Chapter 1
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VIDA
DEL DOCTOR
DON DIEGO DE TORRES
VILL ARROEL.
VIDA,
ASCENDENCIA , NACIMIENTO, CRIANZA Y AVENTURAS DEL DOCTOR
DON DIEGO DE TORRES
VILLARROEL,
Catedrático de Prima de Matemáticas en la Universidad de Salamanca.
ESCRITA
POR EL MISMO D. DIEGO DE TORRES
Villarroel,
CON LICENCIA: EN MADRID EN r, A Oeicina de Don Benito Cano.
ASo MDCCLXXXIX, i
I
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PRÓLOGO AL LECTOR.
T ú dirás ( como si lo oyera ) luego que agarres en tu mano este papel, que en Torres no es virtud , humildad ni entretenimiento escribir su vida, sino desvergüenza pura , truhanada só- lida , y filosofía insolente de un picaron que - ha hecho negocio en burlarse de sí mismo, y gracia estar haciendo zumba y gresca de todas las gentes del mundo. Y yo diré que tienes razón , como soy christiano. Prorum- pirás también , después de haberlo leido ( si té coge de mal humor ) en decir que no tiene doctrina deley table , novedad sensible, ni lo- cución graciosa , sino muchos disparates , lo- curas y extravagancias , revueltas entre las brutalidades de un idioma cerril, á ratos su- cio , á veces basto , y siempre desabrido y mazorral. Y yo te diré con mucha cachaza, que no hay que hacer ascos ; porque no es mas limpio el que escucho salir de tu boca, y casi 'casi tan hediondo y pestilente el que después de muy fregado y relamido pone tu vanidad en las Imprentas. Puede ser que di- gas ( por meterte á Doctor como acostumbras)
que
que porque se me han acabado las ideas, los apodos y las sátiras , he querido pegar con mis huesos , con los de mis difuntos y con los de mi padre y madre , para que no que- de en este mundo, ni el otro, vivo ni muer- to que no haya baboseado la grosera boca de mi pluma. Y yo te diré que eso es men- 'tira ; porque yo encuentro con las ideas los apodos y los equívocos quando los he menes- ter , sin mas fatiga que menearme un poco los, sesos : y si te parece que te engaño , ar- rímate á mí , que juro ponerte de manera que no te conozca la madre que te parió. Mali- ciarás acaso ( yo lo creo ) que esta inventiva es un solapado arbitrio para poner en el pu- blico mis vanidades , disimuladas con la con- fesión de quatro pecadillos ^ queriendo vender por humildad rendida lo que es una sober- bia refinada. Y no sospechas mal : y yo , si no hago bien , hago á lo menos lo que he visto hacer á los mas devotos , contenidos y remil- gados de conciencia ; y pues yo trago tus hipo- cresías y sus fingimientos : embocaos vosotros ( pese á vuestra alma ) mis artificios , y anden los embustes de mano en mano , que lo demas es irremediable. Dirás últimamente , que por- que no se me olvide ganar dinero he salido
con
con la invención de venderme la vida. Y yo diré que me haga buen provecho : y si te pa- rece mal que yo gane mi vida , ahórcate , que á mí se me da muy poco de la tuya. Mira, hombre , yo te digo la verdad : no te apor- rees ni te mates por lo que no te importa; sosiégate y reconoce que das con un verga li- te , que desde ahora se empieza á reir de las alabanzas que le pones , y de las tachas que le quitas : y ya que murmures , sea blandamen- te , de modo que no te haga mal al pecho ni á los livianos , que primero es tu salud que to- do el mundo. Cuida de tu vida , y dexa que yo lleve y traiga la mia donde se. me an- tojare ; y vamos viviendo sin añadir pesadum- bres excusadas á una vida qile apenas puede con los petardos que sacó de la naturaleza. En las hojas inmediatas , que yo llamo Intro- ducción , pongo los motivos que me diéron la gana y la paciencia de escribir mi vida ; lée- los sin prevenir ántes el enojo , y te pare- cerán si no justos , decentes , y disimula lo de- mas , porque es lo de ménos. Yo sé que ca- da día te bruman otros Escritores con estilos y voces , unas tan malas , y otras tan maldi- tas como las que yo te vendo , y te las en- gulles sin dar una arcada. Conmigo solamente
' guar-
guardas una ojeriza irreconciliable , y juro por mi vida que no tienes razón. Seamos amigos, vida nueva ; dexemos historias viejas , y aplí- cate á esta reciente de un pobreton que ha dexado vivir á todo el mundo , sin meterse en sus obras , pensamientos ni palabras. En este Prólogo no hay mas que advertir : quédate con Dios.
