas majaderías de mis pa- peles. Fuese por esta causa, ó por la de probar los fun- damentos y principios en que estriba un estudio tan misterioso , temido y olvidado , yo logré ver muchas veces lleno de curiosos á mi General en la hora que explicaba. Los cosarios á escribir la materia siempre fue- ron pocos ; pero en el numero de entrantes y salientes puedo contar á todos los mancebos que envian sus pa- dres á seguir otras ciencias que dan mas honra y mas dinero , pero ménos descanso y mas peligro. Nunca se oyéron en mi Aula las bufonadas , gritos y. perdiciones del respeto, con que continuamente están aburriendo á los demas Catedráticos los enredadores y mal criados discípulos. A los mios les advertí , que aguantaría todos los postes y preguntas que me quisiesen hacer y dar sobre los argumentos de la tarde; pero que tuviese creido el que ‘se quisiera entrometer á gracioso , que le rompería la cabeza , porque yo no era Catedrático tan prudente y sufrido como mis compañeros. Un salvage ocioso, hombre de treinta años , cursante en Teología y en deshonestidades , me soltó una tarde un equívoco su- cio , y la respuesta que llevó su atrevimiento , fué ti- rarle á los hocicos un compás de bronce (que tenia so- bre el tablón de la Cátedra ) que pesaba tres ó quatro libras. Su fortuna y la mia estuvo en baxar con acele- ración la cabeza , y esta mañosa prisa lo libró de ar- rojar en tierra la meollada. Este disparate puso á los asistentes y mirones en un miedo tan reverencial , que nunca volvió otro alguno á argüirme con gracias. Con- tinuaba sin pesar desacomodado los cursos en mi Uni- versidad, y los veranos y vacaciones huia de las serie- dades de la Escuela, á desenojarme del encogimiento
y
del "Doctor Don Diego de Torres. 87
y tristeza escolástica á Madrid y á Medina-Cell , adon- de me hospedaba con gusto , con regalo y. sin cere- monia mi íntimo amigo Don Juan de Salazar , que ya descansa en paz. Pasaban sin sentir por mí los dias y Jos años , dexándome gustoso , sin desazón , sin acha- ques y entretenido con las muchas diversiones que se me ofrecian en los viages, en la Corte y en la casa de és- te y otros amigos de mi humor , de mi cariño y de todo mi genio. Era Don Juan de Salazar ( que fué el que me arrastraba entonces mas que otro , todo mi cuidado y amor) un caballero discretísimo , sabio, ale- gre y aficionado á la varia lectura , inteligente en los chistes de la Matemática, en los entretenimientos de*, la historia , en las delicadezas de la Filosofía , y en das severidades de la jurisprudencia. Mentaba i caballo con arte , con garbo y seguridad : hacia pocos , pero bue- nos versos : era muy práctico y muy freqüente en la campiña , en el monte y en la selva : mataba un par de perdices , un jabalí y un conejo con donayre ; con destreza y sin fatiga ; y era finalmente , buen 'profe- sor de todas las artes de caballero , de político, de rús- tico y de cortesano. Vivíamos muchas temporadas en una sabrosísima amistad y ocupación ; ya en su libre- ría , epe era varia , escogida y abundante ; ya en el monte en el dulce cansancio de la caza , y en el es- trado de su mugerDcña Joachína de Morales, mi se- ñora , donde sonaban los versos , la conversación , los instriim-entos músicos , y toda variedad de gracias y ale- grías. Representábanse entre nosotros, los familiares y vecinos , diferentes comedias y piezas cómicas (que algunas están en mi segundo tomó de Poesía^) en los dias señalados por alguna celebridad Eclesiástica , po- lítica ó de nuestra elección. Escribía también , ya en los
ra-
8 8 Vida , ascendencia , crianza , ratos que le sobraban á mis deleytes , ya por las po- sadas , por huir siempre del ocio , por burlarme del mundo y por juntar moneda» los papelillos que hoy se van cosiendo en tomos grandes. De las sátiras que arrojaban contra ellos y contra mí , hacia también divertimiento , risa y chanzoneta. Burlábame de ver sus autores cargados de envidia y de laceria, mas que de razón , intentando quitarme el sosiego , la libertad , el aplauso. Alegrábanle mucho siempre que me soltaban algunos papelones maldicientes , porque al instante se seguia la mayor venta de mis' papeles , y el especial regocijo ‘de ver sus autores encorajados é iracundos contra un mozo picaron , que se le daba un ardite de toda Constantinopla.
•Lleno de risa y de desprecio contra la necedad de estos 'furiosos y provocativos salvages, rodeado de los requiebros de los aficionados á mis boberías , embebido en la‘-variedad de gustos y festejos, con bastantes abun- dancias de fortuna , y sin conocer la cara al sinsabor, al mal , ni al quebranto , viví cinco años , que fue- ron los intermedios desde que entré en la Cátedra, has- ta que recibí el grado de Doctor. Detúveme en propor- cionarme á tan honroso empleo , por estar mas des- atado para mis aventaras, porque consideraba como es- torbo impertinente á mis correrías la sujeción á los Cláustros, á las fiestas , á las conclusiones y otros en- cargos de este apreciabilísimo carácter. Medroso á las leyes y estatutos , que mandan despojar de los títulos y rentas de maestro al que no se gradúa en determi- nado tiempo , hube de rendirme á las ordenanzas y al cumplimiento de las obligaciones con bastante dolor de mis altanerías. Tomé el grado el Juéves de Ceniza del año de mil setecientos y treinta y dos, en el que no
del Doctor Don Diego de Torres, ' 8 9
hubo especialidad que sea digna de referirse : solo que el martes antes que lo fué de Carnestolendas , salió á celebrarlo con anticipación festiva el barrio de los Olle- ros , imitando, con una mogiganga en borricos el paseo que por las calles públicas acostumbra hacer la Uni- versidad con los que gradúa de Doctores. Iban re- presentando las facultades , sobrevestidos con variedad de trapajos y colores : llevaban las trompetas y tam- borilillos los Vedeles , Reyes de Armas y Maestros de Ceremonias ; y concluyéron la festividad y la tarde con la corrida de Toros con que se rematan los serios y costosos grados de aquella escuela. Díxose entonces que yo iba también entre los de la mogiganga , disfra- zado con mascarilla , y con una ridicula borla y mu- ceta azul ; pero dexémoslo en duda , que el descubri- miento de esta picardiguela no ha de hacer desmedra- da la historia. Con la circunspección en que me metí, y con la mayor quietud á que me sujeté , empezaron á engordar mis humores , á circular la sangre con mas pereza , á llenarse de cocimientos errados el estómago, y d rebutirse los hipocondrios de impurezas crudas , de tristísimos humos y de negras afecciones. Subiéron á á ser males penosos todas estas indisposiciones desde el dia veinte de Enero del año de treinta y dos , c]ue pasé á las inclementes injurias del ayre y la nieve en el puerto de Guadarrama en los montes que tiene el Conde de Santistevan entre las Navas y Valdemaqueda. Diré brevemente el suceso. Yo perdí el camino : y al anochecer rogué á un Pastor que venia de una de las casas de los guardas de aquel sitio que me pusiese en la calzada real. Recibí erradas las señas ; y después de haber dexado el carril que seguía á la distancia que el Pastor me dixo , entré en otra carretera bastantemente Darte I. ' M tri-