Pdg, I
INTRODUCCION.
]VIl vída^ ni en su vida, ni en su muerte merece mas honras ni mas epitafios, que el olvido y el si- lencio. A mí solo me toca morirme á obscuras, ser un difunto escondido , y un muerto de monton , acinado éntrelos demas, que se desvanecen én los podrideros. A mis gusanos, mis zancarrones y mis cenizas deseo que no me las alboroten , ya que en la vida no me han dexado hueso sano. A la eternidad de mi pena ó de mí gloria no la han de quitar ni poner trozo alguno los recuerdos de los que vivan : con que no rebaxándome infierno, ni añadiéndome bienaventuranza sus conme- moraciones, para nada me importa que se sepa que yo he estado en el mundo. No aspiro á mas memo- rias que á los piadosísimos sufragios que hace la Igle- sia mi madre por toda la comunidad de los finados de su gremio. Cogeráme el torbellino de Responsos del dia dos de Noviembre , como á todo pobre , y me con- solaré con los que me reparta la piedad de Dios. Ha- blo con los antojos de mi esperanza , y la liberalidad de mi deseo. Yo me imagino desde acá ánima del Pur-* gatorio , porque es lo mejor que me puede suceder. La multitud horrible de mis culpas me confunde, me aterra, y me empuja á lo mas hondo del infierno : pe- ro hasta ahora no he caldo en él , ni en la desespera- ción. Por la gracia de Dios espero temporales los cas- tigos ; y confiado en su misericordia , aun me hago las cuentas mas alegres. Su Magestad quiera que es- te último pronóstico me salga cierto , ya que ha per- Parte I. A mi-
2 X^ida , ascendencia , crianza , ^c,
mitido que mienta en quantos tengo derramados por el mundo.
A los Frayles y los Ahorcados (antes y después de calaveras) íes escribe el uso, la devoción ó el en- tretenimiento de los vivientes , las vidas , los milagros y las temeridades. A 'otras castas de hombres vigoro- sos en los vicios ó en las virtudes también les ha- cen la caridad de inmortalizarlos un poco con la re- lación de sus hazañas. A los muertos ni los sube ni los baxa , ni los abulta ni los estrecha la honra o la ignominia , con que los sacan segunda vez á la plaza del mundo los que se entrometen á Historiado- res de sus aventuras ; porque ya no están en estado de merecer , de medrar , ni de arruinarse. Los aplau- sos , las afrentas , las exáltaciones , los contentos y las pesadumbres todas se acaban el dia que se acaba. A los vivos les suele ser lastimosamente perjudicial el ca- careo de sus costumbres ; porque á los buenos los pone la lisonja disimulada en una entonación desvanecida, y en un amor interesado, antojadizo y peligroso. Re- godéanse con los chismes del aplauso , y con las monerías de la vanagloria , y dan con su alma en una soberbia intolerable. Los malos se irritan , se maldi- cen , y tal vez se complacen con la abominación ó las acusaciones de sus locuras. Un requiebro de un adu- lador desvanece al mas humilde. Una advertencia de un bien intencionado encoleriza al menos rebelde. En todo hay peligro : es ciencia dificultosa la de alabar y reprehender. Todos presumen que la saben , y nin- guno la estudia 3 y es raro el que no la practica con satisfacción. '
A los que leen dicen que les puede servir al es- carmiento ó la imitación la noticia de las virtudes,
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del Doctor Don Diego de Torres. 3
ó las atrocidades de los que con ellas fueron famosos en la vida. No niego algún provecho ; pero también des- cubro en su lectura muchos daños , qiiando no lee sus acciones el ansia de imitar las unas , y la buena in- tención de aborrecer las otras , sino el ocio imperti- nente, y la curiosidad mal empleada. Lo que yo sos- pecho es , que si este estilo produce algún interes , lo ' lleva solo el que escribe : porque el muerto y el lec- tor pagan de contado , el uno con los huesos que le desentierran , y el otro con su dinero. Yo no me atreveré á culpar absolutamente esta costumbre que ha sido loable entre las gentes ; pero afirmo , que es pe- ligroso meterse en vidas agenas : y que es difícil des- cribirlas sin lastimarlas. Son muchas las que están llenas de nimiedades, ficciones y mentiras. Rara vez las escribe el desengaño y la sinceridad , sino es la adulación , el Ín- teres y ia ignorancia. Lo mas seguro es ^ no desper- tar á quien duerme. Descansen en paz los difuntos: los vivos vean cómo viven: y vivá cada uno para sí, pues para sí solo muere quando muere.