90 Vida , ascendencia i crianza , érc.
trillada y reducida. Caminábamos sumidos en el rebo- zo de la capa mi criado y yo , huyendo el azote del ayre y la nieve , y á corto trecho de mí oigo un grito suyo que dixo : Señor , que me ha tragado la tierra. Re- volvime con prontitud para socorrerle , y al tomar me- dia vuelta sobre la derecha , se hundió mi caballo con un estruendo terrible , y dio conmigo en tierra , lasti- mándome con curable estrago todo un muslo. Salí co- mo pude ; y á pesar de las obscuridades de la noche percibí que habia sacado mi caballo una pierna atra- vesada de unos clavos de hierro , introducidos en dos trancas horrorosas de madera , á quien llaman cepos los cazadores de los lobos. Acudí á mi criado, y lo hallé tendido debaxo de su animal que estaba también cogido en otro cepo. Hice muchas diligencias para ver si podia quitarles las pesadas cormas ; y como en vida habia visto semejante artificio , no encontré con los medios de librar de él á mis caballos. Medrosos de no caer en otras trampas, y desesperados de no poder le- vantar del suelo á nuestros animales , hicimos rancho, expuestos toda la larga noche á los rigores y asperezas del frió y el viento. Con los pedernales de las pisto- las , pólvora y los trapos de una camisa que saqué de mi maleta , encendíamos lumbre ; pero luego se nos volvía á morir con la humedad. En esta tristísima fa- tiga , y con el desconsuelo de no oir ni un silvo , ni un cencerro , ni seña alguna de estar cercanos á algún chozo , majada ó alquería , nos encontró la luz de la mañana , á la que vimos el estrago y pérdida de nues- tros rocinantes. Cargamos con nuestras maletas á pie; y á breve rato dimos con el Lobero : sacó éste los pies de los caballos de los cepos , reconocimos que el uno tenia cortados los músculos , nervios y tendones de la
del Doctor Don Diego de Torres* 9 r
pierna , y que el otro solamente los, tenía atravesados. Guiónos 3 la casa de un Guarda llamado ei Calabrés, y' en su chimenea nos reparamos del frío de la noche: ños dio para almozar una gran taza de leche , puso para comer una estupenda olla con navos y tocino, y gracias á Dios pasamos felizmente el dia. Murió el un caballo , y el otro se curó con mucha dificultad en las Navas ; y en dos jacos de alquiler de este lugar pro- seguimos nuestra derrota hasta Avila de los Caballeros: y en la casa del Marques de Villavicíosa acabé de con- valecer de mi tormenta con sus favores , sus regalos y mi conformidad.
Prólogo fué del libro de mis desgracias esta me- lancólica aventura : porque detras de ella se vino paso á paso mi ruidoso destierro , en el que padecí prolixas desconveniencias , irregulares sustos y consideraciones infelices : pero fui al mismo tiempo tan afortunadamen- te dichoso que vi sobre mí una lástima universal de los nacionales y extraños , una aclamación increible, y un amor tan honrado que jamas aspirara á presu- mir. Si yo pudiera poner en esta escritura sin irritar á los actores y testigos que todavía han- quedado en el mundo , las particulares menudencias y circunstancias que estoy deteniendo en mi pluma , creo que seria este pasage el único que pusiese alguna enseñanza , algún gusto y dilatada estimación en esta historia. Yo conoz- co que es importante que esten ocultos los primeros principios , y muchas circunstancias de los medios y los fines de este escandaloso suceso : por lo que determino contentar al lector con instruirle de las verdades mas públicas , para que pueda entretenerse sin el resenti- miento de los fabricantes de mi pasada penalidad. Es cierto que en los libros de las Novelas, ya fingidas , ya
M 2 cer-
9 2 Yida , ascendencia , crianza ,
certificadas , y en los lances cómicos inciertos ó posi- bles , no se encuentra aventura tan prodigiosa ni tan honrada como la que me arrojó á padecer los rigores de un largo y enfadoso destierro. El que quisiere que- dar instruido registre algunos papeles mios que con facilidad se tropiezan en las librerías , y hallará (aun- que revueltos con estudiada confusion)los motivos de mi ignominia y mi desgracia. En las Dedicatorias de mis Almanaques de los años de 34. y 35. hechas á los Ex- celentísimos Señores Marques de Grimaldo, y Don Jo- seph Patiño que aun duran en el libro intitulado : Ex- tracto de Prognósticos de Torres , está patente mi in- nocencia y embozada con los rodeos de una astucia loable , la raiz principal de las conjuraciones que labrá- ron mis desconsuelos y desdichas. En dos membretes impresos en Bayona de Francia , el uno dictado por Don Juan de Salazar , compañero en la conturbación, en la fatalidad , la fuga y la fatiga , y el otro proferi- do por mí al Rey nuestro Señor, suplicando á su piedad con lastimosos y rendidos ruegos , para que nos oyese su justicia , aparecen también algunas luces de la clara verdad de este suceso. En estos papeles , en la repre- sentación que los Ministros hicieron á su Real Mages- tad , y en la confesión de Don Juan consta solamente, que provocado este Caballero de las injurias de un Clé- rigo poco detenido , se dexó coger de las insolencias de la cólera , y abochornado de sus azufres tiró de la es- pada y abrió con ella en los cascos del provocante un par de roturas de mediana magnitud. Dicen que fue el herido con las manos en la cabeza no á curarse, sino á solicitar la ira de un contrario poderoso , en cuya confianza y valimiento apoyaba su reprehensible te- meridad. Arbitraron ( para prevenir con mas eficacia