Las relaciones de los sucesos gloriosos, infelices ó temerarios de infinitos vivientes y difuntos , podrán ser útiles , importantes , y aun precisas. Sean en hora bue- na para todos: pero á mí, por lado ninguno me vie- ne bien , ni vivo, ni muerto, la memoiia de mi vida: ni á los que la hayan de leer les conduce para na- da el examen , ni la ciencia de mis extravagancias y delirios. Ella es tal , que ni por mala ni por buena, ni por justa ni por ancha , puede servir á las imita- ciones , los odios, los cariños , ni las utilidades. Yo soy un mal hombre : pero mis diabluras , ó por co- munes, ó por freqüentes, ni me han hecho abomina- ble, ni exquisitamente reprehensible. Peco como mu-
A z chos,
4 Vida i ascendencia , crianza , ^c.
chos, emboscado y hundido , con miedo y con vergüen- za de los que me atisban. Mirando á mi conciencia soy facineroso ; mirando á los testigos soy regular , pa- sadero y tolerable. Soy pecador solapado y delinqüen- te obscuro , de modo que se sospeche , y no se jure. Tal qual vez soy bueno ; pero no por esto dexo de ser malo. Muchos disparates de marca mayor , y des- conciertos plenarios tengo hechos en esta vida , pero no tan únicos, que no los hayan executado otros infini- tos ántes que yo. Ellos se confunden, se disimulan, y pasan entre los demas. El uso plebeyo los conoce, los hace , y no los extraña ni en mí , ni en otro ; por-, que todos somos unos , y con corta diferencia , tan malos los unos como los otros.
A mi parecer soy medianamente loco , algo libre, y im ,poco burlón; un mucho holgazán, nn si es no es presumido, y un perdulario incorregible: porque siem- pre he conservado un aborrecimiento espantoso á los intereses, honras, apluSos , pretensiones, puestos, cere- monias y zalamerías del mundo. La urgencia de mis ne- cesidades, que han sido grandes y repetidas, jamas me pu- do arrastrar á las antesalas de los poderosos : sus paredes siempre estuviéron quejosas de mi desvio , pero no de mi veneración. Nunca he presentado un memorial , ni me he hallado bueno para Corregidor , para Alcalde, para Cura, ni para otro oficio, por los epe afanan otros tan indispuestos como yo. A este dexamiento (que en mi juicio es mal humor ó filosofía) han llamado so- berbia y rusticidad mis enemigos : puede ser que lo sea; pero- como soy Christiano, que yo no la distingo, ó la equivoco con otros desórdenes. Unas veces me pa- rece genio , y otras altanería desvariada. Lo que ase- guro es, que quando se me ofrece ser humilde, que
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del "Doctor ' Don 'Diego de Torres, ^
es muchas veces al dia , siempre encuentro con las su- misiones, y con el menosprecio de mí mismo, sin el mas leve reparo , ni retiro de mi natural orgullo. Su- jeto con facilidad y con alegría mis dictámenes y sen- timientos á qualquiera parecer. Me escondo de las por- fiadas conferencias , que son freqüentes en las conver- saciones. Busco el asiento mas obscuro y mas distan- te de los que presiden en ellas. Hablo poco , persuadi- do á que mis expresiones, ni pueden entretener , ni enseñar. Finalmente , estoy en los concursos cobarde, callado, con miedo, y sospecha de mis palabras y mis acciones. Si esto es genio , política , negociación ó so- berbia , apúrelo el que va leyendo, que yo no sé mas que confesarlo.
Sobre ninguna de las necedades y delirios de mi libertad , pereza y presunción se puede fundar ni una breve xácara de las que para el regodeo de los pica- ros componen los Poetas tontos , y cantan los cie- gos en los cantones y corrillos. Yo estoy bien segu- ro, que es una culpable majadería poner en crónica las sandeces de un sugeto tan vulgar, tan ruin y tan des- graciado, que por extremo alguno puede servir á la complacencia, al exemplo , ni á la risa. El tiempo que se gasta en escribir y en leer , no se' entretiene , ni se aprovecha , que todo se malogra : y no obstante estas inutilidades y perdiciones estoy determinado á es- cribir los desgraciados pasages que han corrido por mí en todo lo que dexo atras de mi vida. Por lo mismo que ha tardado mi muerte , ya no puede tardar : y quie- ro antes de morirme, desvanecer con mis confesiones y verdades los enredos y las mentiras , que me han abultado los críticos y los embusteros. La pobreza , la mocedad , lo desentonado de mi -aprehensión , lo ri-
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6 'Vida , ascendencia , crianza , Ó^c.
dÍQulo de mi estudio , mis almanaques , mis coplas y mis enemigos me han hecho hombre de novela , un estudiantón extravagante , y un escolar entre brujo y astrólogo , con visos de diablo , y perspectivas de -he- chicero. Los tontos, que pican en eruditos , me sacan y me meten en sus conversaciones : y en los estrados y las cocinas, detras de un aforismo del kalendario, me ingieren una ridicula quixotada , y me pegan un par de aventuras descomunales ; y por mi desgracia y por su gusto ando entre las gentes hecho un mamarracho, cubierto con el sayo que se les antoja , y con los par- ches é hisopadas de sus negras noticias. Paso entre los que me conocen y me ignoran , me abominan y me saludan , por un Guzman de Alfarache , un Gregorio Guadaña y un Lázaro de Tormes : y ni soy éste, ni aquel , ni el otro ; y por vida mia que se ha de sa- ber quién soy. Yo quiero meterme en corro; y ya que qualquiera monigote presumido se toma .de mi mur- muración, murmuremos á medias, que yo lo puedo ha- cer con mas verdad , y con ménos injusticia y escán- dalo que todos. Sígase la conversación, y crea después el mundo á quien quisiere.
No me mueve á confesar en el público mis ver- daderas liviandades el deseo de sosegar los chismes y las parlerías con que anda alborotado mi nombre, y fora- gida mi Opinión : porque mi espíritu no se altera con el ayre de las alabanzas, ni con el ruido de los vi- tuperios. A todo el mundo le dexo garlar y decidir sobre lo que sabe , ó lo que ignora ; sobre mí , ó so- bre quien agarra al vuelo su voluntad, su rabia ó su costumbre. Desde muy niño conocí, que de las gentes no se puede pretender, ni esperar mas justicia, ni mas misericordia, que la que no le haga falta á su amor
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del Doctor Don Diego de Torres. /
propio. En los empeños de poca ó mucha considera- ción cada uno sigue su comodidad y sus ideas. Al que n'ie alaba, no se lo agradezco; porque si me alaba, es porque le conviene á su modestia ó su hipocresía, y a ellas puede pedir las gracias, que yo no debo dar- le. Al que me corrige , le oigo , y lo dexo descabe- zar : rióme mucho de ver como presume de conseje- ro muy repotente y gustoso con sus propias satisíac- ciones. Así me compongo con las gentes , y así he podido llegar con mi vida hasta hoy sin especial con- goja de mi espíritu, y sin mas trabajos que las indis- pensables corrupciones y lamentos , que para el Rey y el Labrador , el Pontífice y el Sacristán tiene la na- turaleza reposados en su misma fábrica y vitalidad.
